Capítulo 13: Feliz como una perdiz

2125 Words
Un mes después Lunes, 22:33 pm. MATÍAS Salí de la oficina después de una jornada bastante pesada e iba a casa, pero de repente, me entraron unas ganas tremendas de coger como yo solía hacerlo. Quería quitarme esos deseos de follar durísimo a una mujer y de hacerla gritar de placer hasta quedarse sin voz. No obstante, era imposible, pues Eva aún no estaba lista. Siendo así, fui a un lugar, el que antes frecuentaba seguido para encontrar a las que serían mis sumisas y en el que solo iba gente adinerada, que se podían permitir pagar más de mil euros solo por una noche. Eso sí, con las mejores candidatas del sitio. Camila: — ¡Cuánto tiempo! Ya no te habías pasado por aquí — me saludó con una sonrisa. Me miró de pies a cabeza y se lamió los labios. — Dame alguna Camila: — Ya sabes donde encontrarlas — dijo y entré en la enorme sala. Mientras tanto, pensaba en lo que estaba haciendo yendo allí, pero lo dejé pasar. Luego, tomé de la mano a una de las chicas que estaban ofreciendo sus servicios, ni siquiera la había visto a la cara, simplemente la escogí. Chica: — ¿Cómo lo quieres y por dónde? Ya sabes que el precio varía Entramos a una de las habitaciones exclusivas que tenía el sitio mientras yo pensaba en Eva, no podía hacerle eso. Chica: — ¿Entonces? — preguntó, quitándose el vestido verde oscuro que llevaba, y este cayó al suelo — No puedo, lo siento Recapacité y salí de ahí. Subí a mi coche y me quedé mirando el volante. Las ganas que tenía de follar duro me invadían por completo, ya que desde hace varios meses no lo había hecho así ni vuelto a ser un sádico en el sexo. Sin embargo, al recordar a Eva, a esa mujer que me necesitaba, quien se estaba esforzando por volver a ser ella misma y que me quería, fue el motivo por el que me contuve y no me cogí a la rubia de hace un rato. Minutos más tarde, decidí regresar a casa. No tenía sentido estar en un lugar de ese tipo; después de reflexionar, estaba claro que no lo necesitaba. Al entrar en la habitación, vi a Eva durmiendo plácidamente, lo que me hizo sonreír al verla con el cabello revuelto porque eso quería decir que estaba durmiendo en paz. Además, eso también demostraba que estaba muy cansada, ya que pudo quedarse frita aún con la luz encendida. No podía traicionarla, porque ella ya era parte de mí. Ocupaba una gran parte, si no todos mis pensamientos. Entonces, la vi moverse; se había despertado. Eva: — Matías — dijo con la voz adormilada y los ojos entreabiertos al verme de pie en la puerta. — Lo siento por despertarte — dije acercándome. Eva: — Da igual, de todas maneras te estaba esperando, pero me quedé dormida — mencionó, y le acaricié el cabello. — Te amo muchísimo — dije, y ella sonrió. Eva: — ¿Por qué andas tan sentimental? — A veces ni yo me lo creo, pero tú me haces serlo Eva: — Yo también te amo — mencionó, poniendo su mano en mi nuca y haciéndome inclinar para darme un beso. — Ven, quiero dormir abrazada a ti — pidió, y me quité los zapatos para acomodarme a su lado derecho. — Te estaba esperando porque quería agradecerte por todo. Me has dado mucho todo este tiempo, y aún no te había agradecido. Te amo Su voz se fue desvaneciendo mientras se volvía a dormir, así que la abracé y puse su cabeza en mi pecho. Era justo lo que necesitaba en ese momento, su abrazo. Con ella, me sentía tan pleno que mi corazón, antes frío como la Antártida, se estaba descongelando. Hasta había bajado la barrera de protección que había mantenido durante tanto tiempo, como si supiera que con ella no había ningún peligro, como si se sintiera en armonía cuando ella estaba cerca. Eso no cambiaría. Eva era esencial en mi vida, y yo lo era en la suya, lo que