Capítulo 7: A escondidas

2754 Words
Dos meses después EVA Miércoles, 21:33 pm. Me di una ducha reconfortante en preparación para la noche. Mientras el agua caliente acariciaba mi cuerpo, mi mente divagó sobre mi proceso de divorcio. En ese momento, el recuerdo de mi abogado, Matías, surgió sin previo aviso, llevándome a tomar la decisión de llamarlo y concertar una reunión para discutir mi caso. Matías: — ¿Hola? — preguntó con su característica voz grave y mis pelos se pusieron de punta porque no creí que contestaría a mi llamada. ¡Pero qué tonta si obviamente yo le había llamado! ¿Cómo no la contestaría? — Hola, soy Eva, no sé si te acuerdas de mí Matías: — Por supuesto — Quería preguntarte si algún día podemos quedar para que me cuentes cómo va todo Matías: — Está bien. ¿Te parece ir a almorzar mañana? — preguntó y yo salté de la emoción. — Vale Matías: — Te espero fuera del edificio donde trabajo. ¿A las tres? — Sí, a las tres de la tarde va bien. Buenas noches Matías: — Igual — dijo y colgó. Joder, estaba contenta, pero ¿por qué? ¿Por qué me hacía feliz saber que comería con él? No era una cita ni mucho menos, ya que yo aún estaba casada y no podía fijarme en nadie más, aun si ya no tenía ningún interés en Pablo. Pero, ¿qué me importaba? De todas maneras, si le era infiel era otro motivo por el que divorciarme y eso me serviría. Terminé mi ducha, me puse el pijama y me metí en la cama. Pablo aún no llegaba, normalmente llegaba a las diez de la noche. En los últimos meses, fingí seguir queriéndole. Seguí haciendo las cosas que me pedía para que no sospechara nada y su actitud no cambió, siempre era el mismo machista, maltratador psicológico y egoísta que antes. Jueves, 15:12 p.m. Salí de casa y llegué al edificio, donde Matías me esperaba. Mis piernas temblaron al verlo. No lo había visto en un mes, desde nuestra casual reunión en un bar. Y para mi sorpresa, seguía tan atractivo como la última vez. — ¿Cómo estás? — preguntó Matías mientras me acercaba a él. Su mirada recorrió mi cuerpo de pies a cabeza, lo que me hizo preguntarme si le había gustado mi atuendo. Ese día llevaba un pantalón n***o estilo Palazzo y un jersey café oscuro, perfecto para el clima cálido de mediados de junio. — Bien, ¿y tú? Matías: — Bien, entonces, ¿vamos? Nos dirigimos a un restaurante cercano y, aunque la intención era hablar de mi caso, la conversación tomó otro rumbo mientras disfrutábamos de la comida. Matías: — ¿Cómo van las cosas en casa? — Lo de siempre Matías: — Lo siento si te incomodé con mi pregunta — No lo hiciste. Cuéntame, ¿desde cuándo eres abogado? Matías: — Hace seis años, desde que me gradué en Derecho. Tú, por lo que veo, trabajas en una peluquería — Sí, ¿cómo lo supiste? Matías: — Una vez me pasé por esas calles y te vi dentro — Me hubieras saludado Matías: — No quería interrumpir en tu trabajo — Al contrario — dije, y él sonrió de lado. ¿Has estado ocupado estos últimos meses? Matías: — Bastante — Seguro que tu vida ha sido más interesante que la mía Matías: — ¿La tuya no lo es? Quitando a tu ex, o al menos eso parece ahora que sabemos que lo será — Sinceramente, me aburro mucho — confesé, tomando un sorbo de mi copa de agua. Matías: — ¿Te gustaría experimentar cosas nuevas? — Soy curiosa, aunque no lo parezca —respondí. Matías: — Como qué, por ejemplo — Simplemente, tener nuevas experiencias en todos los aspectos —contesté. Matías bebió su copa de vino y me miró de una manera que me hizo sentir nerviosa. Su misterio y su discreción lo hacían aún más atractivo y cautivador. Matías: — Debo marcharme — anunció mientras nos levantábamos. Pagamos la cuenta y salimos del restaurante. — ¿Te gustaría