Pestañeando perezosamente, la joven despierta deliciosamente relajada, suspirando al sentir todos los músculos de su cuerpo con una fatiga que casi se siente dulce, una que hacía mucho que no tenía, lo cual la deja un tanto desconcertada, y aún más, al notar también la incomodidad en la entrepierna que, normalmente, se le asocia al momento post-sexo después de mucho tiempo. ¿Se había tocado dormida? No, no podía ser, ella se había masturbado antes y no había quedado así nunca. Entonces, ¿por qué estaba tan hinchada?
Un ronroneo a su lado le llama la atención, recordando automáticamente a su visitante nocturno y su extraño y tan vívido sueño; qué locuras que conjuraba su cerebro, porque había sido todo producto de su mente, ¿no es verdad?
No había luz en el cuarto, todo estaba apagado, así que no podía ver dónde estaba su amiguito, y quizás un poco de agua caliente ayudaría con su entrepierna molesta, por lo que decide prender la luz para ir a tomar un baño. Lo que no espera es lo que encuentra cuando lo hace: junto a ella, en su cama, tapado hasta la mitad del torso con sus mantas y abrazándola por la cintura (sin entender cómo carajo es que no se había dado cuenta todavía de eso, debía estar más dormida y aturdida de lo que creía) estaba el mismo hombre de su sueño. Orejas, cola, garras... Maldición, ¡NO HABÍA SIDO UN SUEÑO! ¿Y ahora qué?
-Puedo sentir tu desesperación y tu miedo, Ihryna, y es injustificado, te lo aseguro.
-Tú... tú er... Eso no... Anoche...
Suspirando, el pelinegro se pone recto y se coloca de frente a la joven, observándola con una sonrisa tranquila, acariciando suavemente la mejilla de la joven que, a pesar de su consternación, no se aparta de su toque.
-No, lo que pasó no fue un sueño, fue muy real y fue mucho mejor de lo que esperaba. Eres hermosa, inteligente e increíble, una completa fiera que, si está en mi poder, haré lo posible para mantenerte a mi lado. Llevo tiempo observándote y me llamaste la atención desde el primer día; no voy a obligarte, no quiero que lo malinterpretes, pero cuando un cambiaformas encuentra a la persona correcta para que sea su pareja, simplemente lo sabe, y estoy seguro de que tú lo eres para mí. Lo único que puedo hacer ahora es pedirte una oportunidad, solo eso. Me encantaría poder decir que eres mi dueña, literal y figurativamente. Ser tu lindo gatito.
La perplejidad de la muchacha le impide hablar, le impide actuar, y él simplemente decide seguir moviéndose por su cuenta, empujándola delicadamente hacia la cama para quedar nuevamente sobre ella, acomodado sobre su cuerpo, haciéndole notar lo bien que encajaban juntos y que, obviamente, están desnudos aún. Sus labios y su nariz acarician su piel de forma tentadora, intentando obtener algún tipo de reacción de su parte, algún tipo de muestra de que lo acepta o lo rechaza.
-Solo dime un sí o un no, aceptaré tu respuesta sin replicar. Si me dices que no, me iré y no volveré, no tendrás que preocuparte por mí nunca más, sin embargo, si me dices que sí, me aseguraré de que no te arrepientas de esa decisión en lo que nos reste de vida.
-¿Qué es... qué es lo que me... lo que pides exactamente?
-Se mi dueña, se mi compañera, se mi todo y acéptame como tuyo. Eso es todo. Implicaría renunciar a los demás, implica que solo seríamos tú y yo, implicaría enfrentar los problemas que conlleva el tener a un felino como pareja, y también las cosas positivas. Jamás tendrías que dudar de mi lealtad y afecto, nosotros nos unimos para toda la vida, no concebimos el engaño, no obstante, si se da el caso de que tengamos hijos, puede que sean como yo. Y como esas, hay muchas cosas más, tanto buenas como malas que se podrían hablar y hablar, pero la pregunta que importa sigue sobre la mesa, la única que realmente importa. Solo di sí o no.
El intenso verde, que en ese momento vuelve a estar casi completamente eclipsado por el n***o de las pupilas dilatadas, está tan cerca de los ojos de la muchacha que, aún en ese estado, puede notar las estrías doradas que los decoran, haciéndolos más intensos. ¿Qué decir ahora? Lo que le presentaba era tentador, aterrador sí, porque no tenía ni idea de lo que era realmente estar con alguien como él, mas también era completamente estimulante la idea de que, un ser como él, tan enigmático y, sin otra palabra que se lo ocurriera para describirlo, sensual, la quisiera a ella.
