Capítulo 16: Propuestas indecentes (part.2)

1759 Words
EVA Salimos del restaurante elegante en el que nos encontrábamos, un lugar desconocido hasta ese momento para mí debido a su alto precio, ya que no era de atreverme a gastar tanto dinero solo por una comida, incluso si era de alta calidad. No obstante, como Matías quiso ir ahí, cenamos y pude conocer ese sitio. Nos subimos al Audi n***o de Matías; amablemente, él me abrió la puerta para que entrara primero y luego se unió. Después de unos momentos, arrancó el coche, y ambos permanecimos en silencio. Observé de reojo a Matías e iba concentrado en la carretera. Entonces, desde la ventana, miré la vida nocturna de la ciudad, donde solo unos pocos coches circulaban. A lo lejos, las luces de los edificios se desvanecían gradualmente y en lo oscuro del cielo se alcanzaba a ver una media Luna. Matías: — Ábrete — ¿Qué? — pregunté haciéndome la inocente. Me miró por un segundo y después volvió a ver la carretera. Matías: — Si no te abres, te abro yo — dijo y puso su mano encima de mi pierna. Obedecí a su petición y bajó su mano acariciando mi pierna hasta meterla por debajo de la falda e inició a tocar mi intimidad. — Mati, no lo hagas — pedí, después de varios segundos sintiendo sus mágicos dedos tocarme. Matías: — Quiero prepararte para lo que viene después — mencionó aun mirando adelante, conduciendo con una mano y con la otra masturbándome. — Pero… estás conduciendo y… No terminé de decir la frase y él siguió con lo suyo. — ¡A la mierda todo!, sígueme tocando — dije extasiada con sus gestos y él sonrió. 23:27 p.m. MATÍAS García: — Buenas noches, señor, señorita Eva: — Hola — Gracias, García, ya puedes retirarte — le indiqué, y él se marchó. A pesar de ser mi guardaespaldas, solía esperarme en la puerta cuando llegaba tarde para asegurarse de que todo estaba en orden y de que no me había ocurrido nada. Luego, Eva y yo entramos en casa. La llevé directamente a mi sala de entretenimiento, decidido a complacerla plenamente en todos los aspectos esta noche. Iba a utilizar a mis amiguitos, los juguetes sexuales, que serían la clave para llevarla al éxtasis y para que se fuese acostumbrando a lo que me gustaba usar en el sexo. — Cuando quieras venir aquí tienes que venir con algún vestido o falda, pero sin ropa interior por debajo, a menos que sea alguna de las prendas que hay en los armarios de la habitación de al lado — aclaré poniéndome detrás de ella para encontrar la cremallera de la falda. Le quité la camisa y por último el sostén hasta que, por fin, todas las prendas cayeron al suelo y ella quedó totalmente desnuda. Eva se dio la vuelta y sus ojos mostraban intranquilidad, por lo que le di un beso para tranquilizarla. Se le veía nerviosa, pero al mismo tiempo bastante excitada y curiosa. Tomé su mano y la conduje hacia una estructura vertical equipada con dos muñequeras en la parte superior y dos en la inferior. Eva se posicionó en esa estructura y deslicé sus manos en las muñequeras, dejando sus brazos extendidos por encima de su cabeza. A continuación, ajusté sus pies en las muñequeras inferiores, lo que resultó en la separación de sus piernas y conformando su cuerpo en una posición que parecía una estrella. Fui a un cajón cercano y saqué un antifaz. — Voy a cubrirte los ojos — dije mientras la observaba detenidamente. Sus ojos seguían cada uno de mis movimientos con atención. Eva: — ¿Qué me harás? — Algo con lo que vas a disfrutar — susurré a escasos centímetros de su rostro antes de regalarle otro beso y colocarle el antifaz. Eva: — Azótame — ¿Estás segura? — susurré, deslizándome por detrás de ella y acariciando sus hombros con suavidad, dejando que mis dedos recorrieran su espalda. Eva: — ¡Sí! — respondió agitada. Así pues, tomé un látigo bondage y me quité la corbata y la camisa de vestir, quedándome solo en pantalones. En tanto, miré la perfecta desnudez de Eva, ofrecida totalmente para mí. Pasé el látigo por sus piernas para llegar a su trasero y ahí fue el primer azote, con lo que ella se removió. — ¿Duele? — pregunté y ella negó con la cabeza. Volví a darle otros azotes más en el mismo lugar y en el abdomen. Tomé un succionador y lo puse en sus pezones que ya se estaban poniendo duros. También, le puse otro en su clítoris y todo eso lo acompañé con unos cuantos besos por todo su cuerpo. La hice sobresaltar en repetidas ocasiones, provocando el placer que fluía a través de su ser. Minutos después, la bajé de la estructura y cayó sobre mi cuerpo, agotada, pero envuelta de placer. Procedí a acostarla sobre un tipo de silla alargada, cubierta de un cuero color rojo intenso que tenía dos palos en los costados y en los de soporte, tenía dos muñequeras. — Es un tipo de silla — dije mirándola a los ojos mientras me quitaba