CAPÍTULO 4

1554 Words
Presente, Planeta Lobo. Clan Nirud. Nirud contempló el magnífico bosque que se extendía delante de él. Los árboles del alcornoque y roble parecían ser los que más abundaban por esa zona. En un claro, a su derecha, tres ciervos pasaban tranquilamente cerca de un río que parecía cruzar el bosque diagonalmente. El canto de muchísimos pájaros llenaba el aire y el olor que desprendía el bosque era el aroma de muchas vidas que vivían en él. Algo moviéndose en el cielo llamó su atención. Una gran ave de presa caía en picado hacia la tierra, justo en cima de una cabra montesa que pasta tranquilamente en la ladera de la montaña más cercana a ellos. —Esto es magnífico, está lleno de caza —murmuró Han contemplando el bosque junto a él. Nirud asintió sin decir palabra, con el cuerpo en tensión, sin apartar su mirada de la lucha a vida o muerte entre el cazador y su presa que se estaba llevando a cabo delante de ellos en la otra montaña. El ave estaba intentando remontar el vuelo con las garras bien clavadas sobre el lomo de la cabra, mientras esta se retorcía de dolor e intentaba escapar. A pocos metros de ellos, la tierra se acababa abruptamente y comenzaba el precipicio. La gran distancia que había hasta el suelo era tan grande que si ambos combatientes caían por él, ninguno sobreviviría. Apretó inconscientemente la mandíbula. Poco a poco, escuchó que el resto de sus lobres alcanzaban la cima. No le hizo falta mirarlos para saber que la belleza y abundancia de comida del lugar los había impresionado como a él. La cabra se resistía al ave con todas sus fuerzas y la lucha de ambos los estaba acercando cada vez más al precipicio. En uno de esos intentos por librarse de las garras del ave, Nirud vio como la cabra tropezaba y caía sobre el cuerpo de su captor. Ambos rodaron ladera abajo sin control y Nirud observó que el ave seguía sin soltar a su presa. Estaba segada por el instinto de la caza y no se daba cuenta que su vida estaba en peligro si no soltaba a la cabra. Desgraciadamente, ninguno pudo detenerse y ambos cayeron al vacío. En ningún momento de la caída el ave aflojó sus garras. Hasta sus oídos llegó el ruido del impacto que hicieron los dos cuerpos al estrellarse contra el suelo, los árboles le impidieron ver el final de la caída. “Estúpida ave” pensó Nirud relajándose al fin. Como depredador no podía evitar sentir afinidad con el resto de cazadores aunque fueran de otra especie y excitarse ante la visión de una cacería, pero no sentía ninguna pena por la muerte de un rival en la caza. Aquel bosque en ese mismo instante se había convertido en el territorio de caza de su nuevo Clan, la muerte de esa ave rival tan solo era otro motivo de felicidad para ellos y de que la suerte les sonreía. —¿Hacia dónde tenemos que ir ahora? —le preguntó Han, sacándolo de sus pensamientos. La mirada de Nirud se fijó a lo lejos, donde las copas de los árboles se unían a la del cielo azul. —Debemos cruzar el bosque, según mi padre, el castillo de nuestros antepasados está a corta distancia de la linde de este, —le contestó —pero antes debemos detenernos aquí esta noche, tenemos que celebrar la fiesta lunar. Los sietes lobres lo miraron como si se hubiera vuelto loco de repente. —¿Cómo vamos a celebrarla si no tenemos ninguna lomu en nuestro Clan, Nirud? —le preguntó Dulfo confuso. —Porque no vamos a celebrar un rito de emparejamiento —les explicó Nirud recorriendo con su mirada al pequeño grupo, que ahora lo miraban confundido sin saber que se proponía hacer su Alfa.—Está noche, quiero que nuestros aullidos sean para la primera Lomu.— —¡Pero eso va contra la ley Nirud, no podemos hacer ese ritual, somos lobres! ¿Y si la primera se enfada y nos castiga?— Protestó Gonsal, segundo hijo del difunto Cuman del Clan n***o y el nuevo Cuman de ese Clan. —Precisamente por eso lo haremos —explicó con calma Nirud al resto de Lobres. —No tenemos ninguna Lomu en nuestro Clan para que realice el ritual por nosotros y es casi imposible que se nos una alguna. Las pocas que hay las tienen cada Clan bien protegidas y emparejadas desde antes de su nacimiento. Por otro lado somos un Clan nuevo, nuestro estatus es el último de los tres clanes que ya hay y no tenemos ninguna estabilidad por ahora, ¿qué lomu arriesgaría su segura vida para venirse a nuestro Clan, sin no tenemos ni siquiera un techo aún donde protegernos del frío o calor?— les preguntó Nirud a sus lobres, que lo miraban ahora con abatimiento al saber que eran ciertas las palabras de su líder. —Ninguna, eso lo sabemos todos. Son criaturas débiles y enfermiza que necesitan muchos cuidados para que no se enfermen y mueran, ninguna de ellas arriesgaría su vida por nosotros —sentenció Nirud. —Lo único que podemos hacer es llamar a la primera lomu con nuestro canto esta noche. Tenemos que hacerle saber nuestra situación y lo desesperado que estamos por encontrar una pareja, tanto como para vernos obligados a realizar el ritual contradiciendo la ley. También debemos transmitirle con cada uno de nuestros aullidos, que somos dignos de tenerlas y que si nos las conceden, la protegeremos con nuestras vidas si hiciera falta. —¿Crees que nos escuchará?— preguntó esperanzado Gudo, el m*****o más joven del pequeño grupo. Nirud fue a contestarle afirmativamente, pero se contuvo antes de hacerlo. Palabras de su padre dichas hace muchos tiempo regresaron a su mente en ese momento. “Nunca mientas a aquellos que creen en ti, si te descubren aunque sea solo una vez, perderás para siempre su confianza.” Nirud miró al grupo para evaluar sus caras y lo que observó en sus expresiones era lo que él había querido ver al terminar su charla anterior, esperanza, pero ahora se temía que esa emoción iba a terminar demasiado pronto. —La verdad es que no lo sé si nos escuchará la primera lomu —nada más decir eso, la esperanza desapareció de la cara de sus lobres, por lo que se apresuró a continuar, —pero lo que si os puedo asegurar es que esta noche aullaremos tan fuerte, que le será muy difícil no oírnos desde allá arriba —dijo señalando el cielo azul lleno de nubes blancas. —Si hace falta, lo haremos toda la noche hasta quedarnos roncos, de esa manera no habrá forma de que no nos escuche.— Nada, sus últimas palabras no habían conseguido devolver al grupo la esperanza que les había visto en sus rostros tan solo unos minutos antes. Gudo y Tares habían apartado su mirada de él y contemplaban el bosque pensativos, Aslan, el m*****o más temperamental del grupo, miraba al cielo con el ceño fruncido, enfadado de antemano por un posible rechazo, Kai, el lobre más alto de todo el Clan n***o, miraba al suelo para evitar mirar a los ojos a su Alfa y que este pudiera leer en ellos sus dudas. Dulfo y Gonsal, los gemelos, se cruzaban las miradas con disimulo, señal de que entre ellos se estaba llevando una muda conversación tan solo entendible por ellos. Por último y buscando su apoyo, Nirud miró a Han, su amigo y más leal compañero de infancia, este lo miraba con confianza y e indudable lealtad. —Pienso aullar tan fuerte que la primera le será difícil dormirse sin escucharnos y ya sabéis lo mal que lo hago —soltó Han al grupo con algo de humor. Los rostros se volvieron para mirarlo entre sorprendidos y alegres. Han jamás había bromeado con respecto a su aullido, era un tabú hablar sobre eso delante de él, por lo que todo el Clan evitaba mencionar su falta de cualidad en ello, que él mismo hiciera una broma sobre su aullido, demostraba cuánto quería animar al grupo y a su Alfa, por lo que todos le agradecieron su gesto animándose. —¡Si Han aulla estoy seguro que la primera nos concederá a nuestras parejas esta noche, aunque sea solo para que él se calle! —exclamó Dulfo riendo, uniéndose a la causa para levantar el ánimo. —¡Si él canta, hasta yo sería capaz de buscar por todo el planeta a una lomu para él!— soltó con una carcajada Gudo el joven. Todos rieron estando de acuerdos con las palabras que se habían dicho, el ánimo del grupo se levantó de nuevo. —Muy bien lobres, bajemos de esta montaña y busquemos el lugar para la celebración de esta noche.— Ordenó Nirud, sintiéndose con gratitud hacia Han por apoyarlo y subir el ánimo al grupo, incluso utilizándose el mismo para ese fin. Sabía lo difícil que había sido para él crecer sin un hermoso aullido y la de humillaciones que había recibido por parte de su padre por ello. Que hubiera utilizado su carencia en beneficio de él, le demostraba cuánto lo quería y confiaba en sus decisiones.
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