Capitulo 3

2073 Words
Elira narrando   Inicio del flashback   La noche estaba preciosa como para salir a caminar, cerca de mi habitación para universitarios quedaba un pequeño parquecito que tenía una hermosa vista y allí recurrí a tomar aire fresco, conmigo me llevé mi cámara para captar alguna belleza natural y luego pintarla.   Todo estaba muy solitario, no se escuchaba ni un grillo. Hoy había una fiesta donde muchos estudiantes iban asistir en el bloque 6, pero ya saben, a mí no me gustaban esas cosas. No era amante del alcohol y escuchaba música, pero no muy alta. ¿Y entonces, a que iría yo si no tengo compañero alguno con quien disfrutarla?   Tampoco era yo de muchas amigas, apenas socializaba en los grupos de trabajos y tareas, más nada. Todo mi tiempo libre lo invertía en las cosas que me apasionaban, lamentablemente la vida no me daba muchas opciones como para yo ser como otras mujeres de mi edad.   Aunque no vayan a creer que soy aburrida, a mis 23 años era alguien muy libre, usaba la ropa que me diera la gana, llevaba mi cabello como así lo quisiera, escuchaba todo tipo de música, me gustaba bailar, sabia ser provocativa y sobre todo me gustaba ser feliz. Yo odio la gente malhumorada.   Al llegar al pequeño parque, me senté de espaldas hacia la calle en uno de los bancos, concentrándome en lo fresca que estaba la noche, disfrutando de la brisa que jugaba con mi cabello.   Respiré hondo y cerré mis ojos apreciando la tranquilidad de todo el lugar, sin embargo, aquella paz me duró muy poco, de un segundo a otro sentí que no pude respirar por el paño que habían colocado en mi nariz haciéndome mucha fuerza por detrás sin poder zafarme ni gritar.   Fin del flashback   -NOOOOO! - grité desesperada despertándome toda sudada con lágrimas en mis mejillas, el corazón latiendome a mil y la respiración agitada.   Otra vez había vuelto a soñar la forma en la que me secuestraron.   Miré a mi alrededor agradeciendo que estaba sola. No recuerdo como terminé dormida anoche después del enfrentamiento con Salvatore. Solo sé que me dormí, pero más nada.   Mi cabeza requeté dolía, no aguantaba mi garganta y me sentía algo mareada. Sin embargo, miré mis muñecas, no había marcas y no me dolían.   Inmediatamente me recordé de Salvatore curando de ellas con aquellas presas de hielo y lo que puedo pensar es que, es lo único bueno que ha hecho.   ¡¿Que mierda dices Elira?! ¡Fue el quien te amarró a la cama como una rehén, fue el quien te hirió! No te desenfoques.   La puerta se abrió, inmediatamente sequé mis lagrimas lista para verlo pasar, pero no era él.   Una chica de cabello rizado, ojos negros, piel blanca y de baja estatura pasó a la habitación con media sonrisa en su rostro.   En sus manos llevaba unas bolsas, me miró apenada pero aun así se acercó a mí y se sentó al borde de la cama.   Hasta ahora era la única persona que había visto entrar a mi habitación, obviando al mafioso y a la muchacha de servicio que venía a traerme la comida.   -Hola Elira, ¿cómo estás? Tal vez no debería de hacerte esta pregunta, pero, yo quiero que tu estés bien. Mi nombre es Alicia, soy amiga de Salvatore- me dijo con una voz muy dulce.   -Hola Alicia- fue lo único que pude decirle.   Si era amiga de él, también era como él.   -He venido a traerte unas cuantas cosas, en especial la ropa de esta tarde para tu concurso. La he escogido con mucho cariño para ti, Salvatore me envió una foto tuya y creo que el vestido que escogí te quedará hermoso. Eres aún más bella en persona. También te traje unos cuantos cosméticos y utensilios para el cuidado personal de nosotras las mujeres. Él ya luego saldrá contigo a comprarte todo lo que vas a necesitar para vivir aquí- me habló   -Gracias- le contesté sin mucho ánimo.   ¿Habían leído eso?  