NARRADOR OMNISCIENTE
La puerta de cristal se cerró detrás de Emilia con un suave “clic” que sonó más definitivo que cualquier palabra, Emilia en sus manos llevaba una carpeta que contenía el fin de un imperio y el inicio de algo que había soñado durante años, justicia, aunque en el fondo esa palabra empezara a confundirse demasiado con otra... venganza.
El aire de la tarde era fresco con un viento que revolvía los mechones sueltos de su cabello perfectamente alisado, Maya esperaba impaciente junto al auto, con una sonrisa contenida mezcla de orgullo y complicidad —¡Hola! ¿cómo te fue?— saludó y preguntó en la misma oración
—Bien— respondió Em —te presento a Stwart Coleman, fue quien consiguió la firma de Julen— le dijo
—El famoso Stw, que gusto ponerle un rostro al nombre— le dijo Maya con su peculiar manera de ser
—El gusto es mío Maya, también me alegra conocerte— le contestó sonriente, avanzaron al auto, Stwart unos pasos atrás, alargó el brazo para alcanzarles, con el gesto relajado de quien había cumplido su papel y estaba disfrutando de la victoria.
—Se acabó— dijo Emilia en voz baja, casi como si no terminara de creerlo.
Maya le apretó la mano, sus dedos cálidos contrastando con la piel fría de Emilia —No, Em… no sé porque presiento que esto apenas comienza—
La risa que salió de Stwart fue breve pero sincera —Tiene razón lo de hoy fue solo un movimiento, uno fuerte, sí, pero todavía quedan fichas en juego Em— confirmó el chico
Emilia giró el rostro hacia él observando sus facciones juveniles y la seguridad en sus ojos, Stwart tenía esa manera de mirar que incomodaba y tranquilizaba al mismo tiempo, como si pudiera leer entre las capas de frialdad que ella intentaba sostener.
Iban los tres en el auto, hasta que Maya señaló una pequeña cafetería con terraza.
—¿Les parece si entramos? Creo que esto merece algo más que respirar aire callejero—
Aceptaron sin protestar, el lugar estaba medio vacío, con el murmullo discreto de conversaciones lejanas y el olor a café recién molido impregnando el ambiente, se sentaron en una mesa junto a la ventana, donde la luz del atardecer caía en tonos dorados que parecían suavizarlo todo, Emilia dejó la carpeta sobre la mesa, como si necesitara verla para convencerse de que realmente existía, sus dedos la acariciaron con delicadeza y de pronto el silencio se volvió pesado.
Fue Stwart quien lo rompió —Lo lograste, todo lo que dijiste que ibas a hacer, lo hiciste—
Maya sonrió con orgullo —No cualquiera puede decir lo mismo—
Pero Emilia no respondió enseguida porque sus ojos se perdieron en la calle del otro lado del cristal viendo pasar autos, rostros que nada sabían de lo que estaba ocurriendo y entonces lo dijo, en un susurro cargado de más verdad de la que quería admitir —¿Y si esto no es justicia? ¿Y si solo estoy hundiéndome en lo mismo que me hicieron?—
Maya la miró de frente, sin suavizar —¿Lo dudas? no deberías, lo que esa familia te hizo no es ni siquiera una cuarta parte de lo que les haces, yo hasta pienso que les hiciste un favorsote amiga—
—si lo eh pensado— contestó Emilia con un hilo de voz —me despierto pensando en lo que me quitaron, en todo lo que perdí… y lo que siento no es calma ni alivio es rabia, es el deseo de verlos caer, de ver a Liam pagar y eso… eso no es justicia ¿o si?—
El silencio se instaló en la mesa, Stwart la observaba con atención recargando el codo en el respaldo de su silla, como si sopesara cada palabra, al final habló con esa serenidad que parecía impropia de alguien de su edad —La diferencia entre justicia y venganza no está en lo que haces, sino en lo que esperas obtener, la justicia busca equilibrio, la venganza busca satisfacción— dijo pensativo
Maya asintió —y la satisfacción se esfuma.. Siempre lo hace—
Emilia sonrió con ironía, aunque sin alegría —Qué filosóficos están los dos—
—Porque te conocemos— replicó Maya con suavidad —porque sé que esto no es solo un juego de negocios para ti Em, es tu vida, es lo que te arrancaron, pero si dejas que el rencor maneje cada decisión… al final no vas a recuperar nada—
La máscara de frialdad que Emilia había cultivado durante años se resquebrajó un instante, bajó la vista, jugando con la servilleta de papel entre los dedos, y murmuró —No saben lo que es ver a alguien… alguien a quien entregaste todo… mirarte como si fueras un error—
El nombre de Liam no salió de su boca, pero los tres lo sintieron en el aire flotando invisible, Stwart se inclinó hacia ella con un destello de complicidad en la mirada —Entonces que tu victoria no sea hundirlo a él, sino levantarte tú, justicia y venganza están divididas por una línea invisible, si la cruzas no hay marcha atras—
Las palabras quedaron suspendidas, Emilia cerró los ojos por un segundo tragando la punzada que le quemaba en el pecho, no quería admitirlo pero había algo de razón en lo que decían y sin embargo… no podía desprenderse del deseo de ver a Liam caer, de verlo sentir al menos una parte de lo que ella había sufrido, pidieron café y algo de repostería, como si celebrar con dulces simples pudiera equilibrar el peso de lo que cargaban, la conversación derivó en planes prácticos, cómo se movería el dinero, qué próximos pasos debían cuidar, cómo manejar los rumores que inevitablemente comenzarían a circular, Maya escuchaba con atención, pero en cada pausa encontraba la oportunidad de regresar al punto que más le importaba... Emilia.
—Prométeme algo— le pidió en un momento, mientras partía distraída un pedazo de pastel con el tenedor
—¿que cosa?— quiso saber Em
—Que si en algún punto sientes que esto ya no es por ti sino contra él, vas a detenerte— pidió con sinceridad
Emilia levantó la mirada sorprendida por la firmeza en la voz de su amiga —¿Y qué quieres que haga? ¿Que lo deje en paz?—
—¡no! Quiero que no te pierdas a ti misma en el proceso— respondió Maya sin titubear.
Hubo un silencio denso, Emilia quiso responder pero en vez de palabras, lo que salió fue un suspiro largo como si de pronto le pesara todo lo que había cargado sola, Stwart, que había estado observando esa dinámica con atención, levantó su taza en un gesto casi solemne —Brindo por lo que venga, por la victoria de hoy… y porque sepamos reconocer hasta dónde llegar—
Las tres tazas se encontraron en el centro de la mesa, el sonido del choque fue suave, pero en Emilia resonó como un juramento, sabía que la línea era delgada y también temía que tarde o temprano, alguien podía empujarla para cruzarla...
—Vamos por partes, tengo muchas cosas en que pensar y no quisiera adelantarme, de alguna manera y otra los que me hicieron daño tendrán que pagar y lo único que tengo seguro hasta ahora, es que voy a estar ahí para verlo— dijo Em con determinación
—Hagamoslo así entonces corazón— dijo Stwart
—Yo haré lo que necesites y lo sabes— continuó Maya
—Celebremos nuestra pequeña victoria— la sonrisa en la cara de Emilia no dejó espacio para réplicas, los tres tenían diferentes cosas en la cabeza, pero no era el momento ni el lugar para hablarlo...