3º Estamos atrapados

3419 Words
Mi mano tapa mi boca, en un intento casi inútil de contener las contracciones de mi estómago, mientras las imágenes plagadas de violencia descarnada, sangre, tripas y gritos agónicos se reproducen frente a mis ojos en la filmación de la cámara. Puede que parezca masoquista, porque 001 me advirtió que sería así, que no sería para nada agradable, mas yo necesitaba saber, ver con mis propios ojos lo que había pasado en esta sala y, heme aquí, conteniendo mis tripas dentro de mi cuerpo, por más que éste quiere expulsarlas por el espectáculo tan desagradable que estoy presenciando. Cuando la sirena de alarma suena, que no estoy muy segura de qué es lo que significa, amortigua un poco los ruidos asquerosos que se escuchaban y decido dejar de mirar, es obvio lo que pasó, no necesito seguir reproduciendo el video. Dejando la cámara a un lado, me concentro en respirar profundo y recobrar el control de mi sistema digestivo para que deje de intentar quitar de él mi desayuno; ha sido demasiado para mi pobre persona, si no fuera porque lo necesitaba, seguramente no lo habría visto. -¿Estás bien? La voz de 001 me saca de mi concentración y me hace volver mi vista hacia esos reptilianos orbes que me observan con curiosidad, el naranja brillando y haciendo que quede mucho más resaltante en contraste con esos mechones de ébano que rodean su rostro. Sin abrir la boca aún, porque no confío en mi propio cuerpo, asiento y con cuidado, me acomodo recta junto a él donde nos sentamos para que pudiera ver el video. Él solo se puso a mi lado porque quiso, supongo. Pasan casi cinco minutos hasta que creo que soy capaz de hablar sin soltar nada más que palabras, tengo muchas dudas que requieren una contestación. -¿Cómo fue que salieron de aquí? La puerta no tiene ni marcas, pero el pasillo y lo que le sigue están llenos de restos humanos como aquí. -La entrada estaba abierta, no tuvieron que hacer nada. Estaban viniendo más de los guardias esos y abrieron las puertas, por lo que ellos atacaron todo lo que se les cruzó en el camino y salieron de aquí. -Entiendo... Mi duda ahora es, ¿por qué tú no lo hiciste? -¿A qué te refieres? -Te inyectaron como a los demás, yo lo vi, es más, fuiste el primero al que se le suministró el suero y el primero que empezó a mutar, ¿dónde están las mutaciones que se supone que sufriste? ¿Por qué eres un ser racional aún? ¿Por qué no rompiste tu incubadora y saliste a atacar y comerte a las personas como todos los demás? Ante mis preguntas, su ceño se frunce en confusión y su mirada se retira de la mía, bajando al suelo como si estuviera considerando qué decir, analizando la respuesta. Pasa casi un minuto hasta que vuelve a hablar. -La verdad es que... no lo sé. Sus ojos vuelven a mí, consiguiendo nuevamente impactarme con ese naranja tan intenso en cuanto sus iris se conectan a los míos. -Muté, eso lo sé, lo sentí en cada fibra de mi ser, me dolió desde el interior hacia el exterior cada centímetro de mi cuerpo, sin embargo, luego, todo lo que cambió en mí retrocedió, devolviéndome mi forma normal, o al menos casi todo. Lo único que sentí mientras veía a mis hermanos cometiendo esa masacre, fue un poco de hambre, no obstante, no necesité hacer lo que ellos, no era algo que me gritara desde dentro que saliera y los siguiera. -¿A qué te refieres con que "casi todo"? -Bueno, antes yo podía parecerme a ti. -¿Qué? -Podía camuflarme como humano: mis garras, ojos y dientes, podía disfrazarlos para que pareciera un humano normal y ahora ya no puedo. Lo que estás viendo, es mi forma natural y no puedo hacerla retroceder más como antes. -O sea que el suero te afectó... -Sí. -¿Y eso del hambre? ¿A qué te refieres? ¿Aún la sientes? -Bueno, ver la carne que masticaban mis hermanos, me hizo salivar como cuando me daban de comer de forma normal y no por un tubo, como cuando estaba fuera y me daban un plato de comida, pero no al punto de necesitarla y sí, un poco la siento todavía, mas no es nada que no pueda controlar, no tengo la ansiedad de alimento aún. -Entiendo... Me quedo en silencio, meditando sus palabras. Dice que no puede hacer retrocedes sus características reptiles, o sea que el suero se mezcló en su cuerpo y ha empezado a afectar sus sistemas; no ha llegado al punto de los demás, él parece todavía ser más humano que animal, lo cual es bueno, sin embargo, si lo afectó ya, ¿será progresivo o se quedará ahí? ¿Se volverá como los demás o se quedará como hasta ahora? ¿Si siente hambre intentará comerme? Ese pensamiento me pone en alerta, tensando cada músculo de mi cuerpo por el miedo en menos de un segundo, no obstante, me obligo a relajarme; él dijo que no quería lastimarme, me dijo que no me haría lo que los demás les hicieron a las personas que están muertas ahora. Siente hambre y la sintió antes, pero no hizo nada al respecto, no notó la necesidad de comerse a nadie. No puedo ignorar que percibe su apetito, aunque mínimo, está ahí y es algo que me preocupa, mas si se mantiene a raya, supongo que no habría problemas. Es un ser racional, su mente funciona perfectamente, en tanto pueda mantener sus instintos bajo control, no debería haber inconvenientes. Sé que tarde o temprano necesitará alimentarse, no es una idea agradable porque puedo imaginarme (luego de su explicación) lo que va a querer de almuerzo, sin embargo, mientras yo no esté en su menú, supongo que puede arreglarse. A decir verdad, y aunque suene cruel quizás, hay mucha comida para él a nuestro alrededor. No es algo que quiera ver, no obstante, necesidades básicas son necesidades básicas, uno no vive del aire a menos que se sea una planta. -Quiero que seas sincero conmigo. -Por supuesto. -¿Me ves como comida? -¿A qué te refieres? -Dijiste que, cuando todos los demás se estaban comiendo a los soldados, a ti te dio hambre, ¿me ves como parte del menú? No me responde, y como sigo con la mirada baja, no puedo ver su rostro, sin embargo, su silencio me hace ponerme nerviosa y devuelvo mis ojos hacia los suyos, enganchándome una vez más en cuanto cruzamos miradas. -Tú... -No. -¿Qué? -No quiero comerte ni nada parecido. Sus palabras, tan contundentes, me dejan shockeada momentáneamente, por lo que me cuesta procesar su significado, no obstante, en cuanto caigo en lo que dice, mi cuerpo se relaja automáticamente, sintiendo que me desinflo por poco, cosa que él nota. -¿Estabas preocupada por eso? -Siendo sincera, sí, me preocupaba. Digamos que no sé nada sobre ti ni lo que hicieron contigo y, además, el panorama, lo que ocurrió y que tú también estuviste expuesto a lo que causó todo este caos, digamos que me ponía bastante nerviosa. Creí que era una posibilidad el que me vieras como un bocadillo. Por un momento, creo que no va a decirme nada, hasta que su ceño vuelve a fruncirse e incluso parece ofendido, ¿le molestó mi sinceridad? ¿Debí decirle otra cosa? ¿Mentirle? De un momento a otro, se mueve tan rápido que me sobresalto al ver que ahora, en lugar de a mi lado, está justo frente a mí, acuclillado, quedando casi entre mis piernas y con su rostro a milímetros del mío. Sus pupilas rectas, bien marcadas en una fina línea, casi una rendija, clavada en las mías. -Escúchame bien, eso nunca pasará. Puede que tengas razón en todo lo que has dicho, porque es verdad cada palabra, mas eso no implica que vaya a suceder. Soy más fuerte que todos ellos, yo controlo mi cuerpo, no él a mí y, a diferencia de mis