Austin y yo nos dimos una ducha rápida entre besos profundos y caricias furtivas que nos dejaron a ambos deseando más, pero no podíamos tardarnos demasiado, pues los niños nos esperaban del otro lado de la puerta, en mi habitación, bueno ahora es nuestra ya que no se separa de mí; para irnos al centro comercial. Salimos envueltos en toallas y pude escuchar el quejido de esos pequeños. —¿Aún no están listos? —Murmuró Brian— ¡Cuando lleguemos estará todo cerrado! —Aún es temprano, Brian. Son sólo las tres de la tarde. A las cuatro estaremos allá —responde Austin con tranquilidad—. Corazón —murmura y toma mi mano para encaminarnos a nuestro armario, nuestro porque ahora vive conmigo. Me seca el cabello con un secador y le sonrío agradecido mientras disfruto de sus caricias en mi cuero cabel

