Me observo frente al espejo y me prometo internamente no volver a llorar y dejar de tenerme lástima a mí misma. Alexandro no me ha llamado o escrito y con su indiferencia he podido comprobar que su madre tenía razón, él muy imbécil no tuvo los pantalones para pedirme que me fuera de su habitación y del castillo y envió a su madre. La humillación que sentí todavía me corroe y, a pesar de que lo último que me interesa es ser parte de una carrera ilegal de autos, Mara me ha convencido para que fuéramos juntas. — Oye entiendo que vayamos a perdernos en un mundo oscuro y tenebroso, pero al menos podrías ponerte un poco de color, de brillo — Me dice. Mara lleva un pequeñísimo y escarchado vestido plateado y unas vertiginosas botas negras hasta las rodillas. — Sabes que no podrás caminar con