hermanos, no quiero asesinar a nadie, menos a un inocente. Jamás entraste aquí, nunca supiste de nosotros, dudo mucho que fueras consciente de este lugar o lo que se hacía aquí dentro, por lo que no planeo, bajo ningún concepto, hacerte algún daño. Si siento hambre, ya encontraré como saciarla, pero tú, definitivamente, no estás en mi menú. Su cercanía me pone nerviosa, no por miedo, sino porque su intensidad y, bueno, el hecho de que está casi completamente desnudo. Todo eso, hace de ésta una situación un tanto comprometedora e incómoda. Su vista no se separa de mí, como si esperara algo, y a mí se me hace un nudo en la garganta que me dificulta tragar para poder responderle. Con cierta reticencia y mucho cuidado, alzo las manos y las apoyo en su pecho, ejerciendo un mínimo de fuerza como para que entienda que necesito aire para respirar. Sus ojos bajan al punto de nuestro contacto y siento la necesidad imperiosa de separarme, sin embargo, no me deja: en un rápido movimiento, toma mis manos entre las suyas y las sostiene firme, aunque sin fuerza para no lastimarme. Las presiona más contra su pecho y su voz es casi un susurro. -Confía en mí, te lo juro por mi vida que, mientras sea dueño de mí mismo, jamás te haré daño. Su intensidad me abruma un poco, pero el brillo de sus iris lo hace verse tan sincero... Respiro profundo y asiento en silencio, viéndome incapaz de articular alguna palabra, mas parece ser suficiente para él que, lentamente, se separa de mí y se pone en pie, extendiéndome su mano para que yo también lo haga. En cuanto la tomo, una corriente se transmite por mi sistema nervioso y el impulso de soltarlo cobra fuerza, sin embargo, me obligo a no reaccionar como tonta y hago fuerza al igual que él, impulsándome hacia arriba para quedar parada recta. Cuando voy a soltarme para sacudirme la bata, no me lo permite, acariciando el dorso de mi mano con su pulgar en círculos lentos y relajantes. Mis ojos pasan a nuestro contacto y la diferencia de tonalidad entre nuestras pieles y del tamaño de nuestras anatomías, se hace mucho más notorio; la punta de su garra negra me hace cosquillas cuando me roza y las sensaciones que me produce me hacen mirarlo nuevamente al rostro. -Eres frágil, delicada, mucho más pequeña que yo físicamente y, aun así, demuestras tu fuerza interior al estar frente a mí, sabiendo que no soy como tú, que podría hacer cualquier cosa contigo si quisiera y tú no podrías detenerme, habiendo visto todo lo que ocurrió aquí y lo que hay fuera y, de todas formas, te mantienes firme y entera... -Bueno, yo... -Si me lo permites, te protegeré, haré todo lo que esté en mis manos para mantenerte a salvo en tanto me sea posible. Al decir eso, sus pupilas se clavan en las mías y un calor inunda mi pecho, uno que no puedo explicar pero que se siente bien; él no tiene por qué hacer eso, podría simplemente comerme o salir de aquí y hacer lo que quisiera, ya no es un prisionero, y, no obstante, aquí está, diciendo que me protegerá... Y no sé por qué. -No hace falta, no tienes por qué arriesgar tu vida por mí... -Puede que no, pero quiero hacerlo, permítemelo. -¿Estás seguro de que quieres hacer eso? -Muy seguro. -Entonces supongo que no puedo impedírtelo, no entiendo tu razón, mas eres libre de hacer lo que desees. No sé si mi respuesta le gusta o no, quizás no es la contestación que él esperaba, aunque no dice nada al respecto y, en su lugar, repasa nuestro entorno con la mirada, como si estuviera asegurándose de que nada haya cambiado o quizás haya olido o escuchado algo. Espero que no. -¿Pasa algo? -No, solo... ahora que estoy fuera de mi incubadora de nuevo, mis sentidos se están adaptando nuevamente al entorno y me acuerdo que hace