En la soledad de su celda, Nyxara observó los pequeños fragmentos de cristal n***o que había logrado mover esa noche. A pesar de su creciente habilidad, no sonrió — Esto no es para hacer daño — se recordó a sí misma, su voz apenas un susurro — Algún día, demostraré que no soy lo que dicen —
Y mientras las sombras se movían suavemente a su alrededor, como un abrazo silencioso, Nyxara se prometió que encontraría la manera de ganar el amor de aquellos que ahora la despreciaban. Por ahora, continuaría esperando. Porque incluso en la oscuridad más profunda, Nyxara creía que había lugar para la esperanza.
Un día, en medio de la desesperación, cuando los grilletes de hierro le cortaban las muñecas y el hambre la consumía, Nyxara miró al techo de su celda y susurró con una voz temblorosa, pero firme —Si este es mi destino, entonces que sea la oscuridad quien me guíe. Ya no voy a pedir permiso para ser yo misma —
Y fue entonces cuando las sombras respondieron. A partir de ese momento, algo cambió. Las sombras se sintieron más densas, más presentes. Nyxara comenzó a experimentar un control más firme sobre ellas, y la conexión con su poder oscuro parecía más profunda, más natural. Los guardias se habían olvidado de ella, aparecían muy pocas veces, por lo que ella tenía la oportunidad de usar su magia sin restricciones, su poder crecía a cada paso y ni el cristal era una forma de impedirlo. Ahora ese cristal también le pertenecía
Sin embargo, Nyxara sabía que debía ser cuidadosa. Si revelaba demasiado de su poder, sería aún más temida y odiada. Si usaba la magia oscura de forma imprudente, perdería la oportunidad de encontrar su lugar en el mundo, el lugar donde podría finalmente ser aceptada. Pero mientras tanto, se aferraba a su promesa: ser buena, ser obediente, ganar el amor de aquellos que la habían abandonado.
Las sombras que una vez la protegían con ternura y fidelidad, ahora las mantenía cuidadosamente ocultas, sabiendo que cualquier muestra de su magia oscura sería vista como una amenaza. El cristal n***o que alguna vez la había aprisionado, ahora era parte de su ser. Lo controlaba con la misma naturalidad con la que respiraba, su poder fluía a través de ella como una corriente subterránea, lista para desatarse en el momento adecuado. Sin embargo, la joven sabía que el desatar su magia conllevaba un precio demasiado alto, y esa certeza la mantenía en una constante lucha interna. Había aprendido, a duras penas, que la violencia solo traía más violencia, que la oscuridad solo le devolvería dolor. Pero a la vez, esa misma oscuridad se sentía como su única amiga.
El sonido de las pesadas puertas de la celda interrumpió su solitaria meditación. Nyxara levantó la cabeza lentamente, sus ojos oscuros reflejaban un mar de emociones contenidas. A pesar de todo lo que había pasado, aún había algo de esa niña en ella, una parte que no podía dejar ir.
El rey Trevan entró en la celda sin pronunciar palabra. Su presencia era siempre intimidante, su postura erguida y autoritaria, como un monarca que no tenía lugar para la duda o la misericordia. En sus ojos había algo que Nyxara no lograba leer completamente, una mezcla de indiferencia y determinación. Caminó hacia ella, y por un momento, los dos se miraron en silencio. La joven mantenía su mirada baja, obediente, como siempre había sido. Su padre nunca había mostrado afecto, pero en esos pocos segundos, algo dentro de Nyxara deseó que lo hiciera.
