El Palacio de las Tullerías ya no era un hogar, sino una jaula de oro donde los depredadores acechaban en cada sombra de terciopelo. La noticia de que el compromiso con Anne Marie se había "pospuesto por motivos de salud real" había corrido como pólvora, desatando una desesperación silenciosa en la mujer que se creía futura Reina. Anne Marie, carente de la astucia política de Madeleine, había optado por el camino más corto y sangriento. No podía esperar a que el Consejo actuara; necesitaba que Jeanne desapareciera. Jeanne caminaba de regreso a sus aposentos tras una breve consulta con el médico de Gerard. La fiebre aún le pesaba en los párpados, nublando sus reflejos habituales. Fue entonces cuando una de las sirvientas nuevas, una mujer de mirada esquiva enviada por Anne Marie, se abala

