Capítulo 15: Propuestas indecentes (part.1)

2196 Words
EVA Viernes, 15:32 pm. Ya habíamos regresado de Francia, un lugar mágico que no pudimos explorar completamente, pero prometimos volver cuando tuviéramos unos días libres. Ese día, me dirigí en autobús a casa de mi padre para visitarlo. Esa vez, fui sola, ya que Matías tenía asuntos que atender en la oficina y no pudo acompañarme. — Hola, papá. ¿Cómo estás? Xavier: — Hola, hija. Estoy bien, ¿y tú? Hace mucho que no te pasas por aquí — Lo sé. Mi vida ha estado llena de muchas cosas Xavier: — Me enteré de lo que pasó con Pablo — Eso ya no importa, papá. Lo importante es el presente — dije, y él sonrió. Xavier: — ¿Has almorzado? — No, esperaba comer contigo Xavier: — Buena decisión, porque hoy he hecho estofado de ternera — Menos mal que vine 15:45 p.m. Ya estábamos sentados en la mesa disfrutando de la comida. Xavier: — Hija, te veo feliz, y eso me alegra. ¿Me vas a contar por qué estás sonriendo tanto? — ¡Ay, papá! Estoy muy feliz, eso es todo Xavier: — ¿Y eso? — Es que… Estaba a punto de explicar cuando el timbre de la casa sonó. Xavier: — ¿Quién será? — No lo sé Xavier: — Iré a ver Matías: — ¿Está aquí Eva Ladislau? — ¿Matías? — exclamé sorprendida mientras él entraba por la puerta. Matías: — Hola — Cariño, me dijiste que no vendrías Me emocioné al verlo y corrí para abrazarlo. Matías: — Bueno, quería darte una sorpresa — mencionó, y mi padre carraspeó la garganta. — Lo siento, papá. Él es Matías, mi novio — dije, y mi padre abrió los ojos como platos. Xavier: — ¿Él es el que te tiene sonriendo tanto? Matías: — Un placer, señor — dijo estrechando la mano de mi padre. Xavier: — El gusto es mío — ¿Qué les parece si nos sentamos a comer? Minutos después, nos sentamos a la mesa y continuamos comiendo. Xavier: — ¿Y a qué te dedicas? Matías: — Soy abogado Xavier: — ¡Oh! Interesante, ¿y cómo se conocieron? — preguntó mirándonos a ambos. Matías: — Nos conocimos en un evento en Alemania, pero fue principalmente porque fui el abogado de Eva Xavier: — ¡Ah! Me alegro. Bueno, al menos conseguiste un buen partido — ¡Papá! Xavier: — ¿Y dónde vivís? — A las afueras de Barcelona, en Pedralbes Xavier: — Bueno, si me permiten, iré a visitaros con mucho gusto — Siempre serás bienvenido, papá, no lo dudes Después del almuerzo, seguimos charlando con mi padre, quien hizo muchas preguntas a Matías, como cualquier padre preocupado por el bienestar de su hija. 21:56 p.m. Xavier: — ¿Os vais a quedar? — Pues no lo habíamos pensado Xavier: — Yo no tengo problema. Hay una habitación libre, y si queréis, partís mañana para Barcelona y os quedáis esta noche aquí — ¿Amor, qué piensas? Matías: — Lo que tú decidas — Está bien, nos quedaremos aquí Xavier: — Perfecto, allá está la habitación — dijo señalando una puerta blanca. — Vale, gracias, papá. Buenas noches — dije y le di un beso en la mejilla. Xavier: — Buenas noches, hija. Buenas noches, Matías Matías: — Buenas noches Fuimos a la habitación y nos acomodamos en ella. A pesar de ser pequeña, tenía una cama en la que los dos podíamos descansar cómodamente. — Parece que le has caído bien a mi padre Matías: — Es un paso más — Gracias por venir Matías: — Lo hice por ti, porque quería acompañarte y no dejarte sola. Además, quería conocer a tu padre — dijo sentándose en el borde de la cama. — No sabes cuánto te amo — mencioné mientras me movía para sentarme en su regazo. Matías: — Y yo Dicho esto, nos besamos con pasión, agradeciéndonos mutuamente, hasta que la pasión entre nosotros empezó a aumentar con cada beso. — ¿Qué te parece si hacemos algo ahora? No tengo sueño y todavía está temprano para dormir Matías: — Me leíste la mente — dijo y yo sonreí. — Pero déjame hacerlo todo yo Le volví a besar la boca en tanto buscaba su cinturón y habría la hebilla. Después, le besé el cuello