Ariel
Empecé a abrir los ojos lentamente y sentí que alguien estaba sobre mí, tomé unos segundos en recordar y sonreí.
Él durante la noche se fue corriendo hasta que me encontró, me abrazó, puse su cabeza lentamente en mi pecho y agarré su cintura se sentía tan bien tenerlo así, agarrado de la cintura, no era igual que tener a una mujer, era mejor, me sentía más completo con él, cerré los ojos mientras sonreía y disfrutaba el momento.
Después de unos minutos sentí que él se empezó a mover, me hice el dormido, él levantó su cabeza de mi pecho y dé repente se levantó de un salto, dejo un vacío en dónde había estado.
Fue al baño, después de un rato salió.
Le miré la espalda, mientras él sigilosamente sacaba ropa del closet, se volvió y me vio.
—Lo siento no quería despertarte— se veía tan tierno, cómo cuando pillas a un gatito curioseando donde no debe.
—En realidad estaba despierto hace un rato— dije sentándome en la cama.
—Ahh...— dijo bajo la mirada a la ropa que había sacado y la apuntó—Esto... Espero que no te moleste, quería darme una ducha y como no tengo ropa limpia saqué de la tuya.
—No, no me molesta, puedes usarla... Apropósito, ayer se me olvidó decirte algo, Emilia, la chica con la que hablaba ayer es mi secretaria y buena amiga, ella me llamó para avisarme de que encontró una casa muy cerca de la playa para nosotros ¿te apetecería que la fuéramos a ver? si te gusta la compraré para ambos y si no podemos seguir buscando
—Estaría genial— dijo emocionado— entonces me iré a bañar y podemos ir, después de ir a ver la casa debo ir a la fiscalía, quiero hablar con Don Nicolás.
—Esta bien, yo voy a ir a preparar el desayuno mientras te bañas— dije levantándome, el entro al baño, yo fui a hacer el desayuno, prepare panqueques con Nutella berries y café.
Cuando terminé lo serví y lo puse en la mesa unos segundos después apareció el vestido con una de mis playeras blancas y un pantalón de chándal n***o.
—¿Cómo estuvo la ducha?— pregunté sonriendo desde mi puesto en la mesa.
—Estuvo tan relajante— dijo serrando los ojos, movió las cejas— Y como estuvo la cocina?
—Bien, puedo ser muy trabajólico pero también se cocinar y tienes suerte de que cocine para ti, no cualquiera tiene el privilegio de comer mis ricos panqueques— dije orgulloso de mis habilidades en la cocina.
—¿Debería sentirme especial?— preguntó sentándose junto a mi para probar el desayuno.
—Deberías— dije comiendo.
Tomamos un desayuno tranquilo, después de desayunar me bañe y me vestí
Me coloqué unos Jeans azules y una polera blanca con palabras en inglés negras en el centro.
Salí del cuarto y el me estaba esperando sentado en el sofá de la sala.
Me miró de pie a cabeza y se levantó.
—Vamos— dije caminando hacia la puerta.
—Por supuesto— dijo levantándose después de reaccionar.
Siempre tengo ese efecto de embobar a mujeres cuando me ven o uno que otro hombre, pero debo reconocer que me encanta embobar a Azúl su expresión me causa satisfacción y por qué no un poco de ego.
Antes de abrir la puerta, alcé mi mano ante él.
Él se me quedó mirando como "¿Que rayos tiene tu mano?"
—¿Lo recuerdas?— pregunté sonriendo y moviendo la cabeza.
—Oh, cierto, por un momento quise olvidarlo— tomó mi mano y entrelace nuestros dedos.
Se sentía bien, cálido, como si siempre lo hiciéramos y fuera algo normal.
Tomamos el ascensor y salimos del edificio hasta el estacionamiento, le saqué el seguro al auto alquilado y caminé hasta la puerta del copiloto, abrí la puerta para él.
Él me sonrió y musitó un pequeño gracias antes de subirse.
Di la vuelta y me subí a el asiento del conductor.
Salí del estacionamiento y tome la carretera más cercana que no llevara a la casa de la playa que Emilia nos había conseguido para ver.
—Puedo colocar música?— preguntó de repente.
—Claro— contesté.
Unos segundos después teníamos música en el auto.
