Encuentro 4/1

4548 Words
Los verdosos ojos observan desde las sombras a través de la ventana, a la joven que, ajena a su espía, se despoja de su ropa después de un cansado día de trabajo. Ya sin los tacones ni el traje, solo con la ropa interior de color crema de encaje, la chica se coloca una bata encima y se ata la larga cabellera rubia trigo en una cola alta floja, de la cual escapan algunos mechones que le acarician el cuello y los lados del rostro.  El ser que la espía, disfruta de la vista, aunque ansía más y, ya ansioso de mayor cercanía, se pone en marcha con el plan que lleva en su mente desde hace un par de noches.  Al mismo tiempo, la joven va a la cocina y se sirve una copa de vino luego de poner la bañera a llenar con sales aromáticas y jabón de burbujas, preparándose un relajante baño para quitarse el estrés del día laboral. Algo le llama la atención, un sonido en la ventana, lo que solo puede significar una cosa: su visitante nocturno ha vuelto una noche más. Con una sonrisa, se acerca y abre, dejando que el pequeño amigo peludo n***o, entre una vez más en su vivienda, cruzando esas pupilas rectas con las suyas en cuanto éste se pone recto.  -Hola amiguito, no estaba segura de si volverías, pero supongo que debería empezar a tomarlo como que se te ha hecho un hábito, ¿no es así? El felino ronronea ante los mimos que le proporciona la joven entretanto habla con él y mueve la cabeza y su cuerpo, buscando las caricias en las zonas deseadas para él. Síp, se le había hecho hábito porque ella sí que sabía cómo tratarlo... Y mucho más. Con una última rascadita en la barbilla, la rubia lo suelta y se acerca a la heladera, buscando la leche que sabe que él disfruta y un plato, dejando el líquido blanco frente a él para que la acompañe con su vino.  -Que lo disfrutes. Salud.  Haciendo un movimiento de brindis, la muchacha bebe un trago más y observa al felino con una sonrisa, el cual langüetea el plato de leche con energía y divierte a su espectadora. Un último mimo es depositado sobre la cabeza del felino, que resigue el cuerpo de color n***o y hace que éste alce su cabeza entre relamidas, y ella se retira en camino hacia el baño nuevamente, bajo la atenta mirada del visitante nocturno.  Con la leche olvidada, el minino se baja de un salto de la mesada donde bebía y la sigue con sus silenciosas patas con almohadillas. Rascando la madera con sus uñas al encontrar la puerta casi cerrada, mete la trompa en cuanto consigue formar una rendija lo suficientemente amplia como para que quepa y empuja, adentrándose en el cuarto de baño para atrapar a la joven desapareciendo dentro de la bañera entre las burbujas.  La sorpresa de la muchacha es notoria ante la visión del gato en el baño, mas no le toma mucha importancia y simplemente se relaja en el agua, disfrutando de la calidez que la rodea. Su compañero de n***o se sube al lavado para tener una mejor visión y las pupilas rectas recorren las partes de la rubia que sobresalen por el agua, como por ejemplo sus piernas, las cuales muestran ahora los tatuajes que antes permanecían ocultos por maquillaje. Uno en su muslo derecho de una especie de luna, de la cual colgaba una flor de loto inversa, algo así como un móvil con "piedras preciosas" decorándolo y otro en su gemelo, de la Diosa egipcia Bastet, la cual está de perfil, sosteniendo un gato en sus brazos, con detalles florales y como un mandala incluso. Cada vez mejor. Con un nuevo trago a la copa, la chica suspira y juega con sus dedos en la espuma, pasando sus ojos a su espectador.  -Parece que soy muy interesante para ti, ¿no es así? No me molesta, te lo dije la primera noche, me gustan los gatos, por mí puedes quedarte aquí si lo deseas. Eres bienvenido en mi cama todas las noches si quieres un lugar dónde dormir cómodo y caliente.  