Capitulo 4

2288 Words
Salvatore narrando   -Ya sabes, ¿verdad? No tengo ni que decirte nada- le dije deteniéndome en la puerta del baño, metiendo mis manos en mis bolsillos mientras la veía de pie ante el tocador dándose esos toques femeninos que ustedes las mujeres se daban antes de salir.   Se dio vuelta y me miró.   Analicé su rostro delicado y sencillo, apenas podía notar el labial en sus labios.   -Ya sé que, si cometo alguna estupidez, me vas a matar a la única familia que me queda, mi tía. No se preocupe, no me perderá de vista- me dijo con aquel tono apagado, de la misma forma en que se miraban sus ojos.   Asentí   -Puedes tutearme- le dije mirándola rodar los ojos, desviarme la mirada y darme la espalda.   Me acerqué a ella por detrás viendo nuestros reflejos en el espejo.   - A mí no me hagas eso que hiciste con los ojos, tampoco me desvíes la mirada cuando te hable- le dejé claro mirándola tensarse un poco.   Su mirada me atacó lo suficiente como para que mis ojos no quisieran dejar de mirar los suyos.   Fue en ese instante donde acaricié su espalda desnuda, sintiendo la suavidad de su piel con la yema de mis dedos.   Pude notar aquel estremecimiento de su cuerpo ante mi tacto, sin embargo, nuestros ojos no se perdieron de vista ni un solo segundo.   -No crees que está muy sensual ese vestido? - le pregunté al verla llevar un vestido n***o de tela muy fina, con la espalda fuera y un diseño de tirantes cruzados en su busto que lo hacía verse recogido y paradito, viéndose aún más sexy.   -Tu amiga tiene muy buen gusto- me contestó.   Sabía que a Elira le gustaba este tipo de ropa, siempre que la veía en el instituto, llevaba pantalones reveladores, tops muy cortos y blusas tan ajustadas que si tenía frio, se notarían por encima de la tela, sus pezones.   -No te preocupes, que cuando vayamos de compras, yo te enseñaré mis gustos y sé que quedarás encantada- le dije mirándola bufar.   -No me interesa- me contestó -Por ese tono en el que lo dices, ya sé que lo odio- me dijo dándome la cara.   Sonreí maliciosamente   -Vamos, me encanta que me retes. No me tengas miedo. Eso me fascina de las mujeres- le dije sabiendo que eso le iba a molestar.   Se quedó observándome sin poder entenderme.   -Ya vámonos- le dije apartándome de ella, dándole chance a respirar tranquilamente sin estar tan cerca de su cuerpo.   -Salvatore- dijo mi nombre haciéndome volver a mirarla otra vez.   -Sí? -   -Que va a suceder ahora? ¿Como se supone que actúe? Nadie nunca me había visto contigo anteriormente. ¿Qué ocurre si gano? Tendría que representar al instituto y.…- la interrumpí   -Trata de no ganar. Tu no necesitas ese año de universidad paga. Conmigo no te hará falta nada de lo que quieras o necesites. Tú no te preocupes por la gente- le contesté   -No me puedes quitar mi universidad, no pienso durar un año a tu lado- me contestó con cierta rebeldía tensando todos sus músculos de la cara.   -Claro que no, no duraras un año a mi lado- le dije acercándome a ella lo suficiente como para escuchar los latidos acelerados de su corazón.   La tomé por la cintura de la mala manera y la hice chocar con mi pecho, sintiendo como sus manos se posaban en mi torso y sus ojos me atacaban ferozmente.   -Pasarás toda una vida, que es diferente- le contesté mirando como entreabría sus labios y emitía un gemido de dolor por mi fuerte agarre.   Uno que aflojé al darme cuenta de que la lastimaba.   -Eres un maldito- la escuché susurrarme.   Miré lo bien que se veían sus labios imaginándome que, así como se miraban, debían de saber.   Me moría por devorarlos y hacerla sentir mujer. Pero no podía, no todavía. Quería sentir que ella también lo deseaba, quería notar su deseo por mí, porque así lo hiciera. Y aún ese momento no llegaba.   Con mi pulgar limpie un poco de su labial carmesí que se salía de las líneas de su labio inferior manchando su piel debajo de su barbilla.   -Lo soy, muñequita-   Elira narrando.   Yo había crecido en manos de una tía loca alcohólica que por más que me moleste y me duela recordar mi adolescencia con ella, debo agradecerle que por lo menos hoy en día tengo vida y que no me dejó morir en la calle después de la partida de mi madre.   Ella no fue la mejor tía del universo, pero no quería que muriera, era mi única familia, era mi consuelo al saber que no estaba totalmente sola en este mundo. Sin embargo, por ella no hice ninguna estupidez en este concurso. No quería que Salvatore la matara por mi culpa.   -Es evidente que las tres han hecho unas obras de arte maravillosas. Son unas artistas muy disciplinadas merecedoras del gran premio de un año totalmente pago en la universidad que estudian- hablaba una de las juezas que dictaría la ganadora.   Yo estaba presente, pero a la vez no. No podía evitar sentirme incómoda con la mirada penetrante de Salvatore todo el tiempo sobre mí.   Estaba sentado con el público espectador del concurso y aun desde allí podía sentir esa cuerda que me ataba a él, sin entender el por qué.   A pesar del poco tiempo a su lado y de las pocas palabras que habíamos pasado entre nosotros, su acercamiento a mí no dejaba de ponerme nerviosa cada vez que mi memoria insistía en recordármelo.   Esos roces que tuvo conmigo....   -Elira Evans! La ganadora es Elira Evans- fue la voz que me sacó de mis pensamientos.   Sorprendida mirando a todos aplaudir el director me ofreció su mano en mi asiento, ayudándome a poner de pie, caminando conmigo hacia el centro donde me colocó una medalla en el cuello, haciéndome tomar fotos con el jurado.   No puede ser.   Sonriendo falsamente por lo que debería de ser un logro para mí, mostraba felicidad para todo mundo.   - ¿Por qué pintó usted una mariposa, señorita Evans? - me cuestionó una de las juezas con una gran sonrisa.   Me pasó el micrófono para que contestara.   Inmediatamente mis ojos buscaron los de Salvatore.   -Porque me identifico mucho con ese hermoso animalito, me encanta verla volar y sin duda alguna las mariposas son como yo, libres- contesté sin desviar nunca mi mirada de la del mafioso.   Desde la distancia que nos separaba, podía ver sus venas, lo mucho que resaltaban en su cuello y lo apretada que permanecía su mandíbula.   Pero no me importaba.   -Muchas felicidades señorita, espero que lo aproveche-   Asentí brindando media sonrisa acariciando entre mis manos el medallón que colgaba en mi cuello.   Este era uno de mis sueños, pero resulta que ya tengo otro, y es recuperar mi libertad.   No le quiero pertenecer a un mafioso. No quiero.   Me sentí mal con las otras dos chicas que estuvieron compitiendo conmigo, así que les dejé saber que eran muy buenas y que no debían desanimarse por esto.   Sentí aquella presencia detrás de mí. Ese aroma que esta mañana había sentido tan de cerca, ese perfume que había inhalado mi nariz, ese que ya donde quiera que estuviera presente lo sabrían reconocer mis fosas nasales.   - ¿Me dejan hablar un momento con ella, chicas? - les dirigió la palabra Salvatore a las muchachas que habían competido conmigo, aún continuábamos charlando en plena actividad.   Estas dos, lo miraron como si fuera el rey del universo. Se les iba a caer la baba a las dos, pareciera que nunca lo habían visto tan de cerca.   Se lo regalo, chicas.   -Claro- asintieron marchándose y dejándome a solas con él.   -No te dije que intentaras no ganar? - me cuestionó con esa voz fuerte que poseía capaz de enloquecer a cualquier mujer.   Me crucé de brazos.   -Yo no hice el mayor esfuerzo en ganar. Simplemente me guié de la pasión que siento al pintar. Es lo que pasa cuando amas algo. Pero claro, tu no conoces eso, no debes saber lo que es amar- le dije mirándolo fijamente a los ojos.   Lo vi ponerse rojo apretando aún más su mandíbula.   -Tú vas a conocer mi pasión, no te preocupes, Elira. Solo complicaste las cosas- dijo pasando sus manos por su barba.   -No que todo lo que quieres lo obtienes? Haz que esto no sea complicado y obtén lo que sea que quieras conmigo, fácil- le dije dando un paso hacia él.   El dió otro hacia mi acortando nuestra distancia.   -Y te juro que lo voy a obtener. ¿Me estas retando? - me cuestionó   -Si, lo estoy haciendo-   -Entonces luego no te quejes, no te quiero ver llorar más tarde- me contestó fulminándome con la mirada.   -Siento interrumpirlos. ¿Como esta señor Lombardo? - llegó hacia nosotros el director del instituto.   -Bien, ¿director, que se le ofrece? - lo cuestionó de inmediato Salvatore.   Esa actitud prepotente que tenía, ese mando en su voz, esa mirada y ese carácter no antes visto, me sorprendía cada vez más en este hombre.   -Permítame a la señorita Evans diez minutos. Necesito hablar con ella sobre el premio- le dijo el director al mafioso.   