y me puse de rodillas en el suelo, quedando frente a sus rodillas. Me metí en el hueco que había entre sus piernas que estaban separadas. Luego, le desabotoné el pantalón, bajándole el bóxer también y su m*****o saltó, quedando liberado. — ¡Vaya! Alguien ya está despierto Matías: — Siempre lo está si tengo delante — mencionó con una voz grave y cuando tomé la base de su pene con mi mano él lanzó un pequeño gemido. Comencé a bajar y a subir mi mano lentamente durante varios segundos, desde el tronco hasta su cabeza, preparándolo para la acción. Pasé mi lengua por todo su m*****o, como si me estuviera comiendo un helado y después, me lo metí a la boca, succionando varias veces su pene y ayudándome con la otra mano, estimulaba sus testículos. Seguí un ritmo constante dándole sexo oral y cada vez que le miraba a los ojos se le notaba en la cara que lo estaba disfrutando. Finalmente, apuré el paso cuando noté que él se iba a correr y ahí fue cuando un líquido caliente y espeso tocó mi campanilla y bajó por mi garganta. Procedí a deshacerme de mi ropa y él me miró con unos ojos llenos de excitación. Así pues, me subí encima de su cuerpo tumbado en la cama. Matías: — Eres una diablilla — mencionó cuando empecé a frotar mis labios sobre la punta de su m*****o, pero sin llegar a penetrarme. — ¿Y eso no te gusta? — pregunté sonriendo y él también sonrió, pero no respondió. En cambio, me inclinó a él haciendo que me penetrara yo misma. Lancé un gemido y él empezó a penetrarme con velocidad. — ¡Ahh! Matías: — ¿Eso responde a tu pregunta? — preguntó con la voz agitada y aun siguiendo con sus fuertes, constantes y rápidas embestidas. — ¡Ahh! — lancé otro gemido y no podía ni hablar de la tremenda satisfacción que percibía. — ¿Por qué tienes que ser tan bueno en esto? No controlaba mis palabras, solo salía por mi boca lo que pensaba y con lo que dije, con un movimiento rápido que hizo me puso debajo de él, sin dejar de penetrarme. Matías: — ¿Y tú por qué tienes que estar tan buena? Los dos sonreímos con lo que dijimos, pero volvió a meterla con profundidad y ya no pude hablar. Se sentía demasiado bien que solamente quería disfrutar de ese momento. — Matías, me voy a correr Matías: — Hazlo, no lo pienses — susurró en mi oído y no pude más, me vine, pero ahí no terminó nuestro encuentro, seguimos follando, solo que la velocidad había reducido hasta que minutos después volvimos a lo de antes. Era una tremenda locura los cambios de aceleración porque sentía demasiado placentero para ser real. Miércoles, 19:24 p.m. — ¿Y cómo vas con el niño? ¿Tiene con quién quedarse? Paula: — Su tía lo cuida a veces — Mejor vete, ¿qué tal si empeora? Paula: — Bueno, Julián lo está cuidando ahora y si no me ha llamado, es porque no se ha puesto grave — Cariño, si quieres irte vete. Yo y Josep nos encargaremos de la peluquería, ¿no es así Josep? Josep: — ¡Claro! — respondió mientras le alisaba el cabello a una chica. — ¡Ves! Es mejor que tú y tu marido cuidéis al niño porque está enfermo Paula: — Vale, iré. Avísame si ocurre algo que tenga que saber — ¡Lo haré! ¡Que se mejore tu hijo! Paula: — Gracias cariño, nos vemos — Hasta luego Paula salió de la peluquería y me quedé con Josep, el otro estilista y peluquero que había. Matías: — Hola — ¿¡Amor, qué haces aquí!? Me puse contenta cuando vi a Matías entrar a la peluquería porque no me lo esperaba. Matías: — Tenía pensado en ir donde mi peluquero, pero me dijeron que aquí había una que lo hacía bien Se acercó a mí con las manos en los bolsillos y con una actitud confidente. — Estás en buenas manos. Espérame un momento que acabe y ahora te atiendo a ti Cuando terminé de arreglarle el cabello a un hombre, ya que la peluquería era unisex, dejé que Matías se sentara en la silla para atenderlo. — Ya tienes el cabello largo Metí mis dedos en su sedoso cabello para despeinarlo y para ver cómo se lo cortaba. — ¿Hay alguna parte de tu cuerpo que tengas corta? — pregunté con ironía y él rio. Matías: — Creo que los hechos ya te lo han demostrado — respondió mirándome a través del espejo, y yo me mordí el labio inferior. 