CAPÍTULO 9

3387 Words
—¡Vuelve a la cama ahora mismo, puedes caerte! —susurró preocupada Lis estirando del brazo sano de su amiga en dirección al camastro. —¿Qué cama Lis? Eso tan solo es una montaña de hojas y ramas con una manta por encima.—señaló Esme con desdén apartando su brazo de un tirón. —No, no volveré a tumbarme ahí, no hay tiempo para que me ponga a descansar, tenemos que irnos de aquí y volver hacer el ritual para que nos devuelva a la Tierra, allí iré al hospital para que me curen, entonces si que me estaré quieta.— Esme apartó un poco hacia un lado la cortina de la entrada de la tienda y se asomó con cuidado de no ser descubierta. —Si nos descubren no sé qué nos harán Esme. Gonsal parece ser amable y paciente conmigo pero no se como es cuando está enfadado y la verdad es que me da miedo pensar en verlo en ese estado.— Un escalofrío recorrió su cuerpo al imaginar a Gonsal enseñándole los dientes dispuesto a atacarle. —Por eso mismo no podemos seguir aquí, si nos quedamos en cualquier momento podemos ser atacadas por alguno de ellos— explicó Esme observando el exterior de la tienda. El lugar estaba desierto, no había nadie por allí cerca. Sus ojos se fijaron el la gran hoguera apagada que había justo delante suya a pocos metros y que parecía ser el centro del pequeño asentamiento de tiendas que estaban montadas alrededor de ella. A simple vista, la tienda que ella ocupaba parecía ser la más grande con diferencia de las demás. Las otras eran tiendas triangulares con capacidad de una dos personas. Esme volvió a cerrar la cortina y miró a su amiga confundida. —No hay nadie ahí afuera Lis, ¿dónde están todos?— —Escuché antes decir a Olivia que los hombres las llevarían al río para que pudieran bañarse, lo más seguro es que ya se hayan ido mientras yo estaba aquí contigo. Pero Gonsal si tiene que estar cerca, él no se iría sin mí— le informó con un poco de orgullo. —¡Por qué no me has dicho antes que las muchachas no estaban! ¡Ahora no podemos irnos sin ellas!— susurró con agobio. —¡Yo no sabía que ibas a querer marcharte, no me culpes por ello!— Lis se apartó molesta de su amiga y se cruzó de brazos mirándola.—Además, te estás precipitando en todo Esme, acabas de despertar, te has llevado dos días con fiebre y delirando y ahora quieres sin recuperarte, huir de los que nos han protegido y volver al bosque sin saber que otras criaturas salvajes hay por allí y que puedan volver a atacarnos. No puedo dejar que hagas eso ahora Esme, tampoco creo que las demás te ayuden en tú estado —. Esme la miró dolida y sintiéndose traicionada. —¿Cómo puedes negarte a escapar Lis?— El recuerdo de verla a ella llevándose bien con el monstruo que la estaba curando, apareció en la mente de Esme y creyó entender lo que había sucedido.— ¿Es por ese ser que quieres que continuemos con ellos? ¿Acaso te has vuelto loca y de verdad piensas que puedes ser como la mujer del libro, procrear con ellos y salvarlos?— Era completamente cierta las palabras de Esme, pero la forma y el tono despectivo como las pronunció, molestó e hizo que Lis se sintiera mal por desear encontrar la felicidad junto a Gonsal. —Al contrario que tú, no veo nada malo en ser como la mujer del libro que encontraste. Tengo la ventaja sobre ti de llevar dos días conociendo a estos HOMBRES y te puedo asegurar que no son monstruos, aunque sus apariencia nos asuste y nos haga pensar que sí. Se que dos días no son nada, pero en ese tiempo he visto como el Alfa te ha estado cuidando día y noche sin apenas separarse de ti y siempre tratarte con mucho respeto y cuidado. He visto como Gonsal, el que dice que es mi pareja, te ha estado curando incluso de noche, para que tú herida siempre estuviera limpia y con medicamentos. He escuchado a Olivia gritar y arrojar cosas a su pareja sin que este se enfadara con ella o le hiciera daño, y otras cosas más que me hacen olvidar muchas veces sus apariencia de hombres lobos, y eso en tan sólo dos días. Al igual que yo, Irene y Dana piensan de la misma manera—. —¡No puedes hablar en serie Lis, ustedes tres estáis locas! ¡Esos seres no son HOMBRES, ni si quiera son humanos! ¿Es que estáis ciegas y no veis cómo son? ¡Sus caras son horrorosas, parecen salidos de una película de terror! ¡y sus cuerpos, ¿qué me dices de ello?! ¡Sus brazos son tan largos que las manos les llega por debajo de las caderas! ¡Sus muslos son más grande de lo normal y sus pantorrillas se encorvan como la de los perros, y además tienen colas! — exclamó enfadada Esme señalando su trasero. —¿Y qué Esme? Llevamos dos días aquí y jamás en mi vida me he sentido tan deseada y valorada. Veo cuánto me necesita Gonsal y lo que hace para complacerme y eso ha provocado que lo vea de otra manera. Solo sé que mi corazón se acelera cuando está él cerca y qué por primera vez soy correspondida en mis sentimientos—. —¡Pero no son sentimientos reales Lis, lo que sientes es por qué por primera vez, alguien te desea y quieres conformarte con eso! ¡Volvamos a la Tierra, estoy segura que allí podemos encontrar a un hombre para tí y para el resto, por favor, no te conformes con estos seres mitad animales!