el cinturón. Ella no paró de ver al bulto en mi entrepierna. Estaba bastante excitado y eso hacía que sobresaliera a través de la tela del pantalón y se notara mucho. Eva: — ¿Y estas cosas qué son? — Tobilleras. ¿Lista? Ella asintió, tomando un profundo aliento. Continué elevando sus piernas y ajusté las tobilleras, dejando sus pies a la altura de mis hombros. Luego, coloqué sus manos en las muñequeras correspondientes. Eva: — He visto que hay un amiguito que quiere salir a recibir cariño, ¿no me lo vas a presentar? Dámelo — ¿Quieres? Eva: — Lo deseo muchísimo — Pues tendrás que esperarte Realmente, solo lo dije para provocarla. Esa era una de las cosas que disfrutaba con mis sumisas y en especial con Eva. Verla pidiendo más y más, en cierta manera, sufrir al no recibir lo que quería al instante, me excitaba. Era como un fetiche para mí. Finalmente, pasé mis dedos en sus labios vaginales, sintiéndolos palpitar y arder debajo de mi piel y ella se retorció de placer. Decidí quitarme el pantalón y bajarme el bóxer. Ya no aguantaba más, yo también quería recibir placer y qué mejor manera que ella me lo diera. Eva: — Ja, ja, sabía que querías — dijo burlándose. — Solo porque me matan esos labios y sé que sabes hacer magia con ellos Me puse de pie delante de su cabeza para meter mi polla en su boca y ella empezó a chuparla como solo ella sabía hacerlo. Había descubierto que era una de sus especialidades y ella había sido la única mujer que me lo supo hacer a la perfección. — ¡Joder Eva! ¿Qué tiene tu boca que lo hace tan bien? Tiré la cabeza hacia atrás, disfrutando de su acto. Ni había pasado un minuto y yo estaba a punto de correrme en su boca, pero no lo hice, no quería hacerlo ahí, por lo que me salí y fui a meterme en su v****a. Era donde más me gustaba correrme. Por ello, empecé a hundirla hasta el fondo, dando fuertes estocadas que la hacían jadear en voz alta, llenando toda la habitación de sus gritos y del sonido característico provenientes de nuestras pieles chocar. A los dos nos gustaba ser salvajes, de eso me di cuenta la primera vez que se lo hice de esa manera. Nos gustaba gozar de la lujuria que nos invadía viéndonos a los ojos mientras se la metía y ella se volvía loca por las sensaciones que solo el sexo ofrecía. Unos cuantos minutos más y los dos nos corrimos a la vez después de varios momentos intensos en los que nos la pasamos complaciéndonos mutuamente. Por último, ella quedó agotada y la llevé en brazos hasta la habitación para dejarla sobre la cama. Eva: — ¿Cuándo lo volveremos a repetir? — Golosa — respondí y los dos reímos. — Cuando quieras. Por cierto, el próximo lunes tengo que salir del país. Tengo una reunión en Italia y puedes acompañarme si quieres Eva: — Mmm. No estoy segura si podré. La próxima semana, la agenda de la peluquería está llena, pero me encantaría ir — Estaré allá durante cinco días para resolver algunos asuntos Eva: — Mejor ve tú solo. Me quedaré aquí porque si no, Paula se quedará sola con Josep, y no podrán atender a tanta gente — mencionó, y yo reí. — ¿Por qué te ríes? — Porque mi idea funcionó Eva: — ¿Idea de qué? ¿Has sido tú la causa de que llegue tanta gente? — Ajá. Fue idea de mi secretaria. Ella fue a tu peluquería un día, quedó encantada con el resultado y, al enterarse de que tú y yo nos conocíamos, propuso poner publicidad en nuestras oficinas Eva: — ¿En serio? No era necesario… — Bueno, es una buena idea. Ayuda al negocio, ya que muchas más personas la conocerán — comenté, y ella me miró con una sonrisa agradecida en el rostro. Eva: — Gracias, te amo — dijo, y yo sonreí. — Te amo. Entonces, solo iré yo de viaje. Otro día iremos juntos, y te llevaré a otro país Eva: — Te extrañaré — dijo abrazándome de lado. — Yo también. El viaje se me hará eterno si tú no estás allí Eva: — Hablaremos todos los días, no te preocupes — Sí, porque de lo contrario moriré de aburrimiento Eva: — ¿Son tan aburridas las reuniones? — Algunas. Solo son un grupo de personas mayores hablando de negocios, marketing y dinero. Pueden ser un poco agotadoras porque discuten lo mismo durante horas, solo cambian las palabras Eva: — ¡Dios mío! ¿Pero al menos aprendes algo, verdad? — Supongo Eva: — Bueno, eso es lo importante. De todas formas, espero que te diviertas y yo estaré aquí echándote de menos — Yo también te extrañaré Le di un beso en la frente y me puse encima de ella. Le di un beso en los labios y después en los pechos. Eva: — ¿Todavía quieres más? — Antes de que me vaya, quiero dejarte con un buen recuerdo Bajé con besos hasta su abdomen y ella no se negó, abrió por completo sus piernas para dejarme entrar. Metí mi cabeza entre ellas y jalé su pelvis hacia mi rostro, listo para darle placer.
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