Keira Abro los ojos con mucha calma, la luz, que no es mucha, me molesta y la cabeza me duele de forma impresionante. Tanto, que hasta el sonido de la lluvia cayendo me molesta. Observo una ventana abierta y la lluvia caer, mientras mi mente trata de recordarme todo lo que sucedió anoche y mi cuerpo sensible ante el roce de las suaves y frescas sábanas me confirma que he pasado de nuevo la noche con Alexandro. — Debes marcharte — escucho una suave, pero autoritaria voz de mujer y vuelvo mi cara hacia el otro lado. Estoy acostada boca abajo sobre la cama y de solo ver la majestuosa presencia de la mujer que acaba de hablarme, mi respiración se detiene por un segundo, mientras hago todo lo posible por cubrir todo mi cuerpo con la sábana. — Y debes hacerlo, ahora. Muchacha — Parpadeo