me había convertido en un hombre con sentimientos, algo que jamás habría imaginado. EVA Miércoles. Paula: — Cariño, te veo más feliz Se acercó a mí y sonreí por lo que dijo. — Es que estoy feliz Paula: — ¡Uy! ¿Y eso? — Las citas con la psicóloga me han ayudado mucho Paula: — ¡Ay, cariño! No sabes cuánto me alegro por ti. Incluso, si quieres, podemos salir con las chicas esta noche y pasarlo bien — Pero no ibas a salir con Julián. Hoy es vuestro aniversario Paula: — ¡Es verdad! Bueno, ¿y si invitamos a nuestros maridos y salimos todos? Así nos presentas al galán que escondes — mencionó, empujándome en modo de broma. — ¿Cómo lo sabes? Paula: — Porque un día te vi con un hombre vestido de traje. No le vi el rostro, pero no me quise acercar porque os veíais tan felices — Pues sí, es mi galán Paula: — Pues invítalo y nos lo presentas — Tendré que preguntárselo Paula: — Entonces envíame un mensaje. Les llamaré a las chicas y quedamos esta noche — Vale 18:12 p.m. Fui a la casa de Matías, en la que ya me había mudado a petición suya, y me preparé para la noche. Me puse una falda de cuero negra que llegaba arriba de las rodillas, una blusa blanca y una chaqueta de cuero negra para completar el conjunto. En cuanto al maquillaje, solo un poco de rímel y un labial rojo no muy intenso. Por fin, podía vestirme como me diera la gana, y eso me hacía sentir mejor. También, había mejorado mucho mi salud mental gracias a la terapia. Además, no solo la psicóloga me había ayudado, también Matías había sido uno de los pilares fundamentales en el proceso. Él me hacía sentir amada, importante y segura, y eso, sin duda alguna, me ayudó mucho a seguir adelante y fortalecer mi autoestima, que había estado en el suelo por mucho tiempo. 18:24 p.m. Matías: — ¿Cómo estás? Entré a su oficina, me acerqué a él, y me miró de arriba a abajo, recorriendo mi cuerpo con su mirada profunda que me ponía la piel de gallina. — ¿Qué te parece si salimos esta noche con mis amigos? Matías: — ¿A dónde? — A bailar — respondí moviendo mi cuerpo, y él rio. Matías: — Ve tú. A mí no me gusta bailar — ¡Venga! Vamos. Así te presentaré a mis amigos Matías: — Está bien, pero que conste que solo iré por eso — ¡Perfecto! ¿Cuándo terminarás lo que estás haciendo? Matías: — Ya he terminado mi trabajo por hoy, pero contigo todavía no — dijo, levantándose y mirándome de nuevo de arriba a abajo. — ¿Te gusta? — pregunté sonriendo y solté mi cabello que llevaba arrollado en un moño, llamando su atención con ese movimiento. Matías: — Bastante, pero qué pasaría si comienzo a subir mis manos por tus piernas — mencionó poniéndose detrás de mí mientras hacía lo que decía. — Y paso por debajo de tu falda — Me gusta — dije dejando caer mi cabeza en su hombro. Matías: — Y llego a… — ¡Ahh! Lancé un jadeo al sentir sus dedos acariciar mi intimidad a través de la tela, en tanto su boca recorría mi cuello. Matías: — Quiero hacerte mía — susurró en mi oído y se escucharon tres toques en la puerta de madera, por lo que nos separamos. Segundos después, él se acercó para abrir la puerta. Mercedes: — Lo siento si he interrumpido, pero venía a confirmarle la cita de mañana con el señor y la señora Martínez. El interfono se descompuso y por eso tuve que subir hasta aquí para decírselo Matías: — Vale, envíame después la hora por correo y la información de ellos. Llama al técnico para que arregle el interfono Mercedes: — Muy bien — dijo y se fue. Mientras tanto, yo intentaba controlar mi respiración, que con lo poco que me había tocado Matías, hasta las bragas tenía mojadas. Matías: — ¿Y eso que estás alterada? — preguntó burlándose y metiéndose las manos en los bolsillos. — No te burles, en verdad has hecho que me excitara