Él iba cantando canciones en ingles, mientras yo sonreía y lo veía debes en cuando, no lo hacía nada mal.
ווווו×
Llegué a la dirección que anoche me había dado Emilia y aparqué el auto.
—Hemos llegado— dije apagando el motor del auto.
—Que bien, quiero tomar un poco de aire— dijo abriendo la puerta.
—No!— exclamé agarrando su brazo— debes esperar a que abra la puerta por ti, soy tu esposo— fingí estar enojado.
Empezamos a reír.
Bajé del auto, fui hasta su puerta, la abrí para él y tomé su mano.
Caminamos con la manos entrelazados hasta la casa que estaba cerca de donde había aparcado el auto.
Era muy bonita un pequeño patio adelante, pintada de color blanca, el sitio estaba cercado con madera pintada de color n***o, que hacía que combinara, tenía hartas ventanas.
—Woow.... Es de en sueños, lo que siempre te imaginas, una bella casa cerca de la playa, un perro amarillo grande y la persona que amas— dijo Azúl, mirando la casa con una sonrisa, imaginándoselo en la cabeza.
—Si, es verdad, está hermosa, hace que quiera pensar más que solo en mi.
—Entramos?— dijo emocionado.
—Por supuesto— dije.
Entramos y abrimos la puerta de entrada, era tan hermosa por fuera como por dentro.
La sala tan pulcra que no había ni una sola pelusa en el aire.
El fue a la segunda planta, mirando todo maravillado, yo fui revisando la planta de abajo fui hasta la cocina.
Muebles de cocina, cocina americana, horno eléctrico, cocina gas, un horno industrial mediano.
Pasé artos minutos mirando la casa, era perfecta, solo faltaba darle nuestro toque personal.
Siempre que estaba en mi departamento o en alguna mansión de mi propiedad en otro país o en mi mismo país de origen, ver las paredes blancas, pulcras me ponían triste, siempre eh querido tener una familia, un hogar, las paredes llenas de fotos familiares, un cuarto con el toque personal de mi futura pareja y no un solitario, frío cuarto pintado de color n***o.
Creo que por esa razón es que pasaba el menos tiempo posible en mi departamento y me refugiaba en mi trabajo, por la soledad.
A pesar de tener a Rebeca, ella era tan borde conmigo, solo me buscaba para el sexo, dinero para sus compras, galas o eventos, muy pocas veces pasábamos tiempo juntos como pareja.
De repente siento unos pasos corriendo.
—Ariel tengo una mala noticia— dice Azul con cara de pánico.
—¿Qué pasa Azul?¿Tienes algo?— pregunto tocando su hombro.
—No, es solo que fui arriba y me di cuenta de que hay solo una habitación, con una cama— dice afligido
—Ahhh, si es que no le dije a Emilia que lo de nosotros era falso, no quería explicarle la larga historia de como nos robaron y engañaron— dije tranquilo.
—Eso podría explicarlo— dice más calmado.
—¿Y que vamos a hacer?— dijo mirándome.
—¿Eso quiere decir que te gusta como para vivir tal vez por un largo tiempo?
—Ooh eso, debería haber comenzado por ahí, si me encantó, tendrías que ver arriba hay una terraza con vista al mar hay una pequeña sala donde puedes trabajar y yo estudiar y después está la habitación, que tiene un balcón con vista a las montañas, es realmente hermosa, me encantaría que viviéramos aquí.
—Bien, si tú la quieres la compraré, además me parece hermosa y con un espacio razonable en la cocina— dije riendo lo último el también se rio— Espera un momento llamaré a Emilia.
Llamada.
—Aló? Pero jefecito, se digno a llamarme y dígame, ¿Ya probaron la cama?
—Por Dios Emilia, cállate la boca. La quiero comprar.
—Ariel el dueño solo la alquila, no la vende.
—Bueno has tu magia y consigue lo que quiero, arregla los papeles y habla con el contador.
—Claro jefecito, cómo ordene, nos vemos cuando vuelva y me presenté a su Esposo y segundo Jefecito.
Me reí.
—Claro, estaremos en contacto, nos vemos Emi.
—Nos vemos Ari.
Fin de llamada.
—¿Todo bien?— preguntó cuándo me volví.
