Valentina comentó que era muy divertido ver cómo las papas daban vueltas para estar juntas, mientras observábamos en la penumbra. Su piel resplandecía, sus labios entreabiertos, y su cabello caía suelto por debajo de su cintura. Su sonrisa era provocativa, y sus piernas quedaban al descubierto gracias a un vestido que cubría lo que no debía ver. De vez en cuando, me sorprendía prestando más atención a sus piernas de lo que debía. Valentina propuso revisar la comida justo cuando estaba perdiéndome en mis pensamientos. Me sentía nervioso y tartamudeante. Ella, sin saber muy bien mis intenciones, se puso de pie de un salto y me acarició el cabello con ternura. Por un momento, deseé tomarla de la cintura y sentarla en mi regazo para besarla apasionadamente, pero me resistí, sabiendo que eso s