— rogó cogiéndole de las manos. Lis se quedó en silencio, absorbiendo las palabras de su amiga con angustia. “¿Podría ser cierto lo que Esme le decía y estar sintiendo esos sentimientos por Gonsal porque era el único que hasta ahora la había deseado en toda su vida?” —Volvamos a la Tierra Lis, ese es nuestro sitio. Cuando volvamos buscaremos parejas para todas vosotras— le aseguró. —Y para ti también Esme, buscaremos otra para ti.— En ese momento, la cortina de la tienda se abrió con brusquedad y por ella entró el Alfa. Esme se le quedó mirando con asombro y horror, aún agarrada a Lis por las manos. Las piernas comenzaron a temblarle al ver el rostro del ser que la miraba con sus penetrante ojos verdes, bastante enfadado. Sintió las manos de Lis temblar entre las suyas y supo que su amiga estaba sintiendo lo mismo que ella en esos momentos. —TÚ, ERES, MÍA— Gruñó Nirud, dando énfasis a cada palabra, mirando fijamente a Esme. Sus ojos se apartaron durante unos breves segundo del rostro de su pareja y miraron a la otra hembra con autoridad. —VETE.— Ordenó. Lis se apresuró a apartar sus manos de las de Esme y con la misma rapidez pasó junto al Alfa para salir de la tienda. Esme vio dolida y con miedo como su amiga se marchaba, dejándola sola en la cabaña con aquel ser. Era obvio que había escuchado la conversación que ambas habían mantenido y estaba bastante enfadado por eso. “¿Querría lastimarla por ello?” —ACUÉSTATE— Le ordenó. Esme se le quedó mirando y después su cabeza giró hacia el lecho de hojas y ramas cubierto por una manta de piel marrón. A continuación volvió a mirar al ser sin saber que hacer, queriendo obedecerle por miedo y a la vez sintiendo que si lo hacía estaría siendo sumisa ante él y dándose por vencida. Nirud no podía creer que su hembra no estuviera cumpliendo su orden en el acto. Podía oler su miedo en su débil cuerpo y aún así seguí frente a él, erguida y enfrentándolo. Con rapidez decidió resolver aquello y darle una lección. “Si tanta repulsión le daba su cuerpo, pensaba someterla a su contacto a la fuerza, eso le enseñaría a obedecerlo en el acto en la siguiente ocasión.” Pensó dolido por las palabras que había escuchado de ella al referirse a la anatomía de los Lobres. Él por su parte no tenía ningún problema con el cuerpo de ella, le parecía incluso mucho más deseable que el de las Lomus que él había conocido. Ella era toda curvas y carne, mientras que las hembras de su planeta eran muy delgadas. Sus ojos se posaron involuntariamente sobre el torso de su hembra, justo sobre las dos enormes montañas gemelas que empujaban por debajo el extraño chaleco que ella tenía puesto. En su mente apareció la imagen de ellas cubiertas tan solo por la extraña sujeción de tela negra que le había visto mientras la cambiaba. Sintió un tirón en su entrepierna cuando su pene comenzó a despertar. Jamás había visto pechos tan magníficos y grandes como esos y lo mejor de todo es que eran los de su hembra. “¿Qué significaba esa mirada?” Esme retrocedió un paso con inquietud, apartándose del ser que miraba sus pechos tan fijamente. “¿Era deseo?¿Le había ordenado que se acostara por qué pensaba violarla?” Podía reconocer la lujuria en el rostro de un hombre, en su vida algún que otro borracho se la había lanzado en algún Club o bar, para a continuación acercársele y proponerle sexo. Uno incluso le dijo que jamás lo había hecho con una gorda y quería probarlo. Pero la mirada de ese ser parecía contener algo más que lujuria, Esme creyó ver posesión en ella también. Sin esperarlo, el ser se le acercó con rapidez sin darle tiempo a reaccionar y la levantó en brazos sin esfuerzo ante la sorpresa y asombro de ella, cogiéndola por la espalda y las piernas. Con cuidado de no lastimarle el brazo, la pegó a su pecho y la llevó en dos zancadas hasta el improvisado lecho donde la tumbó boca arriba con delicadeza. A