—Todo excelente, Emi quiere conocerte, está muy feliz de que porfi allá dejado a Rebeca— digo sonriendo.
Él me devuelve la sonrisa.
—Por cómo has hablado de ella siento que nos llevaremos excelente.
—Eso espero...¿Qué te parece si celebramos?— digo moviendo mis cejas.
Frunce el ceño—¿Por qué?.. oh lo siento, claro! Que torpe soy— dice golpeado levemente su cabeza— pero debe ser después de que hable con el Fiscal Nicolás.
—Oh, ahora es mi turno de ser torpe, lo había olvidado por completo, con esto de visitar la casa.
—No te preocupes. ¿Vamos?
—Si.
וווווו×
Estábamos subiendo el ascensor hasta el piso donde estaba la oficina del fiscal Nicolás Petriduo.
Cuando sonó el ascensor avisándonos de que habíamos llegado al piso que queríamos.
Salimos del ascensor y nos soltamos de la mano, era casi el único lugar en donde no podíamos fungir por qué la mayoría de este edificio sabía que todo era un error pero no podían decirlo a la prensa por qué tenían un contrato de silencio que les hizo firmar mi abogado a cada una de las personas que están en este edificio, las únicas personas que yo sepa que saben de nuestra situación aparte de las personas que trabajan en esta fiscalía son mi abogado y.... Creo que en realidad es solo él.
Toqué la puerta de la oficina del Fiscal encargado de nuestro caso.
—Adelante— dijo Nicolás con un aire despreocupado desde adentro de su oficina.
Abrí la puerta, deje que el entrara primero después yo y cerré la puerta con nosotros en el interior.
El fiscal se paró de su silla giratoria detrás del escritorio.
—Buenas tardes siempre es un agrado tenerlos aquí.
—Buenas tardes— saludamos ambos, Azúl continúo— vine por qué quería aclarar algunas dudas.
—Por supuesto— dijo él, apunto los sillones, él sofá y las sillas frente a él— pueden sentarse o como gusten y con calma responderé a sus dudas.
Nicolás se volvió a sentar en su silla giratoria, nosotros volvimos nuestra miradas las ya conocidas posaderas.
Está vez nos sentamos ambos en el sofá de al fondo.
—Bien, cómo ya se abra enterado por la prensa, hemos hecho un trato conveniente— dijo Azúl mirándome y apuntándonos a ambos.
—Si, ya me eh enterado—dijo mirándome fijamente, cuando mi abogado los hizo firmar a todos, mi abogado le explicó todo.
—Bueno, usted dijo que debíamos quedarnos aquí, entonces quiero saber si puedo viajar a Francia, debo hacer trámites para poder terminar mi carrera desde aquí—Terminó de explicar Azúl sin darle tantos detalles del gran trato al que aviamos llegado por mi estupidez de no explicarles lo que pasa en realidad a los periodistas.
En todo caso el no necesitaba explicación alguna, por qué como dije antes lo sabía todo excepto de que está mañana hemos visitado una casa para vivir en esta por unos meses.
—Ya... Claro puede Viajar señor Azúl siempre y cuando sea con la seguridad de volver aquí, ya sabe debe estar atento a lo que va a pasar de ahora en adelante, ha sabe las probabilidades.
—Claro, quien más que nosotros para saber lo duro que puede ser más adelante.
Nos quedamos todos en un silencio un poco incómodo.
—¿Tienes alguna otra duda?— preguntó mirándolo.
—No— dijo poniéndose de pies Azúl a lo cual yo lo seguí— creo que era solo eso, muchas gracias.
—No tiene que agradecer, es parte de mi trabajo aclarar este tipo de cosas— dijo mirándolo muy sonriente al parecer.
Que se cree, cómo le está sonriendo de esa manera, cómo invitándolo a follar si gusta, que odioso, este tipo no me cae muy bien y claro que no estoy celoso es solo que trato de proteger a Azúl el es menor y no sabe tantas cosas como yo que soy más mayor que él.
Pero que rayos de repente me siento con el derecho de protegerlo o cuidarlo para que no le pase nada malo, definitivamente Las Vegas me está haciendo mal.
Salimos de la Fiscalía Central de Las Vegas y tomamos camino de nuevo a la ahora nuestra casa en la playa, no se por que pero eso me hace sonreír mientras manejo.