Capítulo 14: Una nueva experiencia

2524 Words
EVA Sábado. Matías: — ¿Ya tienes lista la maleta? — Sí. ¿A dónde vamos? Aún no me lo has dicho Matías: — Después lo sabrás Sonreí, y se acercó a mí para darme un beso. Más adelante, al caer la tarde, llegamos a lo que me pareció ser Francia, gracias a la gran torre que se veía por las ventanas de la camioneta en la que íbamos. — ¿¡Me trajiste a Francia!? — pregunté emocionada, y él asintió. Matías: — Quería que te despejaras de todo, te lo mereces. Además, tengo una reunión de trabajo y nos podemos quedar tres días aquí — Gracias — dije y le abracé. 21:46 p.m. Después de llegar a París, salí a dar un paseo por la ciudad y fui a ver de cerca la Torre Eiffel, que era hermosa y aún más impresionante con el bello paisaje del parque cercano. Luego, al caer la tarde, regresé a la suite del hotel en el que nos hospedamos. Estaba un poco agotada después de explorar la ciudad, aunque Matías no me acompañó, ya que tenía una reunión. Sin embargo, al anochecer, volvió a reunirse conmigo. Matías: — ¿Qué película es? Él entró a la habitación mientras yo estaba tumbada en la cama viendo la televisión. — No lo sé. Puse un canal y esto estaba en pantalla, así que lo dejé. Al menos puse subtítulos en español porque no entiendo el francés. ¿Cómo te fue en la reunión? Matías: — Bueno, creo que la palabra “aburrido” se quedaría corta, pero al menos solo fue hoy, y en los días que quedan puedo acompañarte a pasear por París — Vale. Ven a ver la peli conmigo Matías: — No me gusta ver películas — Entonces solo ven, quiero sentirte cerca — dije, y él no dudó en acostarse a mi lado. Minutos después, la trama de los protagonistas de la película, inicialmente romántica, tomó un giro más intenso. Protagonista 1: — ¿Entonces, me dejarás hacerlo? — preguntó un actor bastante atractivo mientras miraba fijamente a la actriz. Ella no respondió a su pregunta y simplemente se lanzó sobre él, besándolo y ambos cayendo sobre la cama. Protagonista 2: — Siempre quise hacer esto contigo — dijo mientras se quitaba la camiseta y se situaba encima de él. Viendo esa escena de la película, mi cuerpo comenzó a transpirar, y miré a Matías, cuya mirada estaba fija en la pantalla. Cuando hablé, finalmente apartó su mirada de la película. — Estoy mojada Matías: — ¿En serio? — Míralo por ti mismo — murmuré y tomé su mano, poniéndola en mi vientre. Él siguió el recorrido y la bajó hasta pasar por debajo de mi ropa interior y eso me hizo lanzar un pequeño gemido. De igual manera, empezó a acariciar mis labios y a tocar mi clítoris, que ya se empezaba a hinchar de lo excitada que me iba poniendo. — Házmelo. Hazme lo que te gusta Matías: — ¿Segura? — Sé que es lo que quieres y yo tengo curiosidad por saberlo — dije y sonrió de lado. Se levantó de la cama y fue en busca de su maleta. Sacó un botecito con un líquido transparente y luego se acercó a mí. Matías: — De acuerdo. Si alguna de mis acciones te lastima, por favor, házmelo saber, y dejaré de hacerlo. No seré sutil como siempre, así que si deseas que me detenga, lo haré, ¿estamos de acuerdo? — explicó, y yo asentí. Su mirada brillaba y sus ojos reflejaban mucho deseo. No tardó en quitarme la ropa y empezó a bajar con besos desde mi cuello, pasando por mis pechos y pezones, los que lamió y mordió hasta que se pusieron duros, hasta que bajó a mis muslos volviendo otra vez a dar besos. Por último, llegó a mi intimidad que ya estaba bastante húmeda. Acarició y besó mi clítoris varias veces. Entonces, me miró a los ojos y eso me calentó mucho. Los dos estábamos disfrutando de ese momento y con sus increíbles movimientos de lengua por todo mi coño, no tardó en que el orgasmo me llegara. Cerré los ojos y dejé que esa sensación de estar en otro mundo y en otra galaxia, se apoderara de mí mientras la lengua caliente de Matías se paseaba por mis labios, v****a y clítoris, comiéndolos como nunca lo habían hecho. Matías: — Ponte boca abajo Me esperé unos segundos para retomar el aire e hice lo que pidió. — ¿Qué es? — pregunté mientras lo miraba por encima de mi hombro, al mismo tiempo que él abría el pequeño bote que había sacado antes. Matías: — Un lubricante a base de agua — Pero sigo mojada y no costará entrar Matías: — Es que no te lo haré por ahí — dijo y sonrió. — Agárrate fuerte de la sábana — ¿Y eso? — pregunté curiosa y él acarició mi trasero y me dio una nalgada, la que no pensé que me