continuación él se tumbó a su lado, pegado a ella y la abrazó por la cintura ante el asombro de Esme, que aún seguía sin poder reaccionar. —Duerme, te despertaré cuando Dulfo traiga la comida—le ordenó secamente con la voz aún mas grave de lo normal. El corazón de Esme estaba a punto de salírsele del pecho, sus ojos no se apartaban del techo de la tienda. Sentía el cuerpo del ser pegado al suyo por todo su costado y su aliento acariciaba el lateral de su cuello, donde él tenía casi pegado su rostro. No se atrevía a moverse por miedo a que se enfadara con ella y le mordiera. Los nervios le estaban fallando y las lágrimas comenzaban a asomar en sus ojos. Sintió como el torso de él se levantaba hasta que su rostro quedó dentro de su borroso campo de visión. Una de sus manos garras acarició su cara con delicadeza y con un poco de presión la obligó a que lo mirara. —Yo jamás te haría daño, daría mi vida por tí si hiciera falta— le informó, mirándola intensamente con sus preciosos ojos verdes. Esme contempló al ser asimilando lo que le había dicho. Aunque sus palabras no cambiaban el aspecto terrorífico que tenía, en su interior sí se sintió más segura con respecto a él y algo del miedo que estaba sintiendo en esos momentos, se esfumó. —Déjame irme— se atrevió a susurrarle. Nirud negó con la cabeza antes de hablar. —Jamás, eres mía.— —No te pertenezco, yo no soy de nadie— susurró Esme apartando sus ojos de él por temor a verlo de nuevo enfadado con ella. El torso de él presionó el suyo y eso asustó a Esme que levantó la mirada sobresaltada para encontrar el rostro animalesco de él muy pegado al suyo. —ERES MÍA, nunca olvides eso. Si decides escapar de mí, te buscaré y te encontraré donde sea que vayas. Jamás dejaré que te apartes de mí— la amenazó. —¿Por qué yo? No me conoces, no me quieres, ¿por qué quieres obligarme a estar junto a ti?— —Eres mi compañera predestinada, la única hembra perfecta con las cualidades para satisfacerme en todo y yo soy el único también dotado para darte todo lo que necesites. La Diosa nos creó para estar juntos—. Los dedos de él acariciaron con delicadeza la mejilla de ella hasta llegar a su labio inferior. Esme se quedó paralizada ante la s****l caricia y no supo que hacer para rechazarlo sin que con ello provocara que él se enfadara. Lo vio cerrar los ojos y aspirar su olor. —Tu olor es un deleite para mí y tu contacto provoca que mi cuerpo arda por dentro —le susurró abriendo los ojos y acercándose más a ella, casi sobre sus labios. La mente de Esme gritaba que lo empujará y lo apartara de ella, pero su cuerpo se negaba a colaborar, permaneciendo paralizado como un animal asustado. Los labios de él descendieron hasta posarse sobre los de ella y allí permanecieron, quietos, sin avanzar más. Los ojos de Esme estaban completamente abiertos por el horror de lo que le estaba permitiendo hacer con ella, a la espera de sentir náusea o cualquier emoción de repulsión ante el beso, pero para su asombro, nada de eso ocurrió. El único hombre que la había besado había sido su ex y aunque lo amaba mucho, sus besos no eran muy del agrado de ella, siempre sintió que faltaba algo cuando se basaban. Ahora por el contrario, aquel beso casto parecía agradarle más que los otros más profundo que su ex le había dado. Los labios de él se apartaron y su rostro animalesco quedó a pocos centímetros de ella, observándola con muchísimo deseo en su mirada. Esme lo contempló a su vez confundida, fijándose con más detalle en su rostro. Sus ojos eran completamente humanos, con pestañas larguísimas de un color cobrizo, tenía pómulos muy marcados que le daba la apariencia más animal a su rostro. Su frente era alta y en su centro, en forma de pico, comenzaba el nacimiento del cabello largo de su cabeza que lo llevaba peinado hacia atrás. Tenía cejas castañas caoba muy pobladas y sobresaliente, que le daban aspecto fiero incluso sin quererlo. Su nariz era ancha y chata, con fosas nasales un poco más grande que la de un hombre normal. Por último estaba su mandíbula fuerte y marcada que llevaba una barba de una semana por lo menos, de color castaña con reflejos cobrizo. Los labios de él descendieron de nuevo sobre ella sin previo aviso y volvieron a apoderarse de los suyos, pero esta vez Esme notó más seguridad en su contacto y más ansia por parte de él por saborearla. En esta ocasión los ojos de Esme se cerraron sin ella ser consciente en ese momento de ello y su boca participó activamente en el beso. Nirud dejó que su cuerpo lo guiara. Jamás