Capítulo 60: Caprichos del destino

1282 Words

El estruendo del Gran Salón —la música, las risas, el tintineo de las copas— se apagó de golpe para Henry cuando vio a Jeanne desplomarse. Fue un movimiento fluido y aterrador; la mujer que un segundo antes lo desafiaba con la mirada, se marchitó como una flor bajo una helada súbita. Antes de que Julieth o Gerard pudieran reaccionar, Henry ya se había abierto paso entre la multitud. No fue un acto de un Rey educado; fue el impulso de un hombre que ve arder su único soporte con la realidad. Henry la tomó en brazos antes de que su cuerpo golpeara el mármol, sintiendo la ligereza alarmante de Jeanne y el calor febril que emanaba de su piel. —¡Abran paso! —rugió Henry, y su voz no admitía réplica. Ignoró los gritos de Anne Marie, que lo llamaba con una mezcla de indignación y pánico desde

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