rato sonaba una sirena, pero ya no está y no sé qué significa. Eso me recuerda de nuevo la situación en la que estamos por lo que, con cuidado, separo nuestras manos y, bajo su escrutinio, me acerco de nuevo al centro de mando, volviendo a apoyar mi palma en la pantalla para intentar averiguar qué era esa sirena que sonó y qué significa realmente. No creo que haya sido solo una alerta de peligro, empezó cuando ya los estaban atacando, por lo que no creo que sea solo eso. Empiezo a teclear y a buscar en el sistema, cuando su voz vuelve a interrumpir mi concentración -¿Qué haces? -Intento entrar al sistema para ver qué era lo que significaba esa sirena. Empezó a sonar cuando tus hermanos, como tú los llamas, ya estaban atacando desde hacía un par de minutos, por lo que no podría ser solo una alarma de peligro y escape, tiene que ser algo más. Se acerca a mí, con gesto pensativo, hasta que queda a mi lado, observando con atención mis comandos hacia la máquina. -Bueno, recuerdo a uno de los de bata, que antes de ser asesinado, y por más que le faltaban las piernas (que fueron arrancadas por 038), se esforzó mucho por llegar aquí y presionar algo, un botón. -Eso es escalofriante, menos mal que no vi la escena, mas ¿sabes cuál botón fue? -No, solo que estaba en esta zona. Apunta a la derecha de la pantalla y reviso los diversos iconos que se muestran: hay de cierre y apertura de incubadoras y puertas, bloqueo de las mismas, listado de los experimentos opciones para cada uno... y un bloqueo general. Ay no... Temiendo que sea lo que creo, toco el icono y un cartel aparece en el centro de la pantalla, uno que hace que se me caiga el alma al suelo. CIERRE TOTAL DEL LABORATORIO ACTIVO. ¿DESEA DESACTIVAR? SI/NO Sería feliz de que estuviera la opción del sí, si no fuera porque, en cuanto la presiono, un lector de huellas con medidor de pulso cardíaco aparece justo al lado. Eso significa solo una cosa: si la mano de Silas no tiene pulso, no importa que la coloque en el lector, no servirá de nada. Seguro que se trataba de una contingencia, algo como para evitar que robaran su trabajo y lo mataran luego... Aunque dudo que lo hubiera considerado para esta situación. Mi acompañante parece notar mi malestar porque posa su mano en mi hombro para llamar mi atención. -¿Qué ocurre? -Estamos encerrados. -¿Qué? -La alarma que se escuchó no fue de emergencia, fue un aviso de que el complejo entero fue sellado. Una de las cosas que nos explicaron a los trabajadores al iniciar aquí, es que el sitio tenía un cierre de seguridad en caso de emergencias, que una vez activo, nada podía entrar o salir de aquí hasta que fuera desactivado. Los muros son de más de metro y medio de espesor de acero sólido y las puertas de seguridad igual, por lo que nada puede atravesarlas. La única persona que puede desactivar el cierre, es el dueño del laboratorio, Silas Roch, mi jefe. -¿Y qué tiene? ¿No es el que está ahí muerto? -Ese es el problema, que está muerto y el interruptor para desactivar el sellado del laboratorio, requiere de su huella y su pulso cardíaco para que la máquina reconozca que está vivo y acepte la orden. Creo que él temía que alguien intentara matarlo y robar su trabajo, así que hizo que necesitaran que estuviera vivo para que el que lo intentara, o lo mantuviera con vida, o bien quedara encerrado. -Así que no hay salida. -No, y estamos atrapados con tus hermanos mutados y con hambre de carne. Tenemos que encontrar una forma de salir de aquí o seremos su menú, porque dudo que te reconozcan en su estado actual. Te ves como humano, un tanto mutado, pero humano, al fin y al cabo, no sé si se atacarán o no entre ellos, mas seguro que a los humanos si lo hacen y puede que te