20:13 p.m. Más tarde, le recorté un poco el cabello, eliminando lo que sobraba. No obstante, no lo peiné, ya que él solía llevarlo suelto y despeinado, y aun así se veía guapísimo. — Espérame un rato, que me falta un cliente más Matías: — Está bien. ¿Después vamos a cenar? Asentí a su pregunta, y al terminar mi jornada laboral, fuimos a un elegante restaurante con poca gente. — ¿Cómo va?… Bueno, al menos ya está bien… Sí… Ahora mismo cenando. Vale, hasta luego. Cuídate y cuida a todos. Vale, gracias Colgué la llamada y coloqué el teléfono en la mesa para continuar disfrutando de la comida en compañía de Matías. — Lo siento, era mi amiga Paula. Su pequeño se enfermó, tiene fiebre y está malito Matías: — ¿Qué edad tiene? — Ya casi cumple dos años. Es una lindura; algún día lo conocerás — dije y me llevé un bocado a la boca. Matías: — ¿Te gustaría tener hijos? — Antes sí, pero ahora no puedo — respondí, evitando mirarle a los ojos. Matías: — ¿Por? — Tengo insuficiencia cervical, es decir, que mi útero es débil y si quedo embarazada tengo el riesgo de que mi hijo nazca prematuro o en el peor de los casos, que no nazca y tenga un aborto. Sinceramente, no quiero pasar por ello Matías: — ¿Por qué no me lo dijiste antes? — Porque no creo que esté en nuestros planes tener hijos ahora, ¿o sí? Matías: — De mi parte, no — ¿Pero te gustaría? — pregunté, mirándolo a los ojos mientras él seguía comiendo. Matías: — No lo sé. Nunca lo pensé — Bueno, dejemos eso a un lado. Si llega ese momento, será en el futuro Matías: — Ajá — Cambiando de tema, aún no hemos estrenado tu patio de juegos… Matías: — Ya lo haremos algún día. ¿Por qué, estás desesperada? — Las noches que he pasado contigo son adictivas, y tengo ansias de saber lo que haces ahí dentro — mencioné mientras subía mi pie, recorriendo su pierna con mi tacón. Matías: — Te veo con ganas — dijo y tomó un sorbo de su copa de champán sin apartar los ojos de mí. — No hay día que no las tenga Lo dije con una voz sensual y removí el champán de mi copa mientras le miraba a los ojos. Matías: — ¿Y si te follo ahora mismo? — ¿Aquí? Matías: — Aquí, justo encima de esta mesa — respondió, poniendo su mano sobre la mesa y señalándola. — No serías capaz, hay mucha gente Matías: — ¿No crees? — preguntó inclinándose sobre la mesa y como sus brazos eran largos, sentí sus dedos tocar mi rodilla. — ¡Para! Hay gente al lado — susurré, mirando a la pareja que estaba a mi derecha. Cuando volví a mirar a Matías, ya no estaba en su silla. Entonces, sentí unos dedos deslizarse por mi pantorrilla izquierda y vi bajo la mesa que él se había agachado. — ¡Matías! — susurré de nuevo, inquieta. Él se levantó sonriendo, y cuando volví a mirar a la pareja a mi lado, nos miraron extrañados. Matías: — Quítate las bragas — pidió como si nada, tomó de su copa y yo puse mis ojos como platos con su petición. — ¿Aquí? Esa es una propuesta indecente Matías: — Aquí y ahora — Pero no puedo, ¿y si alguien me ve? Matías: — Hazlo — exigió, dejando la copa en la mesa y mirándome con intensidad. Eché un vistazo a mi alrededor para asegurarme de que nadie nos observara, y luego comencé a deslizar mi braga hacia abajo, lo cual resultó sencillo dado que llevaba una falda ese día. Matías: — ¿Terminaste? — preguntó, extendiendo la mano. — Aquí está, tu premio — dije en tono juguetón. Él tomó la prenda y la apretó en su puño, sonriendo de lado, satisfecho con la situación. Matías: — Buena chica, pero a partir de este momento quiero que seas mala
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD