El calor de la mañana era abrasador. El sudor bajaba por la nuca de Alice y se escondía bajo el hábito. Podía sentir las gotas resbalar gruesas por su espalda hasta su cintura. Se abanicó con la mano y la hermana Conte la miró. Miró como intentaba abanicarse y apaciguar el calor, y apenas sonrió. Ella terminaba de acomodar los pasteles en el puesto que tenían. La mesa de madera la dejaron desnuda, y solo agregaron algunas flores para darle vida al puesto. Era una especie de feria de los sábados por la mañana, y solían pasar todo el día vendiendo hasta caída la noche. A las personas les gustaba comprar frutas, verduras, flores y pasteles frescos, y los de ella llevaban solo un par de horas elaborados. Dejaron mucho de su tiempo en eso, y el resultado era amigable a la vista, sin mencionar