confundan con uno con el aspecto que llevas. Él observa su persona y asiente pensativo, dándome la razón. Al mismo tiempo, yo intento encontrar alguna forma de salir de aquí alguna solución y, lo único que viene a mi mente, es que quizás haya algo en la oficina de Silas, algo que nos pueda ayudar a salir. Quizás un código o un mando de control secreto o no sé, lo que sea, sin embargo, que sirva para darnos una vía de escape del cierre. No podemos quedarnos; sé que en el comedor de cada piso del laboratorio (los cuales son unos diez), hay suficiente comida como para un batallón por un mes, lo que sería muchísimo más tiempo para dos personas, no obstante, incluso si la comida llegase a terminarse, aun así, corremos riesgo constante de ser devorados por los experimentos. Una de las dos nos terminaría matando, tarde o temprano. Tenemos que escapar. -Escucha, no sé si sirva, pero hay una... -Sh... -¿Qué ocurre? -Escuché algo y huelo algo. -¿Hueles? -Sí, cada vez más intenso. Su lengua bífida sale de su boca, con el movimiento típico de las serpientes y lagartos, en tanto que lo veo respirar hondo y entiendo lo que dice, está sintiendo el aroma de algo diferente a todo lo que nos rodea, algo ha cambiado. -¿Qué es? ¿Algo se acerca? -Sí, y estoy seguro de que es uno de mis hermanos. -Pero... ¿cómo es que...? Hay restos de carne frente a él, no va a venir por nosotros, ¿no? -Ponte detrás de mí. -Ay no... Automáticamente cumplo su orden y justo cuando estoy por apoyarme en él, un rugido se escucha y me pone los pelos de punta. Se parece al que escuché antes de cruzar las puertas que trabé, ¿me habrá seguido? Mi corazón late como locomotora en mi pecho, amenazándome con salírseme de él por un agujero o escapárseme por la boca, hasta que un estruendo se escucha y me hiela hasta la última célula de mi cuerpo. -¿Está ahí tras la puerta? -Shhhh... puede escucharnos. Aprieto los labios con fuerza, intentando mantener dentro de mí el gemido de miedo que puja por escapar de mi boca y siento como cada fibra de mi ser tiembla como una gelatina. Sé que, muy probablemente, le estoy haciendo sangre con mis uñas en su piel, sin embargo, no puedo soltarlo, mi cuerpo no me responde, está petrificado por el pánico que me inunda y no cumple mi orden de abrir mis dedos. El silencio se hace por unos segundos y, casi casi, que creo que se ha ido, no obstante, tanto el cuerpo tenso de 001 como el sonido de un golpe seco y contundente contra la puerta, me dicen lo contrario, haciendo que me sobresalte al ver cómo se abolla hacia adentro por el impacto. No tengo idea de con qué fue que le dio al metal, mas se nota que no fue precisamente una caricia, ha quedado deformado hacia nosotros y no tengo ni idea de cómo es que todavía no se ha caído. Yo no la cerré al entrar, así que supongo que fue automático, porque de lo contrario, no le costaría tanto a la criatura el derribarla, o eso creo. Un segundo golpe hace ver cómo el material que nos separa de ese monstruo no va a aguantar mucho más y mi compañero de encierro se pone en posición de defensa, listo para atacar a lo que sea que se nos venga encima. -Prepárate. -Ay mamá... El tercer impacto es el último y, cuando la puerta cae finalmente, con el estruendo amortiguado por un cuerpo que detiene la caída en la parte superior, lo único que se ve es obscuridad, porque la poca iluminación que poseía el pasillo anteriormente ha sido anulada y un par de orbes rojos brillantes que nos observan desde esa negrura casi absoluta, amenazándonos desde la distancia, que casi parecen demoníacos. -¿Qué es eso? -Es 038, o como lo llamaba el doctor, Minos... -¿Y por qué le decía así? -Ya verás... 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD