—Corazón, ¿estás ahí? —Desde mi interior la ira se hizo presente y salí de la ducha chapoteando agua con mi ropa. Me deshice de ella y me coloqué una bata de baño. Tomé el picaporte de la puerta y suspiré antes de girarlo, abrir la puerta y sentir la imponente presencia de Austin frente a mí. —¡Eres un jodido bastardo! ¡Te odio! —Grité con todas mis fuerzas mientras golpeaba su pecho débilmente, sintiéndome usado, triste y por primera vez en estas semanas... Solo. —¡Damián! —Austin toma mis muñecas y comienzo a forcejear para que me suelte, pero es inútil, tiene mucha más fuerza que yo. —¡Suéltame! ¡No me toques! —Gruño con toda la rabia que siento y él parece notar que hablo en serio, pues en seguida aleja sus manos de las mías. Me paso las manos por el cabello, visiblemente frustrado.