— Levántate — ordenó el rey con voz fría
Nyxara obedeció sin cuestionar. Sus manos, aún encadenadas, temblaron ligeramente al levantarse. A pesar de la fortaleza que había adquirido con los años, la incertidumbre sobre lo que le esperaba siempre la hacía sentir vulnerable
— He arreglado un matrimonio para ti — dijo el rey, sin más preámbulo — Serás llevada al palacio. Y te casarás, al fin podré deshacerme de ti —
Nyxara sintió como un peso caía sobre su pecho. En algún rincón de su mente había imaginado que este día llegara, pero ahora que finalmente ocurría, la sensación de impotencia era aplastante. La idea de casarse no le preocupaba tanto como el hecho de que su esposo la viera como una maldición nuevamente. Durante años había estado esperando que alguien viniera a liberarla, alguien que la viera por lo que realmente era, pero ese día nunca llegó
— ¿Puedo saber quién será mi esposo? — pregunto la joven de ahora 17 años con cautela
— Te casarás con el príncipe Killian —
Nyxara había escuchado lo terrible que era el príncipe de los vampiros, tenía poca información al respecto, pero no estaba segura de que ese fuera el camino que deseaba tomar. El príncipe de los vampiros era alguien cruel y oscuro, y ella había pasado todo ese tiempo tratando de no sucumbir a su oscuridad, ¿Soportaría estar a su lado?
— ¿Por qué? — preguntó en un susurro, su voz quebrada por la tristeza contenida — ¿Por qué debo casarme? —
El rey no respondió de inmediato. En cambio, sus ojos se entrecerraron y su expresión se tornó más severa. Sabía que Nyxara estaba tratando de entender, de encontrar alguna rendija de humanidad en su padre, pero ya no quedaba nada de eso
— Porque es lo que te corresponde, y porque si te niego este destino, la guerra vendrá por nosotros. El matrimonio con un príncipe vampiro es nuestra única opción para salvarnos. Entiende que si haces cualquier movimiento en falso, si tratas de oponer resistencia, no te lo perdonaré —
— ¿Qué pasa si él no me quiere? — preguntó ella
— Entonces harás lo posible para que te quiera, ese es el último deseo de tu madre… — Trevan hizo una pausa evaluando el rostro de su hija, que ahora parecía sin emociones — Haz esto bien, y dejaré que te presentes al funeral de tu madre —
Nyxara sintió un bloque sobre su pecho… Su madre estaba muriendo eso era claro — ¿Podré verla? — Preguntó, con la esperanza de ver nuevamente a su madre, aunque esa fuera la última vez
— Sólo si consigues que el príncipe te acepte —
Las palabras fueron como dagas en el corazón de Nyxara. La amenaza de perder a su madre, de no poder verla nunca más, hizo que su voluntad se quebrara, aunque fuera solo por un instante. Se inclinó ante su padre, sus ojos se llenaron de lágrimas reprimidas, pero no las dejó caer
— Obedeceré — murmuró, con la cabeza agachada. La promesa que había hecho, de ser buena y obediente, aún la mantenía atrapada, aunque sabía que era solo un espejismo. La verdadera razón de su sumisión ahora era más amarga que nunca: si desobedecía, perdería la última conexión que le quedaba con su madre.
El rey observó su sumisión con una expresión que no expresaba ningún tipo de remordimiento. Para él, la decisión estaba tomada, y no había lugar para la duda — Te llevarán al palacio mañana — sentenció, y sin decir más, dio media vuelta y se dirigió hacia la puerta — No intentes nada. No tengo paciencia para tus juegos —
La puerta se cerró con un estrépito detrás de él, y Nyxara se quedó sola en la fría celda, su cuerpo rígido y sus manos aún encadenadas. La oscuridad la rodeaba, y por un momento, la joven cerró los ojos, buscando consuelo en las sombras que siempre la habían protegido.
***
La princesa Olyvier, que ya había cumplido 18 años, estaba más nerviosa de lo habitual. Sabía que pronto tendría que darse una respuesta a Killian y Kaelor respecto a quién sería elegida como su prometida. Durante los últimos seis años, las historias sobre la crueldad de Killian no habían hecho más que aumentar, mientras que la fama de Kaelor como un mujeriego empedernido también se había consolidado.
