Capítulo 6: Una nueva esperanza

1718 Words
MATÍAS Más tarde, al caer la tarde, me dirigí a las oficinas del edificio. — Cuando llegue la mujer, déjala entrar a mi despacho Mercedes: — Muy bien Entré a mi despacho, que se encontraba en la segunda planta al final del pasillo. Los documentos que mi padre mencionó estaban sobre la mesa. Antes de que la cliente llegara, salí de mi despacho y fui al de mi padre, donde él estaba ocupado con otra cliente. — Lamento interrumpir, pero ¿tienes otras copias de los documentos de la señora Ladislau? — pregunté a mi padre. Leonardo: — No me dio tiempo, pero las puedes hacer tú — Disculpe la interrupción — dije, dirigiéndome a la cliente de mi padre, y cerré la puerta. Señora: — No te preocupes, joven Una vez en mi despacho, vi a una mujer de cabello castaño con mechas rubias sentada en mi mesa. Cuando me vio entrar, levantó la mirada y pude apreciar sus ojos de un azul profundo. Su rostro irradiaba nerviosismo, miedo y cansancio. — Mucho gusto, señora Ladislau, soy Matías — saludé con una sonrisa mientras estrechaba su mano. En el trabajo, a menudo me mostraba amable y empático para tranquilizar a los clientes, a pesar de mi personalidad diferente en asuntos personales. A decir verdad, tenía dos formas de ser: una era en lo laboral, en el que era amable y simpático, y el otro en lo s****l, en el que era un sádico total y un bruto cogiendo. Eva: — El gusto es mío, puede llamarme Eva, no hay problema — dijo recibiendo mi saludo y cuando nuestras manos se juntaron sentí una corriente, como una chispa, pero lo dejé pasar. No era nada importante. — ¿Usted es la chica que me sirvió en Alemania? Eva: — Esa misma — respondió con una sonrisa encantadora. — Me comentaron que deseas el divorcio — mencioné mientras nos sentábamos Eva: — Sí — ¿Su marido se llama... Pablo Giménez? — pregunté revisando sus documentos. Eva: — Sí — ¿Y por qué no vino con usted? Normalmente, si los cónyuges desean el divorcio, los dos están de acuerdo y acuden a las citas juntos Eva: — Lo que pasa es que él aún no lo sabe, pero yo ya no quiero estar con él — ¿Por alguna infidelidad? — pregunté arqueando una ceja. Eva: — De mi parte no, de la suya sí y… También por otras razones — Ya veo — mencioné e hice una pausa. — ¿Maltrato? — pregunté y cuando ella escuchó esa palabra la noté triste, aunque intentara ocultarlo, aun así, asintió a la cuestión. — Quisiera ayudarla, pero es importante que sepa que un divorcio sin el consentimiento de su marido es más complicado Eva: — Pero, ¿no se puede hacer nada? Por favor, ayúdeme. Él no me trata bien desde hace años y yo ya no puedo más. Estoy desesperada Mientras lo decía, fue bajando su tono de voz y hubo algo en mí que la entendió y tuvo compasión por sus palabras. Se notaba que en verdad no la estaba pasando bien con su matrimonio y quién sabía qué cosas hacía su marido para tratarla mal. — ¿Dice que no desea comentárselo? Eva: — Aún no — Está bien, haremos todo el papeleo sin él, yo me encargaré de ello Eva: — ¿¡En serio!? — preguntó y sus ojos se iluminaron de esperanza, lo que me hizo sonreír al verla así. Seguramente era lo que había esperado desde hace mucho tiempo. — Sí, podría ser un divorcio contencioso, ya que de esta manera se evitarían problemas, pero hay ciertos inconvenientes y por ello le aconsejaría que no lo eligiéramos Eva: — ¿Entonces? — Sería por un divorcio de mutuo acuerdo y debe hacerse delante de un notario, pero el único problema sería que su marido también tendría que estar involucrado en esto Eva: — El problema es que estoy completamente segura de que no aceptará, él no me dará el divorcio — Hay una cosa que podría hacer, no es legal, pero si tan desesperada está y sabe que él no aceptará firmar nada, yo estaría dispuesto a ayudarla y usted a mí. Tendría que conseguir sus documentos y dármelos, ¿puede? Eva: — Sí, puedo hacerlo — Entonces eso haremos. Usted me pasa los documentos oficiales de su marido y comenzamos el proceso Eva: — Vaya, esto será peligroso — Las aventuras que llevan con ellas adrenalina, son las más interesantes Eva: — Tiene razón — dijo y sonrió. — Nadie tiene que enterarse de este proceso. Yo me encargaré de hacerlo todo por mi propia cuenta y no se preocupe por si sale mal o no porque me encargaré de que eso no ocurra — expliqué y ella asintió. Eva: — ¿Cuándo puedo traerle las cosas? — Cuando quiera — respondí y ella volvió a sonreír. Sin duda alguna, mis palabras la habían emocionado y verla feliz, aun sin conocerla, me hacía sentir igual. Se veía que era mujer alegre y que su ser lo desprendía. Eva: — Muchas gracias, de verdad — Aún no me dé las gracias, las guarda para el