vernos de nuevo? — preguntó con una sonrisa. — Claro, suena bien — respondí, y nuestras sonrisas se encontraron. Matías: — Ha sido un placer reencontrarnos — Lo mismo digo. Nos veremos pronto MATÍAS Viernes, 17:33 pm. Esta vez, Eva propuso dar un paseo por el paseo marítimo de la Barceloneta, y yo acepté de buena gana. Una semana después de nuestro almuerzo, nos volvimos a encontrar en varias ocasiones, visitando lugares como el Arco del Triunfo y paseando por el puerto. Realmente, no sabía exactamente por qué sentía la necesidad de verla de nuevo, pero Eva seguía intrigándome, y mi interés iba más allá de su apariencia física. Ella tenía la capacidad de inspirarme a hacer cosas que nunca había considerado antes. Eva lograba despertar en mí sentimientos de calma y bienestar, a pesar de conocerla solo por poco tiempo. Sin embargo, su atractivo físico me hacía observarla detenidamente, a veces más de lo debido, con la esperanza de descubrir si podría llevarla por el camino del masoquismo y hacerla mi sumisa. Pero primero, tenía que conocerla a fondo. Siempre había tenido la costumbre de conocer bien a las mujeres que me atraían antes de llevar a cabo cualquier tipo de relación, ya que me preocupaba no causarles daño psicológico. Pues para mí, el aspecto psicológico era crucial en cualquier relación. Eva: — ¿Te gusta la playa? — preguntó mientras caminábamos. — Prefiero la piscina Eva: — Yo también, aunque de vez en cuando vengo a la playa para acompañar a mi padre. No le gusta estar solo, pero le encanta caminar y darse un baño en el mar — dijo mirando hacia la playa cercana. — ¿Y tu madre? Eva: — No tuve la oportunidad de conocerla; murió cuando yo nací — contestó con una mirada triste. — Lamento oír eso — expresé, y ella me dedicó una pequeña sonrisa. Eva: — ¿Y la tuya? — También murió. Era policía y perdió la vida haciendo lo que amaba Eva: — Siento mucho eso Ella me miró y tocó mi hombro, pero yo estaba distraído por los recuerdos. Recordé el día en que me dijeron que mi madre había muerto debido a un tiroteo en un evento en el que ella y muchas personas importantes estaban presentes. Solo faltó un borracho hambriento de venganza por alguien presente en el evento, que se pusiera a estar disparando a cualquiera que veía. Y una maldita bala causó que lo más importante, que la mujer más importante de mi vida, dejara este mundo. — ¿Te gustaría ir a tomar algo? —pregunté, tratando de cambiar el tema. Eva: — Claro, vamos 21:12 p.m. Eva: — ¿Y por qué estabas en el modelaje allá en Alemania? — Fue por mi padre; él es patrocinador de eventos como ese Eva: — Sí, me lo contó — ¿Has hablado con él? Eva: — Sí, cuando fui a mi primera cita — Es cierto, no lo recordaba Eva: — ¿Y a ti te gusta asistir a esos eventos? — No mucho, aunque a veces es divertido ver los atuendos que llevan Eva: — ¿No será para tanto, o sí? — Claro que sí. Una vez, en una presentación de la nueva temporada de ropa de verano, todas las modelos llevaban prendas extrañas. Había una que llevaba una especie de cuadro gigante en la cabeza que la cubría por completo. De verdad, era bastante cómico Eva: — ¿En serio? ¡Ja, ja! — Sí, te lo aseguro. Recuerdo que también había otra modelo con un tipo de traje de baño de una sola pieza que le quedaba tan apretado que parecía un embutido — comenté, y Eva soltó una carcajada, contagiándome con su risa. Eva: — ¿Pero cómo esperan que las modelos se sientan cómodas con esas prendas? — Eso es precisamente lo que me pregunto Eva: — Ojalá hubiera estado allí para verlo, o tal vez no, porque sé que me habría reído de todo, y probablemente no habría sido apropiado en ese lugar — dijo entre risas. Después