El gato inclina su cabeza momentáneamente y, al instante siguiente, se baja de su puesto y desaparece por la puerta, haciendo que la joven lo contemple irse irse con una ceja alzada con curiosidad. Quizás la había entendido y se había tomado sus palabras de forma muy literal, yendo a su cama a recostarse a dormir. Como sea, si así era, se reuniría con él en unos minutos, entre el cansancio de su jornada y el relajo del baño, el sueño la inundaba y solo podía pensar en ir a recostarse y dormir. Estaba acostumbrada desde hacía más de un año, a hacer eso sola, sería toda una novedad el tener compañía esa noche, aunque solo se tratara de un afelpado y ronroneante ser de cuatro patas y cola, que solo la buscaba por comida, mimos y un lugar donde dormir.  En fin, casi quince minutos después, con el agua ya más fría que cuando rellenó la bañera y la copa vacía, la joven sale del agua, se saca y se pone solo la bata de baño. No solía dormir con ropa, le incomodaba, prefería hacerlo desnuda y por eso es que no se molestaba en recolocarse la ropa interior o buscar un nuevo conjunto, se iría directo a meter entre las sábanas y punto. Ya casi podía saborear la suavidad de la tela contra su piel.  No obstante, la cosa no fue en lo más mínimo como esperaba, porque en cuanto puso un pie en su cuarto, casi le da un infarto. En su habitación, sobre su enorme cama (la cual adoraba porque le gustaba el espacio para dormir y solía moverse mucho durante la noche), había un desconocido que, a pesar de ser extremadamente sexy, no lo conocía de nada y, como si fuera poco, ¡TENÍA OREJAS, GARRAS Y COLA DE GATO! ¿Acaso estaba alucinando? ¿Qué tenía el vino que bebió? ¿Se golpeó la cabeza o se quedó dormida en la bañera o qué demonios? Lo peor, o quizás lo mejor (no estaba segura porque, a decir verdad, era una imagen digna para recrear la vista) ¡ESTABA DESNUDO! Sí señor, al completo, tal y como Dios lo trajo al mundo. Sí que estaba bueno el desgraciado.  Recostado sobre el cabecero de su cama, con un brazo tras su cabeza que marcaba sus músculos y su bien marcado pecho, las piernas fibrosas y cruzadas de tal forma que le ocultaban la entrepierna, mas que también hacían notar lo poderosas que eran (sin llegar a ser grotescas) y, como toque de gracia, cómo no, también dejaba a la vista ese six-pack que le hacía pensar en una barra de chocolate. A eso había que sumarle, obviamente, las características gatunas antedichas y bingo, teníamos a un "bombón gatuno", ¿tenía eso sentido alguno? -Hola preciosa, ¿disfrutaste de tu baño? -Esto es un sueño, ¿verdad? -Me temo que no. -¿Estoy drogada? -Mmm, no. -¿Ebria? -Tampoco. -¿Ya dije lo del sueño? -Así es princesa, y te dije que no es un sueño, en lo más mínimo.  -Tiene que serlo, porque o es eso, o estoy enloqueciendo. No eres un ladrón, eso es obvio, ni un violador, porque la situación sería diferente, esto parece una fantasía de una fan del animé más que cualquier otra cosa.  Con una risa suave y ronca, al igual que el resto de su voz mientras hablaba, el "hombre-gato" se pone de pie y deja ver que, en realidad, no está desnudo del todo, sino que lleva ropa interior, uno de esos slips ajustados blancos, el cual marca algo MUY grande en él, algo bastante difícil de ignorar entretanto se acerca a ella. No es muy difícil de imaginar a dónde se dirigen los ojos de la muchacha al darse cuenta del "paquete" que trae el intruso como "regalo". Cuanto más cerca, más notorio y llamativo es ese bulto, ¿era su imaginación o estaba creciendo? -¿Traes drogas ahí dentro? Porque estoy segura que en cualquier aeropuerto te detendrían por creer que sí. -Para su desgracia, sería un momento incómodo para todos porque no, no llevo nada aquí dentro más que a mí mismo. En cuanto está frente a ella, el calor que emana de su cuerpo alcanza el de la joven y la hace estremecer, llegándole también un aroma obscuro y picante a su nariz, algo raro y exótico que le enciende los sentidos. -En cuanto a lo otro, sobre la fantasía, no lo es, ni un sueño ni nada similar, esto es muy real y, si no me crees, puedo ayudarte a que te convenzas. Los ojos de la rubia pasan de los de pupila recta del hombre, al objeto movedizo tras él, que no es otra cosa que la cola de color n***o, la cual se retuerce una y otra vez, como cuando los gatos están al acecho. ¿Acaso él estaba acechándola como a una presa? -¿Puedes moverla a voluntad? Al entender que habla de su cola, el "felino" sonríe de lado y la acerca a la mano de la joven, rozándola con la punta de ésta para luego subirla por su brazo a medida que la enrosca en él y frota con suavidad con su afelpada textura.  -Claro que sí, y puedo hacer mucho con ella. ¿Se siente bien la sensación? ¿Disfrutas de la caricia?  La muchacha simplemente asiente, pues el mimo del suave pelaje la ha dejado casi muda, haciendo que él se acerque más a ella aprovechando su perplejidad. Su boca casi rozando su mejilla cuando vuelve a hablar, su aliento acariciando su oído.  -Imagínalo en otra zona de tu cuerpo, una mucho más íntima, una mucho más sensible. Se sentiría placentero, ¿no es así? Casi podría jurar que gemirías pidiendo más, mucho más.  La rubia no puede evitar imaginárselo, que su mente evoque la imagen de esa peluda cola paseando por su cuerpo, serpenteando por sobre y entre sus pechos, rodeando sus pezones, bajando hasta su entrepierna y frotándola hasta quedar empapada de sus jugos. La reacción es instantánea, no puede controlarla, su cuerpo reacciona, se moja y eriza, dejándola en evidencia para alguien con los sentidos tan agudizados, lo que causa una sonrisa ladeada que muestra las afiladas puntas de sus colmillos a la muchacha que, lejos de causarle temor, la provocan aún más.  Estaba en problemas.  -Déjame demostrarte que esto es la vida real y que la podemos pasar muy bien. -No tengo idea de por qué eso suena tan mal. Ni siquiera sé tu nombre o de dónde se supone que saliste. -Bueno, si eso te tranquiliza, aunque estoy seguro de que solo generará más preguntas luego, te diré que mi nombre es Natt, significa noche en noruego, y soy lo que se llamaría un cambiaformas, puedo ser tanto un humano como, en mi caso, un gato n***o.  Ante las palabras del hombre, la joven solo tarda un instante en unir los puntos, viendo las imágenes de los últimos días, y esa misma noche, pasar por su mente a la velocidad del rayo, haciendo que sus ojos se abran como platos ante la revelación que se presenta ante ella.  -O sea que tú eres... -Sí, soy tu visitante nocturno, soy el "lindo gatito" al que le permitiste entrar en tu casa y, esta noche, dormir en tu cama.  -Eso es... -¿Imposible? Si lo fuera, no estaría aquí y, francamente, aunque no me hubieras ofrecido tu lecho, habría hecho lo posible por quedarme aquí hoy. Llevo deseándolo desde la primera vez que te vi a través de tu ventana. Me cautivaste en cuanto mis ojos se posaron en ti, tienes algo que no alcanzo a descifrar, pero me atrae a ti como una polilla a la luz y ya no aguanto el mantener la distancia.  -Esto es una maldita locura.  -Puede que sí, sin embargo, ¿por qué no disfrutar de la locura, si esta es placentera? Juro que no te vas a arrepentir, haré que valga la pena cada segundo. ¿Qué tienes que perder? Eres una mujer hermosa que tiene a este gato literalmente queriendo hacer más que solo refregarse entre sus piernas, ¿qué harás al respecto? Al tiempo en que hablaban, su cola no se quedó quieta en absoluto: subió por su brazo, acarició su cuello y bajó por el escote que marcaba la bata que aún llevaba puesta luego de acariciar su cuello con suavidad, tentándola en un juego de entrar o no en el espacio que le proporcionaba la tela. Y siguiendo eso, se deslizó hacia abajo por su cuerpo, terminando por enroscarse nuevamente en ella, solo que ésta vez, en su pierna, subiendo y bajando por ella, pasando por sobre el tatuaje del muslo, cada vez más cerca de esa zona de calor cada vez más intensa.  Los dedos masculinos con garras del hombre, sostienen el delicado y fino mentón de la joven, haciendo que sus labios estén al borde de rozarse entre sí, ansiando que ella sea quien dé el último paso.  Él tenía razón, por qué no arriesgarse, si era un sueño, era el mejor que había tenido en mucho tiempo y si era realidad, bueno, eso no podía ser verdad, algo había que le hacía dudar aún de que fuera posible. No importaba cuán real se sentían las caricias de ese hombre contra su tembloroso y ahora ansioso cuerpo, no podía existir un espécimen como ese. Personas como él, mezcla de humano con rasgos animales, pertenecían solo a la ficción, quizás era hora de dejar de leer novelas en sus ratos libre, estaba afectando su cabeza.  -Ihryna, estás pensando demasiado, casi puedo escuchar los engranajes de tu cerebro moviéndose a todo vapor. Solo déjate llevar, permíteme hacerte sentir la mujer más sexy y sensual en la tierra, sentir más placer del que nunca nadie te ha hecho vivir jamás. ¿Estás dispuesta a ser arruinada para otros hombres? Porque cuando termine contigo, nadie volverá a hacerte sentir lo que yo, nadie podrá alcanzar la marca que dejaré en ti.  -Eso suena un poco egoísta y desalentador, ¿por qué querría no poder volver a sentirme satisfecha con nadie más? -Quizás sí, ¿pero no vale el precio de una noche como ninguna otra? -¿Y si no lo es? ¿Y si solo es mucho ruido y pocas nueces? -Eso no pasará, yo lo sé, no obstante, de ser así, no tendrías nada de qué preocuparte, nada en tu vida o en ti cambiaría. Solo di que sí y déjate llevar. La punta de sus garras dibuja suaves y excitantes trazos sobre la piel expuesta de su cuello y pecho al tiempo en que su aliento tibio acaricia sus labios de forma incitante. Todo junto era demasiado para sus sentidos, para su cuerpo sobre-estimulado era como prender la mecha de la dinamita, estaba literalmente a punto de explotar, ¡Y NI SIQUIERA LA HABÍA TOCADO DE FORMA s****l AÚN! Si así estaba en ese momento, con esas caricias, ¿qué pasaría cuando fuera más allá? Quizás realmente terminaría arruinada para otros hombres, pero por favor, no importaba cuán real se sintiera, esto era un sueño así que, adelante, a disfrutar se a dicho.  -Sí. -Buena elección.  No se necesitó nada más, finalmente sus bocas se juntan en un beso devorador y la lengua (típica de gato, o sea más rasposa que la suya) se roza son la suya una y otra vez, volviéndola loca, haciéndola imaginándose sin control lo que provocaría esa misma rasposidad en otras zonas de su cuerpo mucho más sensibles.  Las manos de él se pasean por su cuerpo hasta agarrarla de la cadera y, con cuidado, la guía desde ahí hacia el interior del cuarto, posicionándola frente a la cama antes de deslizarlas nuevamente hacia el frente de la bata de ella y soltar el nudo que la sostiene, abriéndola lentamente. En cuanto ambos lados dejan una abertura entre ellos, él mete sus manos dentro y las sube por el centro de su cuerpo, esquivando intencionalmente sus pechos, y las eleva hasta sus hombros, retirando la tela con extrema delicadeza mientras los masajea, haciendo que ella suelte un femenino suspiro de gusto, lo cual lo hace sonreír.  Vuelve a besarla, mordiendo sus labios con mimo con esos puntiagudos colmillos a modo de juego, haciendo que ella desee más. Bajándola con sus manos, hace caer la tela hasta el suelo, dejando a la joven al completo expuesta a él, a su hambrienta mirada y a todo lo que desee hacerle, que no es precisamente poco.  De a poco, baja con su boca adorando su piel centímetro a centímetro, de sus labios a su mentón y de ahí a la columna impecable de su cuello, deslizándose hacia su hombro, pasando luego por su clavícula, para ir hacia sus pechos y, aunque solo darles una lamida a cada uno lo único que consiguió fue dejarlos deseando más y no era lo único que planeaba hacer con ellos, tendría que esperar para eso, tenía otra cosa en mente para ese momento.  Bajó por su estómago, dando una mordida delicada en su ombligo, y llegó hasta su monte de venus, hundiendo su nariz en una pequeña y suave mata de risos rubios (ligeramente más obscura que la cabellera de su cabeza), aspirando profundamente ese embriagador aroma que lo ha enloquecido desde el momento en el que lo sintió por primera vez. Lo volvía loco el solo sentirlo, pero ahora que lo tenía pegado a sus fosas nasales... Era simplemente imposible no ansiar devorarla, y no se contiene: con ambos pulgares y tomándola un tanto por sorpresa por la rapidez de sus movimientos, el hombre gato separa los labios íntimos de su hermosa presa y hunde su boca entre ellos, buscando ese punto repleto de nervios, iniciando a estimularlo con su rasposa lengua en cuanto lo localiza y disfrutando enormemente, no solo de su sabor, sino de los sonidos que escapan de la muchacha en cuanto inicia su accionar sobre ella.  