EVA
Lunes, 18:22 pm.
Fui a la peluquería y, para ser sincera, me sentía abrumada por la multitud.
Sin embargo, el amable gesto de la secretaria de Matías y él mismo resultó en un impulso económico para el negocio. Como Matías señaló, eran personas acaudaladas; se notaba por su vestimenta elegante, su habla refinada y la prestigiosa aura que rodeaba a los abogados, secretarias y empresarios que llegaron.
Gracias a su presencia, pudimos desempeñar nuestro trabajo con gran eficiencia y demostrar que éramos dignos de servirles.
Gracias a Dios, lo logramos. Varios, si no todos, nos agradecieron no solo con elogios, sino también con propinas generosas que, sin duda, no eran monedas de un céntimo; superaban los cincuenta o cien euros.
Josep: — ¡Uf! ¡Finalmente! — exclamó, dejándose caer en una silla.
Paula: — Estoy completamente agotada
— Yo también — comenté, sentándome en una silla junto a Josep, después de que el último cliente se marchara hace apenas unos momentos.
Josep: — ¿Qué les parece la idea de ampliar el local?
Paula: — ¿Y con qué dinero?
— ¿Tienen idea de cuánto costaría la remodelación?
Paula: — No estoy segura; tendría que averiguarlo
Josep: — Pero la idea no suena mal, ¿verdad?
Paula: — No, además podríamos atender a muchas más personas, y la renovación del local sería una buena idea, ya que está anticuado
— Yo podría aportar algo de dinero
Paula: — Está bien. Además, con lo que hemos ganado en los últimos meses, creo que podríamos costearlo. Ya veré qué hacer
Josep: — Bueno, chicas, me retiro. Estoy agotado y he quedado para cenar
Paula y yo: — ¡Vaya! ¿Huele a un romance oculto? — bromeamos al unísono.
— ¿Quién es ese afortunado que no nos has contado nada? — dije, empujándolo en tono de broma.
Josep: — Se llama Antonio, y aún no somos nada; solo estamos quedando porque somos buenos amigos
Paula: — ¿Quedando? Veo en tu carita que estás enamorado
Josep: — Bueno, tal vez — admitió, sonrojándose.
— Entonces, ve a encontrarte con tu príncipe azul; no queremos arruinar vuestra “cena de amigos” — mencioné con incredulidad, y él sonrió.
Paula: — ¡Usa condón! — gritó y Josep, que estaba a punto de salir por la puerta, regresó y empujó a Paula bromeando.
Josep: — Chicas, ¡solo somos amigos!
— Ajá, lo que digas. Pero ¡usa condón!
— volví a gritar riendo y Paula y Josep también rieron.
Josep: — ¡Qué pillinas sois! — exclamó sonriendo y se fue del lugar.
Paula: — ¡Ay el amor! — dijo con un suspiro.
— ¿Qué bonito es, no?
— Cuando tienes suerte y es correspondido, sí
Paula: — ¿Oye y tu galán?
— Matías está en Italia en una reunión con su padre y otros empresarios
Paula: — ¿Y cómo te va con él?
¿Bien, supongo?
— Síii. No podría estar más feliz de lo que ya estoy — respondí y ella sonrió.
Paula: — Me alegra verte feliz, amiga
— Gracias. ¿A ti cómo te va con Julián?
Paula: — Tuvimos una tonta discusión hace una semana, pero ya lo hemos arreglado. Fue una discusión típica de pareja
— Bueno, me alegro porque está solucionado
Paula: — ¡Ay!
Me iré a casa, tengo que cuidar de Miguel y de su padre también — dijo levantándose.
— ¿Ya mejoró?
Paula: — Por suerte sí
— Qué bueno
Paula: — La verdad es que sí.
Bueno, me voy
— Yo también, me voy a casa
19:56 p.m.
Me dirigía a casa, pero decidí hacer una parada en un bar. Necesitaba tomarme una copa y relajarme; no lo había hecho en mucho tiempo.
Así que, elegí un bar que estaba a unas cuadras de mi casa y, al llegar, pedí una cerveza.
— ¿Me pones una clarita? Por favor
Barman: — Ahora mismo
— Gracias
Agradecí y busqué una mesa. Después de unos minutos, abrí i********:, y la primera foto que apareció mostraba a tres hombres elegantemente vestidos, incluyendo al padre de Matías y a él mismo, el más atractivo de los tres y el más joven. A pesar de su expresión seria, se veía guapo. Siempre salía bien en las fotos, ya fuera sonriendo o serio.
La descripción de la foto indicaba que un nuevo proyecto estaba en marcha, pero Matías no la había escrito; había colaborado en una publicación conjunta, una novedad de i********:.
Decidí darle “me gusta” a la foto y pensé en comentar algo como “qué guapo el que está a la izquierda”, obviamente Matías. Sin embargo, recordé que habíamos acordado mantener en secreto nuestra relación para evitar el acoso de los paparazzi. Por lo tanto, opté por no comentar, para no atraer la atención a la publicación que ya tenía más de diez mil “me gusta” en cuestión de minutos.
En ese momento, el camarero me interrumpió.
Camarero: — Señorita
Levanté la mirada de mi teléfono y vi que me entregaba una copa de coñac.
— Lo siento, pero no la he pedido
Camarero: — El señor de allá se la envía
El camarero señaló a un hombre de cabello n***o y barba del mismo color en una esquina del bar, quien estaba tomando una copa.
— Vale, gracias
Agradecí y volví a mirar al hombre que me había enviado la bebida.
Llevaba un traje azul y tenía su atractivo, aunque no tanto como Matías.
Ese hombre levantó su copa en un brindis hacia mí, y sonreí en respuesta, agradecida por el gesto de invitarme a una bebida gratis. No obstante, no tenía la intención de entablar una conversación, ya que era un completo desconocido.
Minutos más tarde, continuó mirándome mientras yo me entretenía con mi teléfono. No quería darle la impresión de que estaba interesada en él, porque no lo estaba.
Por último, se levantó y pensé que se marcharía del bar, pero, en cambio, se acercó a mi mesa.
Belmont: — Un placer — dijo con un acento en español bastante peculiar, lo que me hizo darme cuenta de que era francés, por su manera de hablar tan característica.
— Mucho gusto — dije y levanté la mirada, encontrándome con sus ojos de color ceniza y él sonrió.
Belmont: — Me llamo Belmont, ¿y tú?
— Paula
Claro que mentí, no quería revelar mi nombre real.
Acepté su saludo estrechándole la mano porque tampoco quería parecer ser descortés, y él me dio un beso en el dorso de la mano, en tanto me miraba a los ojos, lo que me hizo sentir nerviosa.
— Gracias por la bebida
Belmont: — No hay de qué
— Lo siento, pero tengo que irme — dije, tomando mi bolso.
Belmont: — ¿Por qué? ¿Te he ofendido? Lo siento si es así, no era mi intención
— No, no es nada de eso. Es solo que tengo que volver a casa, además, no estoy disponible
Belmont: — ¿Tienes novio?
— Sí
Belmont: — Porque para mí, eres bella y estaría dispuesto a luchar por ti
— mencionó, tomando sutilmente mis manos.
En ese momento, me sentí halagada, pero aparté mis manos con delicadeza; no quería ser grosera.
— Lo siento, pero no es posible— le dejé claro, y él sonrió de lado, bajando la cabeza y mirando la mesa, quizás desilusionado.
Belmont: — ¿Al menos me dejas darte un beso en la mejilla? — preguntó, volviéndome a mirar y me sorprendí por su pregunta.
— No, no puedo
Belmont: — Está bien, discúlpame, no debí preguntarlo
Ambos nos levantamos de la silla al mismo tiempo.
Belmont: — Nuevamente, ha sido un placer conocerte
— Lo mismo digo — respondí. Él sonrió nuevamente y se inclinó hacia mi rostro para darme un pequeño beso en la mejilla, lo que lo hizo feliz y a mí, inquieta.
Belmont: — Lo siento, es solo para recordar que me atreví a besar a una hermosa mujer que recordaré por varios días
Sonreí por su cumplido, pero necesitaba salir de allí.
Ese hombre me pareció encantador, amable, sincero y no un c*****o, ya que fue discreto y un caballero al pedirme un beso y no haberme forzado, como alguien más atrevido podría haber hecho.
La verdad es que eso me hizo mantener mi fe en la existencia de hombres caballerosos en el mundo.
Además, el gesto no fue indecente, solo un pequeño beso que surgió sin planearlo por mi parte. Así que no era motivo de una infidelidad, ni mucho menos, porque igualmente, se lo diría a Matías.
Es más, tampoco pretendía algo más con ese hombre, Belmont, solo quería agradecerle por ser tan amable al hablar con él y el beso, bueno, había surgido, pero yo no di el primer paso ni lo tenía pensado.
Me subí a mi coche y, antes de arrancar, en el retrovisor vi nuevamente a ese hombre. Otro hombre más corpulento, también trajeado, le abrió la puerta de un BMW azul marino.
Quizás era un millonario, ya que tenía un guardaespaldas. Quién sabe quién era, porque otros dos hombres le acompañaban. Tal vez se trataba de una figura importante, puesto que el bar era exclusivo.
Lugar en el que me permití el lujo de pagar quince euros por una copa de buena calidad gracias al dinero que gané en la peluquería hoy.
A veces había que darse lujos como los de pagar quince euros por una copa de buena calidad.