A Jade los nervios la invadían, sintió que en cualquier momento se desmayaría, tenía que inventarse una mentira creíble, obligó a su cerebro a trabajar para armar su alegato mientras rogaba al mismo tiempo a Dios no ser descubierta, porque después de todo ella no estaba actuando por maldad, lo hacía por amor, por amor a ese señor que le había dado todo y la había convertido en su hija, él era su impulso para todo lo que hacía. —¡Maldit4 seas mujer! —Exclamó con furia— ¿Por qué tienes la mala costumbre de quedarte callada cuando te exijo una explicación ¿Acaso eres retrasada que no coordinas bien lo que se te dice? Esas palabras sirvieron para alejar los nervios de Jade y ser sustituidos por rabia. —Puede ser que también me enferme su insensible tono de voz y que mi cerebro se cierre a p

