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1144 Words
Eran las once y cuarto de la mañana, la clase de Kesean había tardado un poco más, pero no era anormal que sucediera, así que Kesean pasó del centro de entrenamiento al centro de operaciones del FBI sin demorar mucho más, ni siquiera almorzar porque no era como si tuviese hambre tampoco. Para entrar tenía que marcar su identificación y quería poder entrar de esa manera, miró con admiración a quienes pasaban y esperaba un día poder ser uno de ellos, pero de momento, aunque su identificación mostraba que era un aspirante al FBI, no tenía acceso a ese departamento por lo cual tuvo que dirigirse de nuevo a una de las secretarias. —Hola, buenos días — saludó cordialmente sin ser capaz de sonreír. —Buenos días, joven, dígame, ¿en qué puedo ayudarle? — contestó la mujer con una sonrisa amable. Ella miró a su uniforme y alzó las cejas. —Es un aspirante. —Sí, lo soy — asintió tímidamente —. Ah… esto… el agente Lennon me ha solicitado hoy. —Está bien, dame tu identificación y déjame revisarlo. Kesean hizo lo que le pidió, entregó su carnet de estudiante.             En ese momento, su mirada se encontró con la de una señora que le había atendido el día anterior, esta le sonrió ampliamente.             —Joven Kers — saludó animada.             —Hola — saludó alzando la mano —, buenos días. —¿Por qué no ha pasado? Kesean se encontró confundido. —Ella está comprobando que el agente Lennon me solicita. —Ah, ¿no lo sabe? — preguntó acercándose a la otra secretaria. En ese momento esta última juntó las cejas y luego le miró con sorpresa. —Tiene permiso especial — anunció. —¿Qué? ¿Permiso especial? ¿Cómo? — no entendió a qué se refería. —Sí — contestó la señora —, el agente Lennon me envió la aprobación e hice el arreglo temprano — explicó tomando la identificación y entregándosela —, tienes acceso con el permiso especial, ya que te estarán necesitando por un tiempo. Kesean esperó escuchar cualquier cosa menos aquello. —¿Qué…? ¿Es en serio? Estaba emocionado. —Sí — sonrió la señora —, ahora ve, joven Kers, haz lo que tengas que hacer y toma este consejo — dijo de manera maternal —, aprovecha cada oportunidad que tengas. No sé lo que vayas a hacer, pero eres un estudiante del FBI así que sea lo que sea, esto será bueno para ti, así que aprende todo lo que puedas. ¿Está bien? Kesean asintió tomando la identificación. —Sí, señora, muchísimas gracias — se apartó un par de pasos —. Que tengan un feliz día. Eso de alguna manera le había proporcionado un poco de entusiasmo y si estuviese participando en un caso en otras circunstancias estaría plenamente feliz. Marcó su identificación y se sintió contento en cuanto le permitió el acceso. Sintió el peso en sus hombros de la responsabilidad de participar oficialmente en un caso, pues la señora había indicado que lo necesitarían varios días así que eso significaba que participaría del caso de forma activa, ¿cierto? Dio unos cuantos pasos, estaba por resolver su primer caso. Y no era cualquier caso, era el de su hermana. —¡Joven Kers! — gritó la señora. Kesean ya había pasado así que se giró a la expectativa.   —¿Sí? —Demuestra tu emoción y sonríe un poco más — animó. Kesean no dijo nada, solo asintió y se giró. Las personas a veces le decían eso, hablaban de que era poco expresivo con su rostro o incluso no demostraba sus emociones. Su madre también discutía sobre eso, y a veces lo intentaba y se sentía muy extraño al hacerlo. Antes del incidente de Kerensa, Kesean era todo lo contrario, se podría decir que era la persona más expresiva de la familia, era fácil leer en su rostro si estaba emocionado, feliz, triste, nervioso, preocupado o lo que fuese, ahora Kesean sabía perfectamente que lograba ocultar cualquier emoción y no era que lo hiciera apropósito, simplemente había perdido la habilidad. Sea como fuere, era una de las cosas que había cambiado. Marcó el número cinco, que era el piso al que debía llegar y las puertas se cerraron. Sintió un poco de nervios, pero estaba más a la expectativa de las cosas que tuviese que ver, según le había indicado el agente Lennon, a Kesean se le mostraría evidencia de otros sucesos y lo que no le había dejado dormir era que no tenía idea de en qué cosas estaría envuelta Kerensa… de realmente estar viva. Las puertas del ascensor se abrieron frente a él y entonces el bullicio de las personas llegó a sus oídos. Era como un hormiguero, todo el mundo trabajando, ocupado y concentrado en cumplir con una misión. Nadie le prestó mucha atención, así que se encaminó a la oficina del agente Lennon, pero en el pasillo se encontró con Víctor. —Kers — se sorprendió por un momento —, buenos días, bienvenido. —Buenos días, puedes decirme Kesean — corrigió. Víctor asintió. —Seguro, es cierto — sonrió amablemente —. Seguro quieres ver a Damián, pero salió hace un par de horas para seguir una pista. —Entiendo, ¿entonces qué debo hacer? —Venir conmigo — contestó como si fuese obvio —, se me dejó el encargo de llevarte con Dakota y mostrarte las evidencias y que juntos las analizáramos si algo te resultaba así fuese levemente familiar. —Está bien, eso me había dicho el agente Lennon. —Sí, entonces, acompáñame, por aquí — indicó moviendo la cabeza y girándose para ir al lado contrario al que iba. —¿Debías hacer algo? — preguntó notando aquello. —¿Qué? ¿Por qué? — notó la confusión mientras caminaba a su lado. —Porque ibas en aquella dirección y te regresaste conmigo — explicó como si fuese obvio. —Ah, eso, cierto — entendió y luego rio y movió su mano como restándole importancia —. Solo iba al baño, te llevaré a la sala de reuniones con Dakota y luego voy al baño, no hay problema por eso. Kesean asintió y se dejó guiar entonces. —Escucha, sé que Dakota te lo dirá, pero quería decirlo yo también — comenzó mientras cruzaban por un pasillo. —¿Qué es? —Bueno — respiró profundo —, vas a ver cosas muy desagradables — explicó intentando ser cauteloso —, atrocidades inclusive y quizás eso pueda abrumarte, pero debes mantener tu mente fría. —Tengo seis meses estudiando para convertirme en agente, nos han preparado para ello. —Pero no te preparan para ver que tu hermana está posiblemente involucrada en ellos. Eso fue como un balde de agua fría en su espalda. 
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