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Amor Accidentado con el CEO Rencoroso

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Blurb

Valeria Park pensó que había pasado la mejor noche de su vida, y que sería el comienzo de una gran aventura junto al amor de su vida, Austin Wilson. No se imaginó despertar sola en la cama de un hotel, ni que su novio desaparecería, mucho menos que su padre tendría un accidente, todo el mismo día. Era el “maldito” destino haciendo de las suyas. Su vida cambia drásticamente, llevándola a enfrentarse a desafíos y sacrificios dolorosos, incluso a dejar su hogar.

Años después, el “bendito” destino la hace regresar a su país y a una ciudad desconocida y caótica con una pequeña luz, que es su faro en tiempos oscuros y agitados, para enfrentarse a su pasado y a un trabajo desafiante.

¿Qué ocurrirá cuando descubra que su paciente es nada menos que su ex desaparecido?

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Capítulo 1. Dolor del pasado
Austin Cinco años atrás El día está realmente caluroso, casi insoportable. Corro lo más que puedo y logro subir al autobús que va directo al hotel en el que me espera el amor de mi vida. En mi bolsillo traigo la pequeña caja con aquel regalo que nos unirá en una promesa de amor con Valeria Park. De un momento a otro, el autobús frena de manera abrupta, mi mano pierde fuerza al punto de soltarme al instante, y termino siendo lanzado con un impulso brutal hacia el frente del automóvil. Un grito de dolor se escapa de mi boca cuando siento un golpe en mi espalda y un ardor insoportable en mi perna izquierda. —¡Señor, no se mueva! ¡No se mueva! Una mujer despeinada, con las manos ensangrentadas, intenta calmarme, pero hace todo lo contrario; me asusta. También me asustan los gritos que se escuchan alrededor, cada vez más claros y aterradores. —Me duele, me duele…—balbuceo por el dolor que siento atravesar todo mi cuerpo cada vez con más intensidad. Mi mirada nublada se dirige hacia mi pierna y es cuando descubro un escenario terrible. Mi pierna izquierda está atravesada por uno de los tubos del camión. —No, no, no… —Tranquilo, señor. No se mueva, ya viene la ayuda, lo van a ayudar, lo van a salvar. A pesar del dolor y de cómo estoy, solo puedo pensar en una persona, en ella que me está esperando… —No, Val, Valeria. Intento moverme, pero el dolor es mucho peor, haciéndome gritar de manera desgarradora. Cientos de pedazos de cristal rasgan y atraviesan mi espalda. —¡No se mueva, más! Su espalda está llena de vidrios, se va a lastimar, más— la mujer me pide entre lágrimas de desesperación, también me grita que no cierre los ojos, que resista, pero mi cuerpo no puede con tanto dolor, siento que voy a morir. —¡Ayuda! ¡Hay un muchacho herido aquí! ¡Está muriendo! — grita la mujer con angustia. Mis ojos se llenan de lágrimas al sentir que poco a poco me desvanezco entre el dolor. —Val, lo siento. No quería dejarte sola…—susurro con la voz quebrada y con lágrimas en los ojos, hasta que todo se vuelve oscuridad. *** Valeria Park Cinco años después A cada paso que doy mi corazón se acelera más. Volteo para todos lados, observando con nerviosismo, después de salir de la oficina del primer piso de una mansión bastante tétrica. Cada rincón está lleno de frialdad y soledad, de tristeza y de ese sentimiento de abandono que da pesar. Aún no conozco a mi paciente y ya presiento por qué no se ha recuperado. Vivir en este lugar es desalentador. Un nudo se instala en mi garganta. No solo es la casa, es la ciudad… Chicago es deprimente, nada comparado con la luz y calidez de California. Respiro hondo. No puedo dejar que la negatividad gané en mi primer día de trabajo. Poco a poco me voy llenando de confianza. “Espero poder ayudar a mi paciente. No, lo haré, lo ayudaré para que recupere las ganas de vivir”, me prometo internamente. —Es aquí, señorita Park. Tengo que advertirle que estos años han hecho que mi nieto sea una persona difícil, pero en el fondo es una buena persona— dice con pesar el señor Wilson frente a una gran puerta de caoba en la planta baja de la mansión. Su rostro se transforma en una tristeza profunda. —Le aseguro, señorita… Doctora Park, que debajo de esa fachada arrogante y grosera hay un gran corazón. Un corazón que espero que sane—su voz se quiebra. Puedo notar un par de lágrimas que limpia con sus manos temblorosas. Sostengo su mano con ternura, como una manera de darle consuelo. Lo entiendo perfectamente… Sé lo que se siente el dolor de ver a una persona que amas herida. Muerdo mi labio cuando recuerdo a mi padre en el hospital, en esa cirugía peligrosa que atravesó después de ser víctima en un accidente grave en el centro de la ciudad… Ese maldito día. Ese día en que mi vida cambio totalmente. En el que también rompieron mi corazón. Sonrío con tristeza al darme cuenta de tantas similitudes que comparto con el señor Wilson y su nieto: corazones rotos, accidentes y tristezas. —Perdón, siempre me pongo muy sentimental al hablar de mi niño. Pero no le haga caso a este viejo sensible. Vamos para que lo conozcas… Un último detalle parece vagabundo, pero en sus mejores años era muy guapo, se parecía a mí de joven. — dice orgulloso. Aunque esa broma hace que la tristeza y la tensión del momento se disipen. Una pequeña risa se me escapa. Este viejecito es realmente agradable y adorable. Al abrir la puerta y caminar hacia el interior, un vaso de cristal vuela en mi dirección. —¡Cuidado! — un chico logra hacerme a un lado. El vaso se quiebra al chocar con la pared que está detrás de mí. —¡Fuera todos! — grita el sujeto violento. —¡¿Qué es esa actitud tuya?! ¡Tenemos visitas y tú te comportas como un vagabundo violento! ¡Date la vuelta! — grita el señor Wilson totalmente enfurecido. El hombre de cabello rubio, largo y descuidado, sentado en una silla de ruedas, se da la vuelta poco a poco. No puedo quitar mi mirada de él. Sus rasgos se me hacen bastante conocidos, pero se esconden detrás de un bigote y una barba salvajes. Él tiene los ojos cerrados, respira profundamente varias veces para calmarse. “¿Qué lo habrá puesto tan mal?”, me pregunto. No puedo evitar esa sensación de preocupación y dolor por ese hombre desaliñado. Ni siquiera sé por qué, en otro momento me hubiera asustado su actitud y reconsideraría trabajar aquí, pero algo me impide hacerlo. El rubio abre lentamente sus ojos y me mira directamente. El shock inicial por el vaso queda en segundo plano cuando reconozco esos ojos verdes… Los reconocería en cualquier lugar, hasta en la otra vida o mil vidas más. Es Austin Wilson, el hombre del que me enamoré perdidamente, con quien pensé que pasaría toda mi vida… Al final, fue quien me dejó sola en un hotel, que desapareció y que jamás volvió a contactarme, como si yo no valiera nada. Sus ojos también reflejan una tormenta de emociones y recuerdos después de la sorpresa. —¿Valeria?

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