No, definitivamente no había sido un sueño, lo que tenía frente a ella, acariciándola y volviéndola loca nuevamente, luego de todo lo que la había estimulado y de todo el placer que le había dado, era muy real y estaba prácticamente rogándole que lo aceptara, y no solo para ahora, sino (quizás) para siempre. ¿Sería tan idiota para rechazar semejante propuesta? No, no era estúpida: no se conocían mucho todavía, sin embargo, eso tenía arreglo, no era humano, no al completo, no importaba, los animales eran más fieles que la mayoría de los hombres y él le había dicho que siempre estaría con ella, que la había elegido, y así, para cada contra, había una respuesta que se la quitaba.
Sí, quizás se arrepintiera o quizás no, quién sabía, no obstante, como dice el dicho, quien no arriesga no gana. Una sonrisa se forma lentamente en sus labios y, sorprendiéndolo, se alza lo suficiente como para que sus bocas se unan en un besos profundo que, sin necesidad de más, para el felino es respuesta suficiente.
-Te prometo que no vas a arrepentirte.
-Eso espero Natt, porque vas a pasar muchas noches mostrándome que eso es verdad.
-Eso va a ser un completo placer y un privilegio para este gato.
-Ya luego arreglaremos detalles sobre convivencia y demás, ahora se me ocurre otra cosa que me interesa más.
Con una sonrisa pícara, no hacen falta más palabras, entre besos, y en una mezcla de su peluda cola y sus largos dedos, el pelinegro comienza a estimularla nuevamente, haciendo que la joven rubia gima de placer y, cuando menos se los espera, en menos de un segundo, su cuerpo está en posición de perrito, con las cálidas y masculinas manos de él masajeando sus caderas, su trasero y sus pechos al tiempo en que su boca pasea por su nuca y su espalda.
-Espero que estés lista, porque voy a hacerte gritar de puro placer, al punto de que me pedirás que me detenga, porque no vas a aguantar más.
-Eso lo veremos, gatito.
Aceptando el desafío, acomoda su ya endurecida erección en su apretada entrada, la cual ya está húmeda por la estimulación previa y se hunde en ella mientras que, vuelve a llevar su peluda extremidad contra su clítoris, sus manos a sus pechos y su boca contra su cuello, atacando varios puntos al mismo tiempo para enloquecerla.
Entretanto su cola se frota casi frenética contra su apretado nudo de nervios, sus garras pellizcan de forma estimulante sus endurecidos pezones y sus dientes mordisquean su nuca, su cadera se mueve como pistón contra ella, empujándose en su interior con intensidad, haciendo que la rubia gima sobre estimulada, tal y como él había predicho que pasaría.
Todavía permanecía muy sensible por lo que había pasado hacía un par de horas, por lo que estaba muy cerca de venirse. Los gemidos de la chica son cada vez más fuertes y como se viene rápido, él la voltea, sentándola de frente a él sobre sus rodillas para poder impulsarse mejor y, como no se ha venido todavía, está tan ansioso que no se detiene y continúa con su vaivén, prolongando el orgasmo de la rubia.
En el momento de calor, una idea perversa se cruza por la mente del hombre gato y, sin que ella se dé cuenta, lleva su cola hacia la entrada trasera de ella, acariciando su trasero antes de introduciéndose entre ambas nalgas y rozar la pequeña y apretada entrada, lo cual hace saltar a la muchacha.
-Tranquila, te prometo que no dolerá.
-Pero es que nunca...
-Lo haré despacio, si te sientes incómoda o te duele, solo dímelo. Confía en mí.
-Está bien.
Con una sonrisa, y todavía sin detener su movimiento, vuelve a su jugueteo con la cola en su entrada trasera, que ya que está mojada, tiene un fluido movimiento de entrada luego de que un poco de empuje. La rubia, aunque un poco incómoda, gime aún más por las sensaciones extrañas, pero placenteras, y se retuerce a punto de venirse por segunda vez cuando, conjunto con las penetraciones dobles que está recibiendo, la boca caliente y con colmillos de su amante felino, se prende a sus pechos y los estimula con los dientes, los labios y la lengua.
No puede más y él tampoco, un par de envestidas más y la pareja se viene entre fuertes gemidos de placer puro y descarnado, quedando completamente agotados y drenados de energía.
Ya acomodados ella sobre el pecho de él, un suave ronroneo se escapa del felino y la arrulla, haciendo que el sueño vuelva a apoderarse de la rubia.
-Si todas las noches van a ser así, ten por seguro de que no me voy a arrepentir.
-Y eso solo será una parte de lo que haré para que seas feliz, amada mía. Me aseguraré de que jamás lamentes tu decisión; ahora descansa, mañana tienes un día largo de trabajo y una noche igual de activa que hoy.
-Eso no suena nada mal...