Olyvier no estaba de acuerdo con ningún convenio matrimonial, pero había observado a Kaelor en varias ocasiones y había llegado a una conclusión: podría tolerar una vida a su lado como esposo — Prefiero cualquier cosa antes que casarme con un vampiro — murmuró para sí misma mientras se miraba al espejo, cepillando su largo cabello con manos temblorosas
La voz de un sirviente interrumpió sus pensamientos. Habían llamado a su presencia. Era el día en que su destino sería decidido, y la ansiedad la invadía como nunca. Con el corazón latiendo con fuerza, Olyvier cruzó las grandes puertas de la sala del trono. Allí estaba su padre, el rey Trevan, reunido con el consejo real
— Entra, Olyvier. La decisión ya ha sido tomada — anunció su padre, con una expresión grave en el rostro — Debes prepararte. En unos días, el príncipe Killian vendrá por ti —
Las palabras cayeron como un golpe — ¿Qué? — susurró al principio, antes de alzar la voz con incredulidad — ¡No! Padre, no puedes entregarme a ese monstruo —
El rey suspiró, pasando una mano por su rostro, visiblemente cansado — Es una decisión tomada, Olyvier. Si no aceptamos este matrimonio, el reino de los vampiros nos destruirá sin piedad. Por más alianzas que tenga Kaelor, no intervendrán para salvarnos... aún somos un reino menor —
La frustración y el miedo se apoderaron de la princesa — ¿Por qué yo? ¿Por qué no enviar a alguna de mis hermanas? — protestó, cruzándose de brazos. Era un grito egoísta; había crecido demasiado mimada para aceptar semejante imposición sin luchar
Uno de los consejeros intervino con voz seca — Debe ser usted, Alteza. Es la primera princesa, la única opción digna para un compromiso de esta naturaleza —
Olyvier soltó una carcajada amarga, llena de desprecio — ¡Pues no lo haré! Prefiero casarme con Kaelor. Dale al príncipe Killian algo tan podrido como él — chilló, cruzando los brazos con altivez — ¿Por qué no le entregas a tu hija maldita? Encajarían perfectamente —
Las palabras cayeron como una piedra en el salón. Un murmullo incómodo recorrió a los presentes. La sugerencia de Olyvier, aunque cruel, abrió una posibilidad que nadie había considerado
— Entregar a esa niña sería catastrófico — comentó uno de los consejeros, con evidente temor
— Pero podría ser una solución útil — intervino otro — El príncipe Killian no suele conservar a sus prometidas por mucho tiempo. Podríamos mantener la neutralidad si ofrecemos una alternativa, mientras la princesa Olyvier asegura la protección del reino casándose con Kaelor —
Trevan frunció el ceño, sumido en pensamientos oscuros. Su esposa, Celestia, no viviría mucho tiempo más, y la existencia de Nyxara siempre había sido un peso para él —Tal vez pueda aprovechar esto —Murmuró para sí mismo. Finalmente, levantó la mirada hacia Olyvier — Bien, te casarás con Kaelor. Pero tendrás la responsabilidad de garantizar que este reino esté protegido por sus alianzas —
El rostro de Olyvier se iluminó. Había logrado librarse del destino que tanto temía — Por supuesto, padre. Haré lo mejor que pueda — respondió, ocultando con esfuerzo la emoción que la embargaba. Después de todo, Kaelor era guapo, y aunque su reputación como mujeriego la inquietaba, estaba segura de que podría manejarlo
Más tarde ese mismo día, el rey Trevan se dirigió al bosque oscuro, al lugar que albergaba la prisión de su hija bastarda. La niña maldita, Nyxara, sería su moneda de cambio con los vampiros.
Al entrar en la prisión, un escalofrío recorrió su cuerpo. La atmósfera estaba cargada de oscuridad, como si la maldad misma hubiera echado raíces en ese lugar. Uno de los guardias se acercó a informarle — Majestad, la niña apenas se mueve últimamente. No grita ni lucha... parece un cadáver —
Trevan asintió con frialdad, sus labios curvándose en una mueca de desprecio — Ojalá estuviera muerta. Así tendría un problema menos del que preocuparme —
Se acercó a la celda y, aunque no podía verla en la penumbra, podía sentir su presencia, una fuerza inquietante y salvaje que parecía respirar desde las sombras. Esto solo reafirmó su decisión —Prepárenla — ordenó a los guardias — Mañana partirá hacia su nuevo destino —
Nyxara, la hija que nunca quiso sería ofrecida al monstruo. Para Trevan, era un movimiento calculado: si Killian la destruía rápidamente, ganaría tiempo y neutralidad en el conflicto. Y si no... bueno, las probabilidades aún estarían a su favor