de un rato en un bar tomando refrescos y cerveza, Eva propuso ir a un club y allí seguimos divirtiéndonos hasta bien entrada la noche. Eva: — Vaya, me debes otra bebida — me recordó al ver que había derribado más de tres bolos con su tiro, acercándose a mí y apretándose a mi cuerpo. Ella ya estaba un poco ebria, pero yo no era de emborracharme. — Solo una más, o terminarás pasada de copas Eva: — ¿Y qué? — ¿Olvidas que tienes un esposo? — pregunté, buscando una excusa para que no continuara bebiendo, ya que si yo también lo hacía, podría caer en la tentación de llevarla a la cama esa noche. Eva: — No me lo recuerdes. La verdad es que quiero ponerle fin a eso y explorar otros horizontes — dijo, poniendo su mano sobre mi pecho y acercándose. La miré y con delicadeza retiré su mano de mi pecho. — Acompáñame al baño — ¿Para qué? Eva: — Solo ven Esa fue su respuesta, y tiró de mi brazo, llevándome al baño de mujeres, donde me obligó a entrar con ella. — Salgamos de aquí, alguien podría entrar Pedí, aunque en realidad no quería salir de allí, pero lo dije por cortesía. Eva: — Mira, sé que esta no es la mejor situación para decirlo, pero me gustaría conocerte mejor — Es mejor que no me conozcas Eva: — ¿Por qué? — preguntó, y solté un suspiro. — No soy como piensas — respondí y ella se tomó unos segundos antes de responder. Eva: — Es cierto que no te conozco bien y no sé tus secretos, pero eso se descubre con el tiempo — ¿Realmente estarías dispuesta a conocerme de verdad? Eva: — Desde que te conocí, no he dejado de pensar en ti. Me interesas — dijo, colocando sus manos en mi pecho. — ¿Cómo puedes estar segura de eso? Estás un poco ebria ahora Eva: — No estoy ebria, puede parecerlo, pero no lo estoy. Créeme, cuando te digo que me interesas, estoy siendo sincera Esa fue su respuesta, y no pude resistir la tentación de tenerla tan cerca. Así que la besé, un acto que no planeé, simplemente sucedió. Ella correspondió a mi beso y apreté su cuerpo contra la pared. Estaba a punto de follarla ahí mismo, pero tuve que frenar mis deseos cuando su teléfono comenzó a sonar y ella respondió la llamada. Eva: — ¿Qué pasa? ¿Dónde estoy? Estoy en la casa de mi padre, como te dije ayer. No es mi culpa si no me crees… Mira, acabas de despertarme; deja de llamarme — dijo y colgó. — ¿En casa de tu padre? Eva: — Hoy iba a visitarlo, pero no estaba en casa. Salió de viaje sin avisarme, así que me quedé en Barcelona y salí contigo porque no quería estar con Pablo — Entonces, no puedes regresar a casa Eva: — No, se supone que estoy en casa de mi padre — Te llevaré a mi casa; puedes quedarte conmigo Salimos del baño sin ser vistos, subimos a mi coche y la llevé a mi casa, decidido a no hacer nada, ya que lo que había sucedido recientemente se debía posiblemente al alcohol. 22:14 p.m. Eva: — Tienes una casa hermosa — Gracias. Ven, te mostraré la habitación en la que puedes quedarte — dije y la llevé a una de las cinco habitaciones de la casa. — La que está al lado es la mía, por si necesitas algo — añadí antes de salir. Cuando entré en mi habitación, me di cuenta de que ella me había seguido. Eva: — Espera — dijo, deteniéndome al agarrarme del brazo. Me di la vuelta y me acerqué a ella, quedando frente a frente en silencio por un momento. — ¿Qué sucede? Eva: — Haz el amor conmigo — pidió suavemente, y sus mejillas se sonrojaron. — No puedo Eva: — ¿Por qué? ¿Tienes pareja? — No Eva: — Porque si es por Pablo, a mí no me importa — No, no es por él — dije y ella suspiró lentamente. Eva: — Sé que quizás no te intereso de la misma manera en que tú me interesas a mí — Te equivocas Eva: — ¿Entonces no lo niegas? — preguntó, y lancé un