Las neuronas de la joven dejaron de funcionar en el momento exacto en el que las papilas gustativas endurecidas de ese húmedo músculo, entraron en contacto con ese botón de placer, haciéndola prácticamente ver las estrellas. Sus piernas se volvieron gelatina, haciendo que sus rodillas flaquearan, no obstante, el felino hambriento lo nota y pasa sus brazos tras ellas y bajo su trasero para sostenerla y mantenerla en su lugar mientras continúa con su degustación.  Con el aumento de la intensidad del ataque de su boca, los gemidos de la rubia suben de nivel, imposibilitándole a ella el poder mantenerse en silencio.  -Eres exquisita, tan deliciosa como el mejor manjar que se pueda conseguir.  Las uñas de ella, clavadas en su cuero cabelludo para que le sirva de soporte, estimulan al felino, el cual quiere más de la muchacha, por lo que, de sorpresa, alza a la joven en volandas y la acomoda con cuidado en la cama y le separa las piernas, dejando a la vista esa húmeda entrada. La rubia se siente un poco abochornada e intenta cerrar las piernas a su escrutinio, mas él no se lo permite, acomodando sus anchos hombros entre ellas para que no pueda juntarlas.  -No te cierres a mí, princesa, quiero aprenderme cada centímetro de tu cuerpo y si no me dejas explorarte, no podré hacerlo.  -Lo siento, hace mucho que no me han visto ahí. -Solo relájate y déjame hacer que lo disfrutes.  Sus dedos con puntiagudas garras, acaricia lentamente la sensible piel de la joven, justo antes de volver a separar los húmedos labios inferiores, dejando a la vista, no solo ese hinchado brote ahora, sino también ese apretado y húmedo agujero, el cual casi le pide a gritos el ser atendido por él. No lo deja solo, con cuidado y una lentitud provocadora, desliza una de esas puntas hasta llegar a ese punto y calmadamente hunde su dedo en ella, haciéndola jadear y temblar, y para que aumente esa reacción, suma uno y hasta dos dedos más dentro de ella, estirándola conscientemente para que no sufra ningún tipo de dolor y solo disfrute de lo que planea hacerle luego.  Es por eso mismo que, entre las envestidas, también separa suavemente sus dedos para estirarla más; no se creía un caballo ni nada parecido, sin embargo, ella llevaba mucho tiempo sin ningún tipo de actividad s****l y tenía que estar preparada para que no fuera incómodo ni doloroso, y parecía estar rindiendo los frutos que buscaba, pues la joven no dejaba de soltar esos gemidos de placer que le indicaba que, claramente, estaba consiguiendo su objetivo. Estaba cerca, la forma en que su centro le apretaba dentro de ella y dificultaba el movimiento, le decía que no faltaba mucho para que se viniera y eso sería bueno, la dejaría sensible y receptiva, y así era como la quería, por lo que se concentró en jugar con su lengua en ese nudo de nervios y sus dedos en su interior, ahora curvados en forma de gancho para poder masajear el punto G que había podido encontrar con facilidad. Sí, era justo lo que ella necesitaba: menos de un minuto después, su presa estaba mordiendo la almohada (que no tenía idea de cuándo se la había puesto sobre la cara), desesperada por controlar sus gritos y chillidos de placer producto del orgasmo que acababa de atravesarla de pies a cabeza como una corriente eléctrica.  Satisfecho con el resultado reciente, el hombre gato saca sus dedos de la cálida cueva de la muchacha y se los lleva a la boca, degustando los jugos que empapan la piel de éstos, disfrutando de su sabor con una sonrisa pervertida que, si ella la hubiera visto, se habría puesto más roja que un tomate de pura vergüenza. Una vez limpios, los saca de su boca y trepa por el cuerpo de la joven, pasando la punta de la nariz casi rozando la piel que recorre, aspirando su aroma a excitación hasta que llega a su rostro, aún oculto tras la almohada, la cual hace a un lado para dejar a la vista, ese pálido y suave rostro, el cual muestra un brillo distinto, un rojez producto de lo vivido recientemente y las pupilas dilatadas por la adrenalina que aún la recorre, además de, claramente, la respiración que todavía no se le normaliza.  -¿Sigues sin creer que esto no es un sueño? -No me hagas ni pensar, no estoy segura de poder hacerlo en este estado, precisamente.  -Excelente, porque lo que menos quiero que hagas ahora es pensar, solo deseo que disfrutes. -Entonces no frenes ahora. Feliz por sus palabras, por su aceptación, no se niega a volver a probar su boca y la besa, haciendo lo que había nombrado antes para que ella se imaginara: jugar en su entrada con su cola. Manteniéndola distraída con su lengua y sus manos por su cuerpo, lleva su apeluchada extremidad a ese cálido lugar, empezando a frotarlo contra esos lugares hipersensibles, haciéndola saltar por la sorpresa y las exquisita sensación que le está provocando. Era mucho mejor de lo que había imaginado, el cosquilleo y la forma en la que la frotaba en los lugares justos para hacerla gemir contra su boca, no tenía palabras para describirlo y no importaba, solo quería seguirlo disfrutándolo, que continuara con lo que estaba haciéndole y no se le ocurriera detenerse.  Tristemente lo hizo y ella estuvo a punto de quejarse, si no fuera porque en su lugar, notó que otra cosa, mucho más firme, gruesa, grande y caliente, había ocupado el lugar, y no le costaba imaginarse qué había sido.  -Espero que estés lista, porque estoy a punto de hacerte gritar de puro placer. Lo que sentiste hasta ahora, no es nada comparado con lo que se viene.  -Mucho blablabla, veamos qué tal te mueves.  El felino muestra su sonrisa de depredador, la cual mostraba esos colmillos que ya no provocaban ningún tipo de sentimiento negativo, sino todo lo contrario, le llamaban la atención, al igual que las orejas que ahora tenía la alcance de sus dedos y, sin darse cuenta ya había estirado su mano y empezado a acariciar una de ellas, lo cual lo hace tensarse.  La negra cola, que antes se sacudía lentamente en la parte superior tras su espalda, a la vista de la muchacha, por un momento se puso recta y luego, volvió a moverse, solo que con más violencia y velocidad.  -¿Qu-qué estás ha-haciendo? -Son muy suaves, me había dado curiosidad.  Los ojos del pelinegro se cierran por un instante al tiempo en que un ronroneo escapa de su pecho y un estremecimiento lo recorre por completo, antes de volver a abrirlos y que estos muestren las pupilas enormemente dilatadas, al punto de que el iris es un simple aro de color al rededor del par de pozos negros. -Si sigues haciendo eso, no voy a poder contenerme. Esa es una zona erógena y si me la sigues estimulando... Cuanto más excitado, más salvaje voy a comportarme y quiero que disfrutes esto. -¿Y quién dice que no quiero que lo seas? Los dedos de ella siguen frotando los bordes de las orejas y esto solo consigue que él se ponga aún peor y la "ataque", lanzándose hacia su boca y besándola con intensidad al tiempo en que se frota con velocidad contra su entrada con su erección, haciéndola gemir ansiosa de que deje de jugar y la tome de una vez por todas.   Su erección se alinea con su cueva y, sin mucho esfuerzo, empuja hundiéndose en su interior, haciendo que ella se arquee, empujando sus pechos contra el suyo y frotando sus pezones contra los pectorales del hombre, aprovechando él para pasar sus brazos bajo su cintura y empujar más y más profundo en ella. Sí, se sentía de maravilla, mejor aún de lo que había imaginado y deseado, era el puto cielo, y ella tenía el cerebro inundado en placer, en endorfinas y no podía concentrarse en nada más que lo que ese "gatito" le estaba haciendo.  El sonido de ambas pieles chocando y los gemidos de ambos disfrutando hacían eco en el cuarto, sin importar si algún vecino escuchaba o no, lo que estaban viviendo era más importante y satisfactorio.  Más y más empujes, casi como un pistón dentro de la joven, la cual lo presiona en su interior sin poder evitarlo, haciendo que el placer suba y se acumule, causando que el orgasmo creciera en sus cuerpos ansiando venirse. Sabiendo que está por alcanzar el pináculo, y no queriendo que ella se quede a medias, vuelve a llevar su cola hacia el excitado clítoris de la chica, frotándolo con intensidad y haciéndola casi gritar como una desquiciada.  Un par de envestidas más y tanto él como la chica se vienen en una oleada de puro placer descarnado, ahogando el grito de pacer en la boca del otro, disfrutando de algo tan arrasador, que los deja exhaustos... Continuará... ====>
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