gustaría, pero al final, acabó causándome un cierto placer. Matías: — Ya lo verás Ni acabó de decirlo cuando entró en mi ano. Nunca nadie había entrado por ahí y a la primera estocada, siendo lenta, sentí que se apretaba a su m*****o, aferrándose a él. La segunda estocada fue más firme y fuerte, haciéndome salir hacia delante. Ahí entendí por qué me había dicho lo de agarrarme a las sábanas. A la tercera metida, sentí un placer tremendo con sus embestidas que iban siendo cada vez más profundas y duras, lo que me comenzaba a gustar y eso que solo era el principio. Finalmente, durante varios minutos él se mantuvo dándome duro que de tanto, mi ano ya pedía piedad, pero mi excitación estaba en un nivel muy alto con la que simplemente me dejaba llevar. De un momento a otro, él se vino dentro de mí y cuando mis piernas empezaron a desfallecer, Matías me tomó de la cintura, sosteniéndome, y siguió metiendo su m*****o más velozmente que me hizo experimentar otro orgasmo. 23:51 p.m. Matías y yo habíamos acabado una noche llena de sexo salvaje. Después de hacerlo la primera vez, lo volvimos a hacer de la misma manera. A los dos nos había gustado y no cabía duda de que lo volviéramos a hacer otro día. — Me ha encantado — mencioné mientras mi pulso aún seguía alterado. Matías: — Y eso que apenas hemos comenzado a hacerlo así — ¿Se pondrá más rudo? — pregunté poniendo mi cabeza sobre su pecho y él suspiró. Matías: — Si es lo que deseas — Solo si es contigo — dije, sonreí y él me besó. — ¿A dónde iremos mañana? Matías: — Te llevaré a varios de mis lugares favoritos — Está bien Domingo, 14:13 p.m. Matías y yo fuimos al Palacio de Versalles, y quedé asombrada al ver las elegantes y delicadas paredes que rodeaban el lugar. — Es realmente hermoso Matías: — Lo es — dijo, mientras mirábamos una hermosa lámpara con muchos cristales brillantes, justo arriba de nuestras cabezas. — Ahora, te llevaré a la Torre Eiffel — ¿Iremos a lo alto? Matías: — Sí, ¿no le tienes miedo a las alturas, verdad? — No, si estás a mi lado — respondí, sonreí y tomé su mano. Después, subimos hasta la cima de la Torre Eiffel y disfrutamos de la impresionante vista de la hermosa ciudad de París desde lo alto. — Siempre quise visitar Francia Matías: — ¿Y por qué no lo hiciste antes? — No tenía tiempo, además, estaba prohibido para mí salir sola cuando estaba casada. Él se acercó a mí, puso sus manos en mi cintura, y me recosté en su pecho mientras entrelazaba mis manos con las suyas. — Me encantaría quedarme aquí toda la tarde disfrutando de estas impresionantes vistas, pero tengo hambre Matías: — Yo también — Pero en lugar de ir a un restaurante, ¿qué te parece si hacemos un pícnic? Matías: — ¿Un pícnic? — Sí Matías: — Pero… Comenzó a decir, y yo puse una expresión triste para hacerle cambiar de opinión. Matías: — Está bien — Te amo 17:10 p.m. — Cuéntame algo Matías: — ¿Algo en como…? — Cualquier cosa Mientras nos acurrucábamos de lado sobre una manta que habíamos extendido en un parque justo debajo de la Torre Eiffel, nos miramos y admiramos la vista que se extendía ante nosotros. — ¿A cuántos países has viajado? Matías: — No lo recuerdo, quizás unos veinte — ¡Veinte! ¡Guau! Matías: — ¿Y tú? — preguntó antes de tomar un sorbo de agua. — Solo a dos: esta vez que vinimos a Francia y un viaje anterior a Alemania Matías: — Entonces tendré que llevarte de viaje y mostrarte los lugares que he visitado — No quiero abusar de tu generosidad Matías: — No lo haces — dijo mientras acariciaba mi mano. — ¿Y sobre el masoquismo? ¿Cómo llegaste a conocerlo? Me contaste que fue gracias a una niñera, ¿verdad? Matías: — Sí, ella cuidó de mí desde los diez hasta los dieciséis años. En una ocasión, tuve que quedarme en su casa porque mi padre no quería que estuviera solo, pensando que a tan temprana edad, no sería responsable. Un día me aburrí y decidí explorar su casa. No era muy grande, con solo tres habitaciones, y una de las puertas estaba abierta. Sin darme cuenta, entré en esa habitación y me encontré con ella dentro. ___________________________________ INICIO DEL FLASHBACK Brenda: — Matías no te vayas, te he visto. ¿Qué te trae por aquí? — ¿Cómo supiste que estaba aquí si estabas de espaldas y no pudiste verme? Me acerqué un poco a ella, y cuando observé lo que había dentro de la habitación, quedé desconcertado. Brenda: — Juguetes, sogas, objetos para pasar un buen rato — respondió como si nada a la