Nirud contempló el bosque desde la cima de la montaña. Pronto sería la hora de la comida y Dulfo, el cocinero del grupo, lanzaría su aullido para llamarlos, observó al ver el sol bastante alto en el cielo.
Sus ojos vagaron por las demás montañas cercanas, en busca de un ave en particular, sin encontrar nada. No había rastro de la rapaz que cayó por el precipicio agarrado a su presa. Ahora estaba seguro que no habría sobrevivido a la caída por el precipicio. Sus ojos comenzaron a recorrer otras partes del bosque, buscando alguna señal de alarma que le avisara de algún peligro.
Nada más irse de la tienda donde su pareja estaba siendo curada, se había ido a inspeccionar los alrededores del lugar donde habían acampado temporalmente, no quería que ningún otro animal salvaje del bosque los atacara por sorpresa. Su recorrido lo había llevado de nuevo hasta la cima de la montaña, un lugar de paz y tranquilidad, cosa que le venía faltando desde que apareció delante suya su compañera predestinada. En la mente de Nirud apareció la imagen de su hembra desmayada y cubierta de su propia sangre acostada en el camastro de la tienda, mientras Gonsal y él le quitaban la rara indumentaria manchada que tapaba la parte superior de su cuerpo para poder curarla y limpiarla, dejándola tan solo con una extraña prenda color n***o, que cubría tan solo sus gloriosos pechos y envolvía su torso, cosa que interiormente se alegró de que la llevara y cubriera esa parte a la mirada de Gonsal.
Jamás pensó que si tenían la suerte de ser escuchados por la Diosa, esta les concediera su petición regalándoles hembras igualitas a cómo según cuenta las historias, lucía la Diosa cuando apareció en el mundo para salvarlos.
La mente de Nirud volvió a recrear con nitidez el cuerpo casi desnudo de su hembra y la sensación de su contacto cuando se había acostado junto a ella abrazándola para darle calor en sus momentos más febriles de los dos últimos días.
Su cuerpo virgen reaccionó ante sus pensamientos con la misma fuerza que lo había hecho ya en otras ocasiones cuando ambos habían estado pegados en el camastro. Su entrepierna se endureció hasta el extremo de dolerle los testículo, obligándole a doblarse sobre si mismo para aliviar la presión en esa parte de su cuerpo.
Alguna que otra vez había visto el cuerpo desnudo de una lomu en el río cuando se bañaban, pero eso había sido cuando era aún pequeño. A la edad de los diez años, los jóvenes lobre se les prohibía volver a bañarse entre las hembras y tenía que hacerlo a partir de esa edad con los adultos, pero por increíble que pareciera esos recuerdos de la niñez nunca se borraban, se quedaban en la memoria de todo lobre adulto durante toda su vida, siendo revividos una y otra vez en las largas noches de soledad por los machos que aún no tenían compañera.
Ahora su mente tenía un recuerdo mucho más vivido y reciente que rememorar y a esta le daba igual la gran diferencia que había entre los cuerpos que recordaba de su niñez con el más reciente, el de una hembra con piel sedosa y blanca, sin rastro de pelo por su torso, brazos o cara y que tenía una morfología diferente al de los habitantes de ese planeta, un cuerpo por el que el suyo ardía cada vez que lo recordaba.
El aire trajo hasta él el olor de Han y eso había ocurrido porque este no se ocultaba de él e iba a su encuentro con naturalidad. Si de verdad hubiera querido ocultar su presencia, ni siquiera Nirud lo hubiera descubierto.
Han apareció en la cima y al momento concentró sus ojos en él, que aún seguía doblado con las manos en sus rodillas, intentando calmar su excitación. Una sonrisa cómplice apareció en el rostro de su amigo, que fue acercándose a él con ligereza y andar grácil.
—¿Aún no te has aliviado?— le preguntó Han— Todos lo hemos hecho ya en muchas ocasiones, deberías comenzar ha hacerlo para tranquilizarte, no puedes permanecer más tiempo en ese estado.—
—Iba ha hacerlo ahora.— Contestó Nirud mirandolo preocupado—¿ Por qué estás aquí, ha ocurrido algo, está bien mi hembra?—
—Si, no te preocupes, todo está bien allí abajo. Tan solo estaba preocupado, Gonsal me ha comentado como te ha tratado tú compañera y quería decirte que todos estamos pasando por lo mismo, algunos como Gonsal han tenido más suerte y sus compañeras parecen más dispuesta a estar con ellos, otros como por ejemplo yo, seguimos sin lograr que nos acepten.
—Si, lo he visto. Gonsal, Dulfo y Kai lo están llevando mejor que el resto, tienen algo en común con sus compañeras que hace que estas no lo rechacen, pero el resto no tenemos esa suerte.—
—Creo que necesitamos más tiempo para conocernos y encontrar esa cualidad que tengamos en común con nuestras compañeras y haga que estas nos vean más cualificados para ser sus parejas— observó Han pensativo.
Nirud miró a Han y se irguió en toda su estatura frente a su amigo con seriedad.
—Ellas no tienen opción en estas uniones, son regalos hechos a nosotros por la Diosa, nos pertenecen, son nuestras para tomarlas cuando queramos. Ellas fueron creadas para nosotros, son nuestras hembras predestinadas, están vivas y en este mundo con la única finalidad de ser nuestras compañeras. Así que no me digas de nuevo que tienen que aceptarnos como sus compañeros porque esa opción no existe, ellas son nuestras y harán lo que nosotros le ordenemos.—
Han se quedó callado analizando las palabras de su Alfa. Veía que todo lo que Nirud había dicho era cierto, pero aún así su instinto, ese que siempre le avisaba de los peligros, le estaba gritando que algo está mal en el discurso de su amigo. ¿Entonces como debía comportarse con su hembra a partir de ahora? ¿Tenía que dejar de cortejarla como llevaba haciendo los dos últimos días o debía hacer caso a sus instintos y seguir intentando que lo aceptara como su pareja?
—Hoy, por estar herida y para que no se hiciera daño, he preferido marcharme de la tienda cuando ella gritó que me fuera, pero nada más que mejore lo suficiente como para que su fiebre no vuelva, le dejaré bien claro que yo soy el que manda y que nunca más volveré a permitir que me grite ni me aparte de su lado. Además, le dejaré bien claro que pienso unirme a ella lo antes posible para sellar nuestra unión ante la Diosa.—
Nirud vio que su amigo apartaba sus ojos de él en actitud esquiva, para mirar el paisaje y eso le molestó.
—Que pasa Han, ¿Crees que debería actuar como un cachorrito y hacer todo lo que ella me ordene, incluso no acercarme a ella?— preguntó molesto.
Han lo miró con el seño fruncido, ahora molesto él por el tono desdeñoso con el que su amigo se le había dirigido.
—Yo no he dicho nada Nirud, tan solo estoy pensando y analizando lo que he escuchado sobre la forma de ser de tú hembra con lo que tú piensas decirle y cómo reaccionará ella al escucharlo y creo que no lo hará muy bien. Estoy preocupado por ti.—
—Me da igual la reacción que tenga, ella obedecerá a todo lo que yo le diga, porque así quiero yo que lo haga— le aseguró Nirud pasando por su lado para volver al campamento.— Será mejor que dejes de preocuparte por mí y lo hagas por ti, por lo que he escuchado tu tienda está vacía de objetos porque los has retirado para que tú compañera deje de arrojártelo todas las noches cada vez que vas a dormir con ella.—Soltó en una carcajada.
Han lo vio irse con el ceño fruncido, herido en su orgullo ante la broma de su amigo y sin ser consiente de ello, se frotó el antebrazo herido. El escozor de la herida al tocarla con los dedos hizo que fuera consciente y se mirara el brazo aún fruncido su entrecejo, justo en el lugar donde su compañera lo había mordido la noche anterior cuando la abrazo en el camastro por su torso para inmovilizarla y que no se apartara de él. Su compañera además de tener buena puntería arrojando cosas, también tenía una buena mordida, a pesar de carecer de una fuerte mandíbula y largos colmillos como tenían el resto de las Lomus.
—Ríete ahora de mí mientras puedas Nirud, ya lo haré yo de ti después. Si lo que he escuchado de tú compañera es cierto, al igual que yo no vas a descansar ninguna de las noches por temor a despertar y que te hayan castrado.— Un escalofrío recorrió su cuerpo al recordar a su compañera amenazándolo con ello cuando la retuvo en el camastro junto a él la primera noche que pasaron junto.