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1161 Words
Parece un cliché decir que no sabemos cuál será la última vez que veamos a alguien, pero a veces lo inminente puede presentarse como un anuncio repititivo que decidimos ignorar para no hacer frente al dolor. —Hey brother, there's an endless road to re-discover… Y al escuchar la canción iniciar, sintió el vacío doler incesante en su pecho, de una manera que sostuvo el borde de la mesa con tanta fuerza que sus nudillos se volvieron blancos. Kesean era un joven de veinte años, que nunca podría escuchar esa canción sin pensar irremediablemente en ella; ciertamente la letra haría a cualquiera recordar a sus hermanos o hermanas, pero es que desde el día que Kerensa escuchó esa canción se la cantó una y otra vez en cualquier momento. Así, Kesean había dejado de tolerar la canción porque ella le había hecho aburrirla. Pero ahora, él jamás dejaría de sentir que su corazón se rompía otro poco al pensar que nunca más había vuelto, ni volvería, a escuchar la voz de su hermana cantarle colmándole la paciencia. —…Oh, if the sky comes falling down, for you there's nothing in this world I wouldn't do… Sonrió melancólicamente en cuanto el recuerdo de su hermana bailando, de una forma demasiada extraña y perturbadora, mientras cantaba a todo pulmón en la sala apareció en su mente. La recordó tan enérgica, feliz y fastidiosa como solo ella podía ser cuando estaban juntos. Si supiera la última vez que la vio, que sería la última, se habría dejado abrazar por ella, e incluso la habría sujetado con fuerza para no dejarla salir esa noche y así mantenerla consigo.  No había escuchado la canción desde hacía años, había huido de ella sin notarlo esperando algún día ser capaz de escucharla y que no le hiciera sentir triste, y ahora que la escuchaba solo podía darse cuenta de una cosa. Jamás superaría su ausencia. Él siempre la admiró aunque nunca se lo hizo saber, ella siempre encontraba la manera de ser un ejemplo, de mostrarle que todo era posible, que los sueños se cumplían y que era muy importante tener fe. No lo notó hasta un par de años atrás, pero esa era su manera de tomar la responsabilidad como hermana mayor, porque era demasiado torpe como para hacerse cargo de cosas como prepararle un almuerzo que no consistiera en pan con mantequilla. —Ahora yo soy el mayor, estúpida —dejó salir de sus labios mientras veía por la ventana. Kerensa había muerto cinco años atrás a sus diecinueve años de edad. Quizás nunca dejaría de extrañarla, pero esperaba que el dolor continuara menguando día a día. —Con permiso — pidió la mesera —, acá tiene un mocaccino — dijo con una sonrisa amable mientras colocaba el café sobre la mesa. —Esto… no… — señaló confundido —… creo que se ha equivocado, yo no ordené esto. Ella negó con la cabeza muy confiada. —No, señor, alguien lo ha ordenado para usted. Por favor, disfrútelo — tras esas palabras le dio la espalda. —Disculpe, ¿Quién…? Pero pareció ignorarlo porque no se detuvo, solo continuó su camino dejándolo solo en la mesa. A Kesean le había tocado ir por los cafés de todos sus compañeros esa tarde durante su descanso, así que estaba esperando su orden pacientemente en la mesa, pero no había pedido algo así. Miró el mocaccino que tenía una letra “K” dibujada en chocolate sobre la espuma blanca. —¿Qué? Colocado a un lado sobre el pequeño plato, se encontraba un papel; lo tomó lejos de sentir disipada su confusión y lo leyó. No supo cuál emoción lo golpeó primero. Un escalofrío le recorrió la espalda, sintió como una patada en la boca de su estómago y el aire abandonó sus pulmones. — …What if I'm far from home? Oh, brother I will hear your call… Casi pudo escuchar su voz diciendo las palabras escritas en el papel: “Te estoy esperando afuera, idiota. No digas que ya vienes, solo ven”. Miró en todas direcciones en la cefetería. Estaba abarrotada de personas y eso le dificultó poder ubicar si ella estaba allí. —…What if I lose it all? Oh, sister I will help you out… A través de la ventana, observó salir a una chica con su cabello metido en una gorra negra. ¿Podría ser ella? ¿Cómo podría? Se levantó y corrió a través de los pasillos tan de repente que las personas lo miraron extraño, pero no le importó, solo salió esquivando a una mesera en el camino y saltando sobre un niño pequeño. ¿Por qué había tenido que sentarse tan atrás? —…Oh, if the sky comes falling down, for you… ¿Qué estaba pasando? No tenía tiempo de pensarlo. Sintió más ansiedad para el momento en el que llegó a la puerta. —…There's nothing in this world I wouldn't do. Miró en todas direcciones, caminó un par de metros hacia la calle. No encontraba a nadie. —¿Kerensa? ¿Kerensa? — gritó sin poder ser consciente de nada más. Solo se necesita de un segundo para que todo se salga de control y pudo corroborarlo. Detrás de él un estruendo atravesó sus oídos aturdiéndolo, y una energía lanzó su cuerpo varios metros hacia adelante. Sus manos lograron recibir el impacto antes que su rostro, sin embargo, sus rodillas, al igual que el resto de su cuerpo se vieron afectados. Llevó una mano a su cabeza, y gracias a sus reflejos consiguió lanzar su cuerpo hacia la acera en el momento exacto en el que un carro venía hacia él. —¡Kesean! ¡Su voz! ¡Era su voz! ¿Era su voz? El auto frenó justo a tiempo para no chocar contra él. —Kerensa. Se colocó de pie aun sintiéndose aturdido, intentando enfocar su visión lo suficiente como para poder localizarla. Pero entonces, en vez de encontrar a su hermana, Kesean se encontró con una escena perturbadora. La cafetería de la que acaba de salir, la cual había estado llena de personas se había convertido en escombros. —No puede ser — salió de sus labios sin poder creerlo. Habían hecho estallar el lugar. —Hey, joven, ¿estás bien? — preguntó un señor a su lado, probablemente el conductor que casi lo atropellaba. —Sí… yo… Quería encontrar a Kerensa, la había escuchado, le había mandado indirectas. O era ella… o alguien estaba jugando con su mente. —¡Kesean! — una voz femenina lo llamó de nuevo. Se giró de golpe, y entonces se encontró a su compañera, Jessie, corriendo hacia él desesperada. ¿Era a ella a quien había escuchado antes? ¿Es que cómo podría Kerensa estar viva cuando él había acompañado a su madre a identificar el cuerpo? 
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