pregunta que estaba en mi mente, aunque aún no se la había formulado. — ¿Y para qué? Brenda: — ¿Te llama la atención? — No sé, si supiera el para qué Brenda: — Ven, pasa a la habitación, no tengas miedo — Esto es para torturar a alguien — mencioné viendo una especie de estructura extraña que había en la pared y que tenía varias sogas colgando. Brenda: — Sí, pero es solo para torturar con placer — ¿Cómo? — pregunté con el ceño fruncido y ella se acercó a un armario en el que sacó un libro con una cubierta negra. Luego, me lo entregó. — “La sumisión: el placer de ser sometido al extremo” — leí la portada en voz alta. Brenda: — Es una parte que no conocías de mí — No me lo imaginaba Brenda: — Todos tenemos secretos — Pero aún no entiendo sobre qué es Brenda: — Léelo y lo sabrás FIN DEL FLASHBACK ___________________________________ Matías: — Y así fue como conocí este mundo. Me llevé ese libro, lo leí varias veces, y al entender de qué se trataba, cuando cumplí diecisiete años, ella me propuso ser su subordinado, y yo acepté durante varios años hasta que aprendí por mi cuenta y empecé a hacerlo por mi cuenta — explicó mientras miraba al vacío. — Bueno, si a ti te gusta esto, no tengo por qué juzgarte — dije acercándome a él y abrazándolo. — Cuando volvamos a casa, me gustaría que nos atreviéramos a todo Matías: — ¿A todo? — A lo que aguante, tampoco conozco mucho sobre las cosas que se pueden hacer en el sexo, pero intentaré que tú disfrutes también y aprenderé de ello Matías: — Lo que más disfruto es verte gemir debajo de mí — dijo y yo sonreí. — Y yo sentir que te vienes dentro de mí. Somos guarros, sabes, y eso me gusta Matías: — A mí también — dijo y reímos. — ¿Y cómo se llama la niñera? Matías: — Brenda — ¿Y le sigues hablando? Matías: — No, ella por lo que sé hace más de cinco años marchó a Estados Unidos por trabajo, ya que consiguió ser el ama de llaves de una casa de un millonario, no sé quién, pero ella aceptó y ahí sigue todavía — ¿Y no le has vuelto a ver ni a hablar? Matías: — No, según lo que sé, hace más de cinco años, ella se trasladó a Estados Unidos por motivos de trabajo. Consiguió un puesto como ama de llaves en la casa de un millonario, pero no sé quién es exactamente. Aceptó y aún trabaja allí — ¿Y no has vuelto a verla ni hablar con ella? Matías: — No, sobre todo porque estuve bajo su dominio, y no puedo volver a verla a menos que ella lo permita — ¿Cómo? Matías: — Cuando tu amo decide que se termine el tiempo, que siempre se establece a través de un contrato, si él o ella no te permite volver a verlos, no puedes hacerlo porque es una orden y debes obedecerla — ¿No hay excepciones? Matías: — Con algunos amos no, como en el caso de ella o en el mío, ya que seguimos manteniendo la disciplina para que los demás nos respeten. Pero con el tiempo, algunos han perdido esa costumbre, no todos, pero aún hay amos que lo hacen — ¿Conoces a otros? Matías: — A cuatro. Brenda, Guillermo, Hugo y Kevin — ¿Pero hay mujeres también? Matías: — Por lo que sé, hay pocas mujeres en este mundo y casi siempre por la misma razón. Normalmente, en el masoquismo se llega a extremos, y no digo que las mujeres sean débiles, pero tienden a ser más sensibles que los hombres. Por lo tanto, no les causa tanto placer ver cómo torturan a alguien, en el buen sentido, claro. Sin embargo, existen mujeres que sí disfrutan de esto, y su característica principal es un fuerte carácter, ya que siempre acaban siendo altruistas e interesadas fuera del sexo — ¿Y si quieres puedes salirte de esto? Matías: — Por supuesto, no es una secta, pero, al menos los amos que yo conozco, no estarían dispuestos a dejar su vicio. Te vuelves un adicto que a veces puede causarte daño porque las veinticuatro horas del día quieres sexo, pero si logras controlarlo, forma parte de ti y es un nuevo estilo de vida Mientras él seguía explicando, dirigí la mirada hacia el cielo y luego de nuevo a él. Lo que estaba diciendo me generaba cierta inseguridad y miedo, ya que parecía que podría convertirse en la persona que estaba describiendo. Matías: — No quiero que esto te dé miedo — dijo como si me hubiera leído la mente y hubiera sabido lo que estaba pensando. — No te haré daño, te lo prometo. No haré lo que no quieras y puedes confiar en mí — Confío en ti, pero no puedo negar que además de curiosidad, también siento un poco de miedoi
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD