Una energía extraña

1901 Words
Mientras tanto, Kaelor percibía el temor de Olyvier y se deleitaba con ello, sabiendo que su intimidación podría ser un arma poderosa en las negociaciones, el temor que Killian les provocaba era un arma a su favor. Sin embargo, su alianza con los elfos y magos lo hacía más perspicaz; había rumores de una niña maldita en el reino de las hadas, y aunque no era su prioridad, sabía que cualquier ventaja mágica, incluso una maldición, podía ser explotada, si dejaba a alguien así en manos de Killian, sería el fin de cualquiera El conflicto político no hacía más que intensificarse. Los consejeros del rey discutían a puertas cerradas, intentando analizar cuál de los dos príncipes representaba el menor de los males. Mientras tanto, la princesa Olyvier permanecía en su cámara, aislada y aterrada por el futuro que se avecinaba. La elección de Trevan no solo sellaría el destino de su hija, sino también el del reino entero. La sala del trono estaba en silencio, excepto por el suave crujido de la madera bajo el peso de la tensión. El rey Trevan, sentado en su trono de plata adornado con motivos florales, miraba con semblante sereno a los dos príncipes frente a él. Sin embargo, por dentro, su mente era un torbellino de estrategias. El tiempo era su única esperanza de evitar un conflicto que inevitablemente destruiría su reino, pero ambos príncipes eran conocidos por su impaciencia Con una voz firme, Trevan se dirigió primero a Killian — Príncipe Killian, vuestra propuesta es, sin duda, una oportunidad tentadora. Los dones de vuestra r**a han probado ser efectivos en la defensa y expansión de territorios. Sin embargo, mi hija, la princesa Olyvier, es aún una niña. Tiene solo doce años, y como padre y rey, no puedo entregarla a un matrimonio hasta que alcance una edad apropiada ― Killian ladeó la cabeza, sus ojos carmesíes observando a Trevan con una mezcla de curiosidad y desconfianza — ¿Insinuáis que mi propuesta carece de la delicadeza suficiente para una niña? —preguntó con un tono que era tanto una broma como una amenaza velada Trevan no permitió que la provocación lo desestabilizara — Nada más lejos de mi intención. Estoy considerando lo mejor para mi hija, así como el bienestar a largo plazo de nuestro reino. Propongo que discutamos este compromiso nuevamente cuando la princesa cumpla los dieciocho años ― Kaelor, quien había permanecido en silencio mientras jugaba con el filo de una daga, levantó la mirada con interés — Seis años son mucho tiempo, rey Trevan. ¿Cómo podemos garantizar que vuestra palabra no sea simplemente una forma de ganar tiempo y posponer una decisión inevitable? ― Trevan respiró hondo. Esta era la pregunta que había anticipado. Con su tono más solemne, respondió — Soy consciente de que mi decisión influirá en el futuro de mi reino, y no la tomo a la ligera. Por ello, propongo que ambos príncipes reciban un gesto de buena fe: que el reino de las hadas abra sus puertas para comerciar y compartir recursos con ambos bandos durante este tiempo. Esto fortalecerá nuestras relaciones y demostrará que actuamos con sinceridad ― Killian esbozó una sonrisa fría — Comercio y recursos… Un precio bajo por seis años de espera. Sin embargo, me intriga la idea de observar cómo evolucionará vuestro reino en ese tiempo. Tal vez incluso algo más interesante que una princesa aparezca ― Kaelor gruñó en señal de desacuerdo, pero antes de que pudiera protestar, Killian agregó— Acepto la tregua, por ahora… ― Kaelor lo miró con desdén y finalmente se encogió de hombros — Si el vampiro está dispuesto a esperar, no tengo objeción. Pero, Trevan, no olvides que las alianzas deben ser claras. Si juegas a dos bandos, el precio será alto ― Con ambas delegaciones aparentemente satisfechas, Trevan logró lo que parecía imposible: ganar tiempo. Sin embargo, sabía que su tregua era frágil y dependía de mantener un delicado equilibrio entre ambas facciones Esa misma noche, la princesa Olyvier fue llamada a la cámara del rey. Se sentó frente a su padre, sus ojos grandes y llenos de incertidumbre — ¿Por qué aceptaste? — preguntó, su voz apenas un susurro Trevan se inclinó hacia ella, tomándole las manos — Hija, no había otra opción. Si rechazaba a cualquiera de los dos príncipes, su orgullo herido podría haber significado una guerra para nuestro reino ― Olyvier asintió lentamente, aunque el miedo seguía pintado en su rostro — No quiero casarme con el vampiro, ¿Qué pasará si continua? ― Trevan apretó sus manos con fuerza — Encontraremos una solución. Seis años es mucho tiempo, Olyvier. Tal vez para entonces… algo cambie ― Pero incluso mientras decía esas palabras, el rey sabía que su esperanza era tan frágil como un cristal a punto de romperse. Cuando las delegaciones de los vampiros y los lobos dejaron el palacio, ambos príncipes llevaban consigo la promesa de Trevan, pero también la certeza de que el reino de las hadas escondía más de lo que mostraba. La energía que inundaba el lugar era tan peculiar que no pasaría desapercibida Killian reflexionaba sobre las energías oscuras que había percibido en el palacio. Aunque no había encontrado pruebas concretas, estaba seguro de que algo más poderoso que la princesa Olyvier había habitado en ese lugar — Si lo que intuyo es cierto — murmuró para sí mismo mientras observaba la luna — este reino puede ofrecerme algo mucho más valioso que una alianza — Por su parte, Kaelor consideraba la posibilidad de que el rey Trevan estuviera mintiendo — Si intenta traicionarme — pensó mientras dirigía a su séquito hacia el bosque — no habrá lugar donde esconderse — Así, con ambos príncipes tramando sus propios planes, el reino de las hadas se convirtió en un tablero donde cada movimiento sería crucial para su supervivencia *** Nyxara pasó los primeros días llorando en silencio, sus lágrimas rodando por sus mejillas mientras intentaba comprender cómo su vida había cambiado tan drásticamente. Su cuerpo, ya débil tras la pérdida de sus alas, se marchitaba cada vez más con el frío implacable de la torre y la falta de alimento. Los guardias, siempre atentos a mantenerla bajo control, le daban solo las sobras mínimas para mantenerla viva, pero nunca lo suficiente para que recuperara fuerzas. Las sombras, aunque presentes, solo podían acompañarla. Pues al haber perdido sus alas su fuerza estaba demasiado mermada para hacer algo por ella. Convirtiéndola en un blanco fácil para los guardias de la prisión. Cada día, los guardias la sacaban de la celda para "recordarle" que era una amenaza para todos. Sus látigos, hechos de cuero trenzado mezclado con fragmentos de hierro, caían una y otra vez sobre su piel — Así es como se castiga a los monstruos — murmuraba uno de ellos mientras la azotaba, complacido con cada grito que arrancaba de sus labios Nyxara aprendió pronto que las lágrimas solo los animaban más. Así que dejó de llorar, dejó de gritar. Cada golpe era un recordatorio de su supuesto destino maldito, de la monstruosidad que decían que llevaba dentro. Las noches eran igual de crueles. La celda nunca tenía fuego, y el frío de las piedras negras le calaba hasta los huesos. Nyxara se abrazaba a sí misma, intentando preservar el poco calor que le quedaba, mientras su estómago rugía de hambre En más de una ocasión, soñó con los días en los que tenía su pequeña villa y la compañía de su madre, aunque incluso esos recuerdos estaban teñidos de dolor. Sin embargo, comparados con su existencia actual, parecían un paraíso Los días se convirtieron en semanas, las semanas en meses, y los meses en años. Durante ese tiempo, el dolor físico se volvió una constante en la vida de Nyxara. Las cicatrices comenzaron a cubrir su espalda y brazos, un mapa de sufrimiento grabado en su piel. A los trece años, Nyxara dejó de ser la niña asustada que había entrado a la prisión. Aunque su cuerpo era un cascarón marchito, su mente se endureció. Cada azote, cada noche de hambre y frío, forjaron una armadura invisible alrededor de su espíritu Los guardias lo notaron — Esa niña ya no grita, ni llora — comentó uno, mientras le daba un trozo de pan duro — Es porque ya no es una niña. Esa maldita está dejando que la oscuridad la consuma — Sin embargo, aunque Nyxara no entendía del todo lo que ocurría, sabía una cosa: había algo dentro de ella que los atemorizaba. Las sombras, aunque silenciadas, parecían moverse sutilmente cuando los guardias bajaban la guardia, como si estuvieran esperando el momento perfecto para liberarse Para cuando cumplió dieciséis años, Nyxara ya no era la misma. Sus ojos, antes llenos de inocencia y curiosidad, se habían endurecido, reflejando una mirada sombría y vacía. Su corazón, aunque aún latía, estaba marcado por un profundo vacío que la separación, el abuso y el abandono habían dejado en su lugar Había aceptado su destino, o al menos eso creía. Era un monstruo, una maldición. Si esa era la verdad, entonces no tenía sentido luchar contra ella. La prisión de Nyxara estaba diseñada para contenerla, con paredes de cristal n***o que anulaban la magia y cadenas de hierro que ataban su cuerpo. Allí, la oscuridad no era su refugio, sino un recordatorio constante de su encierro. Sin embargo, lo que sus captores no comprendían era que el tiempo había jugado a favor de Nyxara.. El cristal n***o, creado específicamente para anular la magia, era el mayor obstáculo para Nyxara. Al principio, su sola presencia le producía un dolor constante, una presión insoportable que parecía aplastar cualquier vestigio de su poder. Con cada día que pasaba, algo en ella cambiaba. Su magia oscura, una parte inseparable de su ser, comenzó a adaptarse al cristal. En lugar de combatirlo, lo aceptó, lo absorbió, hasta que dejó de sentir su efecto debilitante. Lo que una vez fue su prisión se convirtió en una extensión de su poder. Con el paso de los años Nyxara descubrió que podía controlar el cristal n***o. No de manera evidente, pero pequeños fragmentos comenzaban a responder a su voluntad. Podía moverlos, moldearlos, aunque siempre en secreto. A pesar de su creciente poder, Nyxara no permitió que la oscuridad consumiera su corazón. Recordaba las palabras de su madre, los pocos momentos de cariño que había conocido, y se aferraba a la esperanza de que, si demostraba ser buena y obediente, algún día los demás la aceptarían. Se prometió que no usaría su poder para hacer daño, que no dejaría que la oscuridad dictara su destino. Cada vez que los guardias la golpeaban, cada noche que pasaba temblando de frío, Nyxara cerraba los ojos y repetía su promesa — Seré buena. Algún día, me amarán — Durante los años de encierro, Nyxara cambió. Físicamente, las cicatrices en su cuerpo contaban la historia de su sufrimiento, pero internamente se fortaleció de maneras que nadie imaginaba. Cada golpe, cada insulto, cada noche solitaria, la preparaban para un futuro que aún la está esperando Su relación con la oscuridad era compleja. Era un refugio, una fuerza que siempre había estado ahí para ella, pero también era la causa de su aislamiento y sufrimiento. Por eso, se esforzaba por demostrar que no era un monstruo, que podía ser algo más que el destino al que todos querían condenarla.
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