final. La acompaño a la salida — mencioné y salimos del edificio. Eva: — Hasta luego — Adiós Me despedí de ella y la vi cruzar la calle mientras apreciaba su figura y belleza. Llevaba puesto unos jeans negros y una blusa en la que, debajo de ella, se notaba su fino y delgado cuerpo. A pesar de eso, a ella no podría escogerla como sumisa por la cuestión de que era mi clienta y no estaba dispuesto a arriesgarme en esa situación. Si no fuera por eso, sin duda alguna, ella era la próxima candidata al puesto. Jueves, 12:05 a.m. EVA Al mediodía, salí de la peluquería y regresé a casa después de haber pedido a Paula que me permitiera salir temprano. Ese día tenía una reunión con mi nuevo abogado por segunda vez. Aprovechando que Pablo aún estaba en el trabajo, busqué en el cajón los documentos de Pablo, ya que yo era la encargada de mantener la casa ordenada y limpia. Sabía exactamente dónde los guardaba, y no me costó encontrarlos. Mientras lo hacía, recordé a Matías, el hombre al que serví en Alemania. Con cabello castaño y ojos verdes, era impresionantemente guapo, y su aspecto no se compraba con el de Pablo. Ni siquiera le llegaba a las uñas de los pies por su deslumbrante belleza y con ese traje, a la medida que posiblemente siempre vestía, era imposible no dejar de verle. Además, había algo en su mirada que me intrigaba, como si ya lo hubiera visto antes en algún lugar, pero no lograba recordar dónde. Horas después, me reuní nuevamente con Matías. Matías: — ¿Tienes todo? — Sí, todos los documentos oficiales que me pediste, o mejor dicho, que me pidió Matías: — No hay problema, puedes tutearme, yo también lo haré — mencionó, y ambos sonreímos. Pasamos la tarde juntos, sacando copias de los documentos y preparando todo. Estaba emocionada por dar este paso, ya que finalmente me liberaría de Pablo, el hombre que nunca me trató bien. Tenía miedo de que se enterara, pero mi deseo de escapar de su control era aún mayor. Matías: — Bien, toda la documentación está lista. Los trámites llevarán aproximadamente tres meses. ¿Crees que podrás esperar? — Lo haré Matías: — Aquí tienes, este es mi número de teléfono personal. Si alguna vez necesitas ayuda, no dudes en llamarme. Y si la situación se complica, llama a las autoridades — Está bien. Gracias por todo Matías: — De nada. Te iré manteniendo informada sobre cualquier novedad — Por cierto, ¿cuánto costarán tus servicios? No me has dicho el presupuesto Matías: — No te preocupes por eso. No tendrás que pagarme hasta que veas que mi trabajo ha tenido éxito — Pero… Matías: — Guárdalo, ese dinero es tuyo — dijo, y le sonreí agradecida. — Está bien, adiós Me despedí y salí corriendo de su oficina, con la urgencia de llegar a casa antes que Pablo para evitar cualquier pregunta incómoda sobre sus documentos. MATÍAS 18:34 p.m. — Oye, Guillermo, ¿podemos hablar? Guillermo: — Por supuesto — respondió, y entré en su oficina. — Estoy manejando un caso de divorcio y necesito que revises las fechas para que ambos firmen y completen el proceso Guillermo: — Este año he tenido más casos de divorcio que nunca — Yo también Guillermo: — En julio tengo algunos días libres. Faltan tres meses, es lo más pronto que puedo hacerlo — No te preocupes, está bien así Guillermo: — Ya me pasarás información de los dos — Vale. ¿Tienes libre ahora? Guillermo: — Sí, ¿nos tomamos una cerveza? — Me leíste la mente Guillermo: — Por alguna razón soy tu amigo Al salir de su oficina, fuimos a un bar en el que solíamos ir cuando teníamos un rato libre en el trabajo para despejarnos por un momento. Guillermo: — Aquella de allá, mira Miré una chica joven de cabello n***o que estaba con dos chicas más tomando unas copas. — ¿No tienes ninguna? Guillermo: — No, con la última terminé el contrato. Ya estaba aburrido y ahora quiero algo nuevo Él también era amo, pero era mucho más sádico que yo, muchísimo, más agresivo, y eso lo supe por unas cuantas veces en que participé en tríos y orgías con él y sus sumisas. — Está con sus amigas, ¿irás ahora? — mencioné y él solo me miró. Estaba claro que lo haría igualmente porque, cuando un sádico deseaba su presa, no había nada que lo detuviera. Guillermo: — Elige a alguna de ellas. Menos a la de cabello n***o. Esa será para mí — Ve solo tú, yo no quiero ir — dije y él fue donde ellas. Mientras tanto, observé a las otras dos chicas, pero ninguna me interesó. Entonces, se me vino a la mente a la mujer que había conocido hace poco, Eva, quien por alguna razón tomó toda mi atención y ella sí que despertó un cierto interés en mí, aparte de que me recordaba a alguien que conocí hace muchos años.
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