Me va a llevar a comprar las cosas que necesito para quedarme a vivir aquí. ¿Quién le había dicho que yo quería estar acá?   Sentí mis ojos aguarse. Mordí mis labios para contenerme.   -Oye... no te pongas así...- me dijo mirándome con cierta pena.   Cuanto odiaba eso.   -Ayúdame a salir de aquí, te lo suplico- le dije mirándola a los ojos desesperada.   -No puedo, no puedo Elira- me dijo agachando su cabeza.   -Yo también fui secuestrada. El hermano de Salvatore es mi esposo hoy en día- me dijo haciéndome quedar boquiabierta ante aquella confesión.   ¿O sea que estas cosas eran normales en esta familia? No puede ser...   Sentí mis lagrimas caer por mi mejilla. Ya empezaba a odiar esta lloradera en mí misma.   -Y ves eso como algo normal? ¿No sabes que va en contra con el derecho de la mujer? Ya no estamos en los tiempos donde nos entregaban a los hombres sin poder tener otra opción que irnos con ellos. Ahora tenemos la virtud de elegir, y ¿enserio pasa esto? - le cuestioné mirando como agachaba su cabeza.   -Te cuento que también pienso igual que tú. Enzo, mi esposo ahora, cuando me secuestró me cambió la vida por completo, pero aprendí amarlo y cambié muchas doctrinas. Esta familia lo que tiene, es que está falta de amor- me dijo haciéndome negar con la cabeza.   -No no no. Esta gente lo que está es falta de que alguien los ponga en su puesto y les enseñe que nadie puede tratar a la mujer como a una mascota. Esto no es vida, me tenía atada a esta cama como si fuera un perrito. Me ha dicho que ya no seré libre y que mi vida y mi destino dependen de él. ¿Como se supone que tome todo esto con calma? - le pregunté algo exaltada.   - ¡Si yo pude, tú también! Simplemente sigue sus órdenes y más nada, cuando tengas su confianza entonces será mucho más fácil que cambies las cosas. Desde que me secuestraron Enzo me obligó a casarme con él y confieso que fue horrible porque me lo quitó todo, pero poco a poco lo he vuelto otra persona y hoy en día él no me priva de mi libertad y de hacer lo que me gusta. Es solo cuestión de amor- me dijo mirándome a los ojos con una media sonrisa.   Pero por Dios...   -Si es por falta de amor, lo pueden buscar de otra forma y no a la fuerza. ¡Un secuestro es ILEGAL! Pero vale, ya entendí todo lo que me has dicho, es obvio que no voy a salir de aquí- le dije dándome por vencida sabiendo que nadie estaría dispuesto a ayudarme.   Ella se levantó de la cama y me miró con aquellos ojos brillantes que no parecían para nada pasar por angustias o sufrimientos.   -Elira, fue un placer conocerte, pero ya debo irme y tú debes de comer e iniciar a preparar tu mente para lo de esta tarde- me dijo muy amable.   -Gracias por las cosas que me trajiste- le dije apenada.   -No hay de qué, nos veremos pronto- me dijo dispuesta a salir de la habitación.   - ¿Oye, Alicia? - dije su nombre impidiéndola avanzar.   Me miró esperando mi pregunta.   -Eres feliz? -   -Tu felicidad siempre dependerá de ti y de la manera en que adaptes tu mente. Pero sí, soy feliz- me contestó y se marchó.   Me quedé pensando en aquellas palabras que me había dicho. En sí, en nuestra conversación completa.   Miré las bolsas que me había traído y me di cuenta de que aquella muchacha me había calmado en cuestión de segundos, cuando me dijo "Si yo pude, tú también"   Está claro que podré, es solo que no me voy a enamorar. Voy a jugar hacerlo, él quiere mi atención, por eso me secuestró, ¿verdad?   Soy un capricho, ¿no?   Yo le voy a dar lo que quiere, de eso se trata todo. Como solo es atención lo que quiere, cuando la obtenga seré una del montón y me dejará marchar.   Salvatore narrando.   -Esa chica está muy mal, lo sabes- escuché a Alicia reprenderme una vez más con el mismo comentario.   -Yo sé lo que estoy haciendo, ella está sufriendo porque así lo quiere. No se deja llevar- le contesté   -Pero acaso eres loco? ¿Como piensas que se va a dejar llevar? Solo tiene horas aquí y está muy asustada. Además, ¿qué crees? ¿Qué pareces un príncipe azul? La tenías atada a la cama, la secuestraste, ¡le has metido terror! - me dijo algo exaltada.   -Y acaso eso no fue lo que hizo Enzo contigo? Y hoy mírate. Llevas un anillo de casada en tu dedo y quieren intentar tener hijos. No me juzgues por lo que soy. Yo ya resolveré esto a mi manera. Gracias por acercarte a ella hoy y llevarle esas cosas que necesitaba. Le hacía falta una fémina- le contesté saliendo de mi despacho subiendo las escaleras.   Respiré profundo pasando mis manos por mi cabeza.   Sin embargo, abrí la cerradura de la puerta de la habitación en que tenía a Elira.   De inmediato al verme pasar, se envolvió aún más en su toalla envuelta alrededor de su cuerpo. Estaba sentada en el borde de la cama con una coleta alta, apretando sus labios con una cara de preocupación.   ¿Qué esperas? ¿Que este sonriente?   Sus ojos me analizaron de arriba hacia abajo, si, al igual que yo lo hice con ella.   La muñequita era muy delgada, apenas si no me equivoco pesaba unas 120 libras. Además de que no era pequeña, tenía un tamaño promedio que la hacía ver más flaca de la cuenta.   Parecía una de esas chicas top model de la tv, que no comían para no dañar su figura.   -Te vas a meter a la ducha? ¿Ya comiste? Necesitamos estar en el concurso en unas dos horas- le dije mirándola bajar su mirada.   -Si ya comí. Estaba a punto de darme una ducha, pero no he podido- me contestó con aquella hermosa voz que poseía, que no iba a nada acorde con su actitud de mujer empoderada.   La noté algo nerviosa.   -Estoy esperando que me contestes, Elira- le hablé al no escucharla decirme nada.   -Hay una lagartija en el baño y yo le tengo mucho miedo a esas cosas- me dijo aún sin mirarme.   No pude evitar sonreír para mis adentros.   -Y que te puede hacer una lagartija a ti? Son inofensivos esos animalitos- le dije negando con la cabeza.   -No lo puedes sacar? Porfa- me dijo cabizbaja   -Trae tus cosas y dúchate en mi baño- le contesté   Me miró de inmediato   -Y por qué no lo sacas? ¿Acaso tú también le tienes miedo? - me dijo mirándome con aquella picardía en sus ojos.   En sus labios podía mirar que estaba ansiosa por reírse, es solo que luchaba para no dejar salir la sonrisita.   -Como crees que le voy a tener miedo a una lagartija? Es solo que yo no sabría sacarlo a menos que lo mate y no quiero lastimarlo- le contesté   -Ajá- emitió sarcásticamente - Tan hombre para secuestrarme, pero no para sacarme una lagartija del baño- me dijo incitándome a cosas que no quería decir por el momento.   La nena no era nada fácil. Le gustaba contestar, no se quedaba callada a nada y siempre tenía que decir.   - Y acaso no quieres que te saque otra cosa? Te prometo que te haré olvidar que hay una lagartija en el baño- le contesté dando un paso hacia ella notándola ponerse roja de inmediato.   Miré la manera en que sus ojos observaban los míos, sus cachetes se habían tornado colorados y un largo suspiró salió de lo más adentro de su ser.   La admiré sin una gota de maquillaje, sin ningún objeto que adornara su cabello y sin nada que me impidiera ver lo natural y perfecta que se veía justo ahora con su cara de pánico, muerta de miedo y sin nada que decirme.   -Dirígeme a la habitación tuya, necesito comenzar a alistarme- fue lo que me contestó nerviosa.   -Ah sí? ¿Entonces si vas a querer que te la saque? - le dije mirándola a los ojos.   -Hablo, de que me guíes al baño de tu habitación, Salvatore- mencionó mi nombre por primera vez.   Maldición, que bien se sentía.   -Claro, con gusto, muñequita-
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