Ha pasado una semana desde que Kibou cayó en coma. No había despertado y tampoco daba señales de que fuera a despertar pronto. Sin embargo, lo que más les preocupaba es que las sondas que le habían puesto para alimentarlo, su cuerpo las rechazo por completo. Incluso el suero. Nada.
Kibou no ha comido en una semana. “¿qué está pasando, cariño?”, la ansiedad de Hanami crecía con el transcurso de los días, tras la incertidumbre sobre que le estaría ocurriendo a su amado.
Desde el incidente de Kibou, Hanami no se ha despegado de su lado ni un solo momento. No solo porque sintiera que fuera su culpa que ahora su novio estuviese en una especie de coma, con los brazos quemados y sin comer nada, sino porque también estaba preocupado por él.
Llevaban 4 años de noviazgo. “Bajo este árbol de cerezo, te juro amor eterno. Hanami”, estas fueron las palabras de Kibou cuando se le declaró a Hanami. Cada vez que lo recordaba, como ahora, rompía en llanto, pensando lo peor. “¿y si no despiertas?, tienes que despertar amor. No sé que haría si de un momento a otro ya no estás”.
Hanami mantenía las esperanzas, sabía que despertaría, pero tenía la corazonada de que lo que vendría sería incluso, mucho peor.
Dos semanas después, Kibou por fin despertó. Algo desconcertado por donde estaba, débil y bastante mareado. Quiso abrir la persiana, pero en cuanto su dedo entro en contacto con el sol, lo quemo bruscamente, Kibou en un reflejo rápido lo retiró.
Comprendió que era mala idea que la habitación estuviese iluminada por la radiante luz de sol. Justo en ese momento, justo en aquel momento, los ojos de Hanami, quien acababa de entrar en la habitación, avistaban lo que estuvo deseando hace tres semanas. Su novio por fin ha despertado y sus ganas por abrazarlo no se hicieron esperar.
- ¡amor! – Hanami se encimaba sobre Kibou para abrazarlo fuerte y tiernamente - ¿Cómo te encuentras?
- ¿Dónde estoy?, ¿Qué me pasó, amor?
- Hanami que rompía en llanto en esos momentos le explico a su novio lo que había ocurrido - Los doctores también están desconcertados porque no pudieron darte de comer durante las 3 semanas, sin embargo, tus signos vitales seguían estables –concluyo Hanami.
- ¿Y cuál fue su diagnóstico en un principio? –logro pronunciar Kibou.
- Leucemia. Según los doctores… tienes leucemia –respondió lentamente Hanami mientras hacía pucheros - Es verdad, debería de avisar a los doctores y a tus padres que has despertado.
Hanami se separaba rápidamente de Kibou para luego abandonar la habitación. Me alegro de poder volver a ver tu cabello, tan rosado como el cerezo y tus ojos tan relucientes. Estas palabras tocaron el corazón de Hanami antes de salir de la habitación. Cuando regreso la vista, Kibou le dedico una inmensa y tierna sonrisa.
- Yo soy quien debería decir eso, bobo - los ojos de Hanami se llenaban de lágrimas mientras terminaba la oración.
Ambos sonrieron. Luego, Hanami salió del cuarto. Kibou a lo lejos, desde la oscuridad, le dedico una mirada al cielo resplandeciente, el cual ya no volvería a ver jamás. No mientras estuviese el sol.
Minutos más tarde, la habitación estaba repleta. Los padres de Kibou, los de Hanami, Hanami y tres doctores. Todos los médicos dieron el mismo diagnóstico. Kibou tiene leucemia.
- ¡No te preocupes, hijo! –eran las palabras de su padre que trataban de consolarlo. – Vamos a pagarte todo el tratamiento.
Con una mirada perdida, Kibou levanto la vista y le dedico una sonrisa profunda su padre, no, a todos.
- Solo quiero ir casa, por favor. – Había tanta tristeza en su sonrisa, en sus palabras.
Hanami corrió inmediatamente hacía Kibou para abrazarlo. Todos estaban en shock.
- Solo quiero irme a casa, mamá, papá. Por favor. – Fueron las últimas palabras de Kibou y reino el silencio.
- No entiendo porque no quieres que te paguemos el tratamiento. Podemos hacerlo, hijo. -Su padre trataba de convencerlo, mientras conducía camino a casa.
Kibou quien en ese momento estaba absorto mirando por la ventana, desde un punto que no le diera el sol y completamente cubierto, con vendajes en sus brazos, miro a los ojos de su padre por el retrovisor. Había tanta desesperación en sus ojos.
- Solo quiero cambiar de ambiente, padre –sijo Kibou con una sonrisa amable. – Quiero estar más cerca de ustedes. Además, podemos comenzar el tratamiento desde mi cuarto.
- Te queremos hijo –fueron las palabras que dijeron sus padres de forma sintonizad.
Esto hizo que Kibou se alegrara. Sus padres siempre habían sido tan cariñosos con él.
Cuando llegaron a casa, Hanami estaba esperando en la puerta, tenía una maleta y una gran sonrisa. “se ve tan hermosa. Tan hermosa como los árboles de cerezo”, pensó Kibou apenas la vio. Salió del auto completamente cubierto, de pies a cabeza.
- ¿hace cuánto que estas esperando, amor? –pregunto Kibou intrigado, mientras tomaba sus manos, que eran tan suaves y gentiles.
- Llegue hace poco –dijo Hanami, mientras ayudaba a Kibou entrar a la casa – Pienso cuidarte todo este tiempo.
- Solo hasta cuando terminen las vacaciones. Luego tendrás que enfocarte en tus estudios.
- ¡Puedo trabajar en tu casa! - Iban subiendo las escaleras para llegar al cuarto de Kibou.
- Me alegrara tener tu compañía todos los días. - Kibou dejó escapar una sonrisa pícara.
En cuanto Kibou se sentó en cama, se puso serio. El ambiente, de un momento a otro, se torno tenso.
- Necesito pedirte un favor, Hanami. - Su voz seguía siendo amable, a pesar de haberse puesto tan serio.
- Claro, puedes pedirme lo que desees, amor –dijo Hanami, mientras dejaba la maleta con sus cosas en un mueble que había al frente de la cama de Kibou.
- Necesito que vayas a la biblioteca y me traigas todos los libros que hablen acerca de la Leucemia y del sol. Especialmente, todos los libros que hablen del sol.
- ¿por qué, amor? - Hanami se sintió intrigada por la petición de su novio. De pronto, las corazonadas volvieron a ella. Esto tiene que ver con el futuro que les espera a ambos.
- No creo que lo que tenga sea Leucemia –explicó Kibou – Creo que es algo más, algo que los médicos no tienen explicación para ello.
Cuando Kibou termino de dar su explicación, retiro el vendaje de su brazo izquierdo y lo acerco a la ventana cerca de su cama. El humo empezó a brotar de él, luego, comenzó a quemarse. Kibou retiro su brazo y volvió a vendarlo.
Hanami había quedado complemente en shock. Como la primera vez que lo encontró desplomado en la calle.
- Por eso necesito que me traigas ese tipo de libros, amor.
Hanami asintió levemente la cabeza.
- ¿Podría besarte? -Preguntaba Hanami de una manera tímida.
- Eso no tienes que preguntarlo, bobita.
En cuanto Kibou termino la frase, se acercó a Hanami para besarla tiernamente.
Mientras tanto, a lo lejos, una sombra los vigilaba atentamente.