solo con eso Matías: — Imagínate si ahora hago esto, qué podría hacerte sentir si te tuviera en mi cama — No puedo imaginármelo. ¿Tal vez Magia con esa varita que tienes? — dije mirando a su entrepierna y los dos reímos entiendo mi referencia. Matías: — Algo así. Ven, vamos — dijo estrechándome la mano. Luego, llegamos a una discoteca, y mis amigas, Sonia y Paula, llevaron a sus maridos. Evelin, por su parte, vino con su novio de hace un año. Sonia: — ¡Uy amiga! ¿De dónde lo sacaste? Ella sonrió mientras miramos a Matías, quien hablaba con Julián, Carlos y Gonzalo, lo que me hizo sonreír al verlo tan sociable, ya que por lo general no lo era. — ¿Al menos te trata bien? — Increíble. Hombres como él son muy escasos Evelin: — Ni que lo digas. Guapos como él están en peligro de extinción — mencionó, y todas reímos. Paula: — Venga chicas, no agobiemos a Eva por su galán — Es verdad, hemos venido a bailar, ¿no es así? Sonia: — ¡Claro que sí! — exclamó feliz antes de tomar un trago de su cerveza. Gonzalo: — Señoritas, ¿me dejan un rato a Evelin? — preguntó acercándose a la pista de baile, donde estábamos las tres. Paula: — Claro, llévatela — respondió, y Gonzalo tomó de la mano a su novia para ir al centro de la pista y comenzar a bailar. Julián: — Bueno, ¿cómo están? Paula: — Bien, ¿bailamos? Julián: — Vale. Chicas, disculpad — ¡Nah!, no te preocupes — dije, y sonreímos. Sonia: — Iré a buscar a Carlos — Y yo a Matías — dije, y nos acercamos a la mesa en la que estaban. Sonia: — ¿Amor, bailamos? Carlos: — Está bien — respondió, y se fueron a la pista. — ¿Y tú? ¿Quieres moverte un poco? — pregunté al sentarme junto a Matías. Matías: — No me gusta bailar, ya te lo he dicho — Pues yo haré que te guste — dije, tomando su mano y llevándolo a la pista con la intención de bailar, pero desde que llegamos, él estaba más rígido que una estatua. — Amor, ¡anda!, mueve ese cuerpo — dije poniéndome detrás de él y moviendo sus brazos y cuerpo al ritmo de la música, lo que lo hizo reír. Luego, él me dio la vuelta y me tomó de la cintura, empezando a seguir el ritmo de la música más animada que sonaba. Observar esa escena me hizo sonreír constantemente. Estaba feliz, y mi vida no podía ser mejor. Era como si el universo hubiera escuchado mis deseos y finalmente me hubiera sonreído con compasión, permitiéndome experimentar la alegría. Matías: — ¡Auch! Me has pisado. ¿No eras tú la que sabía bailar? — Es que contigo no me puedo concentrar, eres una gran distracción Le rodeé el cuello con mis brazos, y luego, su mano que tenía en mi cintura descendió intencionalmente a mi trasero. — ¡Matías! No hagas eso Matías: — ¿Por qué no? — ¡Porque no! — exclamé, y él se colocó detrás de mí y continuó bailando, haciendo que su cuerpo se pegara demasiado al mío. — ¡Amor! — exclamé, y lo escuché reír. Entonces, se dio la vuelta y volvió a situarse delante de mí. Matías: — ¿Por qué no quieres? ¿Por qué sabes que te gusta? — preguntó con una voz coqueta. — Sí, porque sé que con solo mirarme, me excitas. Creo que aún tengo la braga mojada por lo que sucedió en el despacho Matías: — A ver, quiero comprobarlo — dijo y me hizo reír. — Es que ahora no es el momento ni mucho menos el lugar, porque soy consciente de que me lo harías ahora mismo Matías: — En eso no te equivocas — dijo y me dio un beso. Luego, nuestros amigos se acercaron, y bailamos en grupo. Nos reímos mucho con los pasos algo torpes de Gonzalo y Julián. No hacía falta decir que esa noche nos la pasamos genial, especialmente yo. Mi vida volvía a sonreírme, y por fin podía sentirme en paz sin preocuparme de que un hombre me regañara por pasar tiempo con mis amigos.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD