15. Fuera máscaras..

1581 Words
POV JULEN Sabía que no era buena idea, pero había cosas que ya no podían esperar, había pasado demasiado tiempo huyendo de esta casa, de esos recuerdos y de la mirada de un padre que siempre había querido acercarse y se lo negaban, hoy no estaba Amanda, al menos no según la vigilancia que llevaba días montando y yo no pensaba desperdiciar la oportunidad, respiré hondo y pensaba en tocar la puerta, la madera ya no brillaba como antes, como cuando la que se supone es mi madre se empeñaba en mantener cada rincón impecable, ahora estaba opaca, gastada… como todo lo que Amanda había dejado marchitar, entré con el estómago hecho un nudo, estaba nervioso y un poco ansioso, miré a todos lados y los recuerdos que llegaban me hacían temblar, los malos tratos a escondidas, las humillaciones, todo lo que Amanda me hacía cuando nadie la veía, subí las escaleras con los ojos llenos de lágrimas, cada paso un nuevo recuerdo de todo el sufrimiento de un n¡ño indefenso, hasta que llegué a su puerta, la abrí con pánico, sabía cómo estaba, pero verlo.. se que sería diferente, lo ví desde la puerta y me desgarró el alma, el que alguna vez fue un hombre imponente, de traje impecable y mirada que imponía respeto que su nombre pesaba en la ciudad como sinónimo de éxito,ganadero, empresario y un ícono que levantó de la nada un imperio que muchos admiraban y otros envidiaban, ahora su figura es apenas una sombra de lo que fue, su piel antes tersa y llena de vida, luce apagada, sus manos tiemblan como si cargaran el peso de todo lo que alguna vez sostuvo, el poder lo abandonó, la salud lo traicionó y su cuerpo refleja una batalla silenciosa que parece no darle tregua pero pese a todo, sus ojos guardan una ternura inquebrantable, la misma que siempre reservó para nosotros, para Liam y para mí, ya no puede con los negocios ni con las largas reuniones, pero todavía es capaz de sonreír con suavidad cuando ve entrar a su hijo, aunque su cuerpo lo traicione, su esencia de padre amoroso permanece intacta, de grandeza pública pasó a la vulnerabilidad íntima —¿Julen?— su voz sonó ronca, como si arrastrara siglos de cansancio, lo miré había envejecido más de lo que esperaba, sus ojos que alguna vez fueron imponentes, ahora estaban apagados, con un brillo húmedo que intentaba disimular. —Soy yo, papá— contesté, con un nudo en la garganta. Él se aferró al marco de las cobijas de su cama, como si mis palabras hubieran removido el suelo bajo sus pies —Creí… creí que no volvería a verte hijo— me dijo apenas —No debería estar aquí— admití —pero necesitaba verte— Me hizo un gesto para entrar, caminé hasta llegar a su lado el mismo sillón de siempre, pero hundido con las marcas del tiempo, él se dejó caer en él como si no tuviera fuerzas ni para sostenerse. —Julen…— susurró, llevándose una mano al pecho —Yo… no me queda mucho tiempo y no sabe lo feliz que me hace volver a verte— levantó su mano para acariciar mi mejilla —No digas eso— respondí rápido, aunque la verdad la tenía escrita en la piel, su respiración era pesada, su piel pálida, sus movimientos lentos, me miró fijamente, como si buscara grabar mi cara en su memoria —¿Cómo estás hijo? hablame de ti— pidió y así lo hice le conté sobre mi firma de arquitectura y el sonreía cada vez más —Ahora hablame de ti papá ¿Que dicen los médicos?— el suspiró —Necesito pedirte algo, algo que solo tú puedes hacer— me dijo Me incliné hacia él, sintiendo que el aire se me escapaba de la ansiedad —Lo que sea papá, dímelo— Tragó saliva, sus ojos se nublaron —Tienes que…— su voz se quebró, la garganta le temblaba —tienes que cuidar de…— se interrumpió cuando la puerta se azotó con fuerza, el eco resonó en toda la casa. —¿Qué significa esto?— la voz de Amanda cortó el momento como un cuchillo, me giré, ahí estaba ella, impecable como siempre con ese aire de reina que se creía dueña de todo, me fulminó con la mirada —¿Cómo te atreves a entrar aquí?— escupió las palabras, avanzando hacia mí. Me puse de pie —Estoy hablando con mi padre— le dije sin soltarlo —¡Tú no tienes nada que hablar con él!— replicó alzando la voz —¡Lárgate antes de que te saque a patadas!— —Amanda…— el débil murmullo de mi padre trató de interponerse. Ella lo calló con un gesto seco —No lo agotes con tus problemas Julen ¿No ves cómo está? ¡Lo último que necesita eres tú!— Sentí la rabia hervir en mis venas, pero lo miré a él su mano temblorosa intentó alcanzarme, como queriendo detenerme como queriendo terminar aquella frase que me había dejado a medias. —Papá…— susurré. Él me dedicó una mirada cargada de tristeza y urgencia y aunque no dijo nada más, entendí que lo que me estaba pidiendo iba mucho más allá de lo que Amanda jamás me dejaría escuchar. —Volveré— le prometí en voz baja, antes de girarme y encarar a la mujer que había hecho de esta casa una cárcel. —Hazlo— me retó Amanda con una sonrisa fría —Y verás lo que pasa— salí de ahí con la mandíbula apretada y el corazón hecho pedazos porque ahora lo sabía, mi padre me necesitaba… y Amanda haría todo lo posible por mantenernos lejos pero está vez no le iba a resultar nada fácil, me quedé un momento solo para tranquilizarme... POV AMANDA Julen había entrado en casa mientras yo no estaba, la sangre me subió al rostro y mi corazón latía con una mezcla de ira y excitación, no podía permitir que ese bastardo se acercara a Bruno ni por un instante... —¿Qué significa esto? ¿Cómo te atreves a entrar aquí?— pregunté exaltada y con miedo a que Bruno hubiera alcanzado a decirle cualquier cosa —Estoy hablando con mi padre— me dijo según el muy seguro, pero podía oler su miedo en el ambiente, estoy segura que no ha olvidado el amor que le demostré.. —Amanda…— quiso intervenir Bruno, pero una seña y fue suficiente para callarlo —No lo agotes con tus problemas Julen ¿No ves cómo está? ¡Lo último que necesita eres tú!— le dije y lo eché como lo merece, si el piensa que va a obtener algo de lo que le pertenece a MI HIJO, está muy equivocado Cuando al fin salió de la habitación me encontré a Bruno débil, con las manos temblorosas mi primer impulso fue ignorarlo, pero la cordura me recordó que debía manejar la situación con precisión. —Bruno— dije con voz suave, fingiendo tranquilidad —¿Todo bien cariño?— Él levantó la vista, buscando algo en mis ojos que no estaba —Sí… sí, Amanda… todo…— su voz temblaba, suspiré, conteniendo la ira que me revolvía el estómago, Julen había cruzado una línea y yo iba a marcarla con claridad, salí de la habitación con pasos calculados y lo encontré en el pasillo, intentando aparentar indiferencia —Julen— dije con un tono que combinaba cortesía y firmeza, uno que el conocía muy bien —Creo que es hora de irte y jamás volver— —¿Qué…?— intentó protestar, pero mi mirada lo congeló, aquí sonreí por qué me di cuenta que sigo causando miedo en el y eso me encanta —No es el momento para tus visitas— continué, pausando para asegurarme de que cada palabra calara —Ni ahora, ni nunca, tu padre necesita tranquilidad y tú… bueno, no se la das— sonreí triunfante Julen palideció, comprendiendo que no había discusión posible, mi satisfacción fue silenciosa casi deliciosa, un recordatorio de que yo era quien decidía aquí, cuando la puerta se cerró tras él, regresé junto a Bruno, acomodándome a su lado con una sonrisa que mezclaba dulzura y autoridad. —No te preocupes— susurré tocando su mano temblorosa —Ya todo está bajo control, no necesitamos complicaciones innecesarias estos últimos días ¿verdad?— Él me miró sometido, como siempre lo había estado —Amanda… ¿estás segura?— dijo con un hilo de voz —¿Julen está bien?— preguntó Asentí suavemente, como quien acaricia a un animal doméstico —Absolutamente, tú solo… relájate y confía en mí, después de todo, no queremos que nadie perturbe tu descanso, sería una pena que algunos visitantes inoportunos complicaran lo que queda ¿no crees?— Bruno bajó la mirada, consciente del filo detrás de mis palabras, todo estaba bajo control, Julen había sido apartado mi dominio sobre él asegurado y mi control sobre Bruno intacto, mientras lo veía respirar con dificultad, una parte de mí se regocijaba en secreto, nadie, absolutamente nadie, iba a interponerse entre el y lo que le pertenecía a mi único hijo, ni siquiera Julen... —¿Tomaste tus medicinas?— el asintió ya casi quedándose dormido —Buen chico— le respondí mientras me encaminaba a la salida..
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