Capítulo 2: Un Amor Apasionado
Los días pasaron y mi mente no podía dejar de pensar en Isabella. Sus ojos azules, su risa encantadora y su gracia en la pista de baile habían dejado una huella imborrable en mi corazón. Cada vez que cerraba los ojos, la veía frente a mí, moviéndose al ritmo del tango, como si hubiera nacido para bailar.
Finalmente, llegó el día en que recibí un mensaje de texto de Isabella que decía: "Santiago, ¿te gustaría tomar un café conmigo esta tarde? Tengo una sorpresa para ti".
Sonreí emocionado y respondí rápidamente: "Por supuesto, Isabella. Estaré encantado de verte esta tarde". Mi corazón latía con fuerza mientras me preparaba para nuestro encuentro.
Nos encontramos en un acogedor café en una calle tranquila de Buenos Aires. Isabella ya estaba allí, radiante como siempre. Su cabello dorado estaba recogido en un moño desordenado, y su vestido blanco resaltaba su belleza natural.
"¡Santiago!" exclamó con alegría mientras me acercaba. Se levantó de su silla y me abrazó con entusiasmo, sus brazos alrededor de mi cuello. Su perfume embriagador llenó mis sentidos, y me sentí como si estuviera en un sueño.
Nos sentamos y pedimos café. Isabella no perdió el tiempo y sacó una pequeña caja de regalo de su bolso. La colocó frente a mí con una sonrisa traviesa.
"Espero que te guste", dijo mientras yo desataba el lazo y abría la caja. Dentro encontré un par de zapatos de tango hechos a mano, con elegantes detalles de cuero y un brillo en la suela que los hacía destacar. Eran absolutamente impresionantes.
"Isabella, son hermosos", dije, sorprendido por su generosidad. "Pero no debiste molestarte".
Ella rió y me tomó la mano. "No es molestia en absoluto, Santiago. Solo quería hacerte un pequeño regalo para agradecerte por esa maravillosa noche de tango que compartimos".
Nuestros dedos se rozaron cuando tomé la mano de Isabella, y sentí una corriente eléctrica recorriendo mi cuerpo. La conexión entre nosotros era innegable, y mientras nuestros ojos se encontraban, supe que este era el comienzo de algo especial.
Pasamos horas conversando y riendo. Isabella tenía una personalidad encantadora y un sentido del humor agudo que me hacía doblarme de risa. Compartimos historias de nuestras vidas, nuestros sueños y nuestras pasiones. Descubrí que ella había venido a Buenos Aires en busca de nuevas experiencias y aventuras, y que su amor por el tango la había llevado a probar suerte en la ciudad.
Cuando finalmente nos despedimos, Isabella me miró con cariño. "Santiago, esta ha sido una tarde maravillosa", dijo. "Estoy deseando volver a verte".
"Yo también", respondí sinceramente. "Isabella, no puedo evitar sentir que hemos encontrado algo especial entre nosotros".
Ella asintió con una sonrisa. "Santiago, creo que tienes razón. Hay algo mágico en este encuentro".
Nos despedimos con un tierno beso en la mejilla y prometimos encontrarnos de nuevo pronto. Mientras caminaba de regreso a casa, mi corazón estaba lleno de emoción y anticipación. Había encontrado a alguien que compartía mi amor por el tango y que también había robado mi corazón.
Las semanas que siguieron estuvieron llenas de romance y diversión. Isabella y yo pasamos innumerables noches bailando tango bajo las estrellas y explorando los rincones más hermosos de Buenos Aires. Cada día que pasaba, nos acercábamos más, y el lazo entre nosotros se fortalecía.
Una noche, mientras estábamos en medio de un apasionado baile en la terraza de un antiguo edificio, Isabella me miró profundamente a los ojos y susurró: "Santiago, te amo". Sus palabras llenaron mi corazón de alegría, y la besé apasionadamente bajo el cielo estrellado.
Parecía que el destino había unido nuestros caminos, y estábamos viviendo un romance que solo existía en las películas. Pero lo que no sabía en ese momento era que el drama y la traición se cernían en el horizonte, amenazando con desgarrar nuestro amor apasionado.