había besado y su primer contacto con los labios de ella había provocado un ansia feroz por poseerla que no sabía si podía controlar. Sabía que ella estaba herida, pero la cordura parecía haber abandonado su mente y cuerpo que ahora ardía en llamas por poseer a su hembra. La lengua de él se adentró en su interior posesiva, exigente, adueñándose de su boca y llevando su maravilloso sabor por todo los rincones de esta. Esme jamás hubiera pensado que este beso pudiera ser así, tan maravilloso para cada uno de sus sentidos que la estaban volviendo loca. Su pene apretaba dolorosamente su entrepierna, deseoso por enterrarse en el interior de ella al igual que su boca y poseerla por ambos lados. Esme sintió la dureza que se apretaba en el costado de su cadera y supo que esta vez sí que la deseaban de verdad. Eso la hizo sentir poderosa con respecto a él. Una de las manos de él agarraron la cintura de su pantalón y comenzó a empujarlo hacia abajo sin apartar su boca de la de ella. Embriagada por su exquisito sabor y por lo que estaba haciéndole sentir, lo dejó sin oponer resistencia. Ningún pensamiento racional entraba en la mente de Nirud que estaba colapsada de emociones, tan solo tenía una cosa en mente y era poseerla lo más ligero posible. Por fin logró bajarle los pantalones hasta las caderas y sus manos tocaron la suave piel de esa zona con deleite, pasándola por su vientre y cintura posesivamente para agarrarla por su costado y de un brusco tirón cambiarle la postura, apartando su boca de la de ella en el proceso. Ahora por fin la tenía donde quería, su trasero desnudo pegado a su abultada entrepierna aún cubierta por su pantalón de cuero. Con rapidez, Nirud desató el lazo de la cuerda de cuero que le hacía de cinturón y con agilidad se bajó lo suficiente el pantalón como para dejar que su v***a asomara en toda su gruesa y dura erección. Esme se sobrepuso a la sorpresa de verse alzada y cambiada de posición para quedar acostada de costado, al sentir el calor y la dureza del m*****o de él entre la unión de sus glúteos y muslo, presionándolos para abrirse paso entre ellos. Un ramalazo de lucidez entró en su mente ahora que está no estaba siendo bombardeado por las sensaciones del beso. “¡¿Qué estás haciendo?!” pensó. Sintió la mano de él agarrando su muslo por el interior, cerca de su inglés y como este levantaba su pierna, buscando con ello un mejor avance para su pene, que ahora sin que la carne de sus muslo se impusiera como barrera, se adentró hasta la misma entrada de su sexo, con el que se frotó al buscar la entrada a su interior. De su boca se le escapó un gemido al sentirlo, la cabeza de su glande había presionado su clítoris hinchado y excitado y el placer que sintió la había cogido por sorpresa. Nirud retiró hacia atrás un poco sus caderas, sabiendo ya hacia dónde tenía que dirigir su pene. Con firmeza abrazó la cintura de su hembra para que esta no se apartara en ningún momento de él y movió ansioso sus caderas hacia delante, deseoso de enterrarse en ella. El ruido de voces femeninas acercándose al campamento llegó hasta ellos paralizándolos, junto con la de alguno de los varones. —Dulfo me ha dicho que ha preparado carne de un animal llamado Orajap y que está delicioso—Escuchó Esme que decía Irene. Esta pellizcó con nervios el brazo que la sujetaba por la cintura con su mano buena sin conseguir que la soltara e intentó librarse de su agarre moviéndose. —¡Estate quieta, aún no hemos terminado!—gruñó el ser que tenía pegado a su espalda intentando que ella no se moviera tanto para poder poseerla. —¡Déjame, apártate!—le exigió Esme en un susurro con nervios. —Voy a ver a Esme antes de comer— Escuchó esta que decía Olivia. —¡¡ ooooo no, viene Olivia!!— exclamó horrorizada Esme pateando hacia atrás con prisas sus piernas y golpeando las de él, para que la soltara. —¡Le ordenaré que no entre y ya está, está quieta o te harás daño en la mano!—gruñó Nirud mientras intentaba aún poseerla. —¡¡ No, suéltame por favor, no hagas eso, déjame levantarme!— le rogó intentando aun apartarse de él. Por fin Nirud se dio cuenta que todo había terminado al escucharla rogar, el ambiente entre ellos había vuelto a cambiar y ella volvía a ser la hembra que lo rechazaba. En contra de sus deseos e instinto, apartó su brazo de ella y la dejó libre. Al instante, ella se apartó de él como si le quemará y se levantó del camastro, mareándose en el proceso y casi cayéndose sobre Nirud.
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