suspiro. — No Eva: — ¿Entonces, por qué no nos dejamos llevar? Descubramos juntos lo que nos sucede No me contuve. Su forma de mirarme y de hablar conmigo, despertó un deseo tremendo de hacerla mía. No dudé en besar esos labios que, cuando los probé por primera vez hace unos minutos, me volvieron loco. La tomé en mis brazos y la acosté suavemente en la cama. Le haría el amor y sería sutil con ella, ya que no quería asustarla si hacía las cosas que solía hacer en el sexo. La besé de nuevo y le quité la ropa lentamente, besando su cuerpo mientras lo hacía y en sus ojos noté que estaba disfrutando del momento. Finalmente, ambos quedamos desnudos, y yo tomé un preservativo de la mesita de noche y me lo puse mientras admiraba su perfecta desnudez sobre las sábanas. — Con el tiempo verás que no suelo ser delicado en el sexo, pero ahora lo seré al hacerlo por primera vez contigo Eva: — ¿Por qué? ¿Qué te gusta? — Ya tendrás la oportunidad de verlo — respondí y la volví a besar, en tanto la volví a mirar, metí mi pene en su apretada v****a y ella jadeó. Volví a penetrarla y a besar su cuello. Al instante, me di cuenta, gracias a su manera de mover su cuerpo con cada sensación que percibía, de que estaba necesitada. De que su cuerpo pedía a gritos, atención, complacerle, quererle y hacerla sentir lo que ella quisiese, como si nunca le hubieran hecho lo que ella pedía. Necesitaba muchas cosas y yo en esa noche estaba dispuesto a darle todo lo que le faltara y a cumplir lo que sus deseos exigieran. EVA Matías me estaba haciendo algo que nunca había vivido. Estaba muy excitada, me sentía en otro mundo experimentando un placer que con Pablo ni en sueños había sentido. Entonces, Matías se siguió moviendo, penetrándome con lentitud, pero profundamente, y eso me hacía temblar y encenderme aún más de lo que ya estaba. Él sí sabía cómo tratar a una mujer y él me hizo sentir importante atendiendo a cada pequeño gesto que mi cuerpo pedía. Por ejemplo, me besaba donde me gustaba, como si me leyera la mente y supiera que ahí quería sentir sus labios. Era todo tan meticuloso y tan fascinante, que mi v****a se mojaba con cada estocada. Yo ya estaba en un punto de sentirme en otro universo, era un orgasmo que iba a tener y finalmente lancé un gemido y un jadeo cuando me corrí. Por fin lo había hecho, ¿quién iba a pensarlo? Igualmente, Matías no tardó en llegar e hizo lo mismo que yo cuando se vino. 22:57 p.m. Matías: — Saca del cajón otro preservativo — pidió tomando aire y quitándose el que tenía puesto. Eso significaba que el acto aún no había acabado y eso me volvió a encender. Entonces, cuando Matías acabó de ponerse en preservativo, me subí encima de él. Quería devolverle el placer que me había dado hace minutos y empecé a moverme encima de él mientras nos mirábamos y le veía disfrutar de mis movimientos. En esos instantes, ninguno de los dos mencionó alguna palabra, y posiblemente fue porque los dos estábamos más centrados en satisfacer nuestras ganas que no ponernos a charlar. Mientras tanto, noté algo sorprendente; no me invadía una intensa sensación de nerviosismo. Aunque los nervios estaban presentes, no llegaban a abrumarme al punto de querer cubrir mi cuerpo desnudo para ocultarlo de la mirada de Matías. De hecho, dejamos la lámpara de la mesita de noche encendida, con lo cual nos mirábamos perfectamente. En momento, me sentía cómoda y liberada. No sabía si era la influencia del alcohol, me daba esa confianza o si Matías simplemente era un hombre que no me juzgaba con su mirada, a diferencia de Pablo, quien a menudo me hacía sentir profundamente insegura.
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