Salvatore lo miró por unos segundos, luego miró su reloj brillante en su muñeca.   -Tiene cinco minutos, muévase- le dijo este dejándome con la boca abierta.   ¿Hasta al director lo trataba como le daba la gana? ¿El mundo era de el?   Ambos nos dirigimos a la oficina del director, donde cerró la puerta y me invitó a tomar asiento.   -Bien querida, lo primero es que te felicito. Yo sabía que no nos ibas a defraudar. Aposté por ti- me dijo con una amplia sonrisa.   -Muchas gracias, Sr. director- le contesté con media sonrisa.   -A partir de mañana comenzaremos con el proceso del distrito donde representaras todo el instituto. La gente está muy emocionada por verte pintar. Eres una estrella- me halagó   -Como que mañana? - le pregunté sabiendo que ahora no estaba en mis manos lo de yo querer hacer las cosas cuando me pareciera.   -Si, tu no necesitas preparación de nada. Tú sabes todas las técnicas para hacer una buena obra. Si puedes dar hasta clases en este instituto- me dijo riendo a carcajadas   -Señor, no me siento preparada como para hacerlo tan pronto- le dije buscando excusas.   Claro que me sentía preparada. Yo me había estado esculpiendo poco a poco para todo lo que se me presentara. Creía en las oportunidades, sabía que vendrían hacia mí. Por eso siempre me preparé cada día que pude y no me arrepiento de ello, pero esta vez cuando la suerte tocó a mi puerta las cosas estaban fuera de mi alcance, esta vez no decidía por mí. Salvatore me tenía secuestrada y dudo mucho que mañana me deje venir como si estuviera en mi libre albedrío.   Se puso de pie y se acercó a mí. Intentó acariciar mi rostro, pero le detuve su mano.   ¿Qué pasa Elira? ¿Si te dejas acariciar la espalda de Salvatore, pero a este le huyes?   Me miró enojado.   -Que te sucede Elira? - me cuestionó Molesto.   -No me toque- le advertí levantándome de la silla.   Intenté marcharme, pero me tomó por el brazo y me hizo presión junto a su cuerpo.   Pude observar su asqueroso bigote descuidado y sentir su gran barriga chocar con mis huesos.   -Suélteme! - le grité queriendo zafarme de su agarre.   -Que te crees?! ¡Piensas que es cierto que ganaste solo por tu talento! ¡Yo hice que ganaras! No seas estúpida- me dijo apretando más fuerte el agarre en mi brazo mientras se apegaba a mi cuello y lo besaba sosteniéndome de manera muy brusca.   Lagrimas corrieron por mi mejilla, no podía ser cierto que me estuvieran pasando cosas tan horribles.   -Suélteme! - le grité golpeando su entrepierna.   Lo escuché gritar de dolor, pero enterró sus manos en mi cabello y tiró de él agarrando sus bolas y desabrochando su correa.   Me iba a violar.   -Suélteme! - volví a gritarle forcejeando con él nuevamente sintiendo mucho dolor en mi cuero cabelludo.   La puerta se abrió de golpe entrando un Salvatore muy enojado, con sus manos hechas puños, muy rojo. Detrás de él también lo acompañaban los dos escoltas que nos habían traído desde la casa en donde me tenía secuestrada.   El director de inmediato me soltó de los cabellos y trato de arreglar su correa.   -No es lo que cree- le dijo a Salvatore alzando las manos.   En cuestión de segundos se le tiró encima tumbándolo al suelo golpeándolo una y otra vez con tremendos puñetazos en su rostro, mientras que sus hombres lo intentaban separar yo solo podía cubrir mi boca y llorar.   -Es un miserable hijo de perra! ¡Siempre lo supe! - le gritó Salvatore escupiéndole en su rostro ensangrentado.   Sacó de detrás de su chaqueta una pistola y sin perder el tiempo, le disparó.   Me quedé esperando escuchar el sonido, pero nunca sonó. El arma tenía un silenciador.   Me ahogué en mis lagrimas viendo que el balazo había sido entre ceja y ceja mientras un fino chorro de sangre se escurría por su frente, sus ojos se habían quedado abiertos y su cuerpo sin vida.   Los ojos de Salvatore buscaron los míos, cual por primera vez me sentí con la necesidad de corresponder a su mirada.   Sin embargo, sus brazos me rodearon de improvisto llenándome de calor mientras se aferraba a mi cuerpo y acariciaba mi cabello con delicadeza. No pude evitar no abrazarlo con fuerza.   Cerré mis ojos sintiéndome a salvo por primera vez en toda mi vida.   -Shshshsh ya pasó, ya estas a salvo conmigo. Estoy aquí contigo, muñequita-
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