Hanami acaba de llegar a la casa de Kibou y traía consigo una maleta llena de libros que le había encargado Kibou.
Su novio le dedico una sonrisa tierna cuando la vio entrar por la puerta de su casa, viéndola cargar con un maletín tan pesado, se paró lentamente para ayudarla.
- ¡No deberías de pararte! -reprocho Hanami, haciendo pucheros – Debes quedarte en cama descansando. Yo podía con esto.
- Estoy bien.
Kibou se veía mucho mejor que el día anterior, pero la verdad era que, desde el momento que despertó, no ha comido nada, tampoco ha dormido y a Hanami le intrigaba su condición.
- Bien, vamos a revisarlos. –dijo Kibou con una voz tierna, luego, deposito un beso tierno en la frente de su novia.
Pasaron todo el día revisando los libros que Hanami había llevado, sin embargo, toda su investigación fue en vano puesto que no encontraron ninguna información relevante.
No obstante, a Hanami seguía intrigándole que su novio no sintiera hambre. Kibou solía ser bastante glotón y ahora la glotona parecía ella.
Había llegado la noche y a Hanami le preocupaba que Kibou no volviese a dormir, no… que durmiese y no volviera a despertar. No sabía nada y eso hacía que su preocupación y su ansiedad aumentaran.
Kibou noto el estado de su novia y la recostó en su pecho, sabía que a Hanami la calmaba aquello; escuchar los latidos de su corazón. Y así fue como, minutos después, su amada cayó en un profundo sueño.
A la distancia, una sombra misteriosa seguía observando cada uno de sus movimientos atentamente, mucho más cuando Hanami estaba cerca de Kibou, sin embargo, ellos aún no habían caído en cuenta de su presencia.
Al día siguiente sucedió exactamente lo mismo. Todo el día revisando los libros, sin éxito de encontrar una información interesante que les ayudase en la búsqueda de las nuevas condiciones de Kibou.
De nuevo, Hanami se sentía demasiado preocupaba por él, no comía en todo el día. Su novio la calmaba con un ataque de besos y abrazos, por otra parte, Kibou ya empezaba a angustiarse al igual que su novia sobre su condición.
Y así paso una semana completa hasta que terminaron todos los libros. Como se lo veían venir, no encontraron ninguna información relevante que les diese una pista que hablara sobre la condición de Kibou; algo que les explicase porque ahora no sentía hambre, no sentía sueño y lo más intrigante aún… porque lo quemaba la luz del sol.
“Ya es hora del ataque”, susurro para si la persona que todo este tiempo estuvo observando los movimientos de Hanami y Kibou.
Al día siguiente, Hanami estaba empacando los libros para devolverlos y sacar unos nuevos, de paso arrimaba a su casa para visitar a sus padres y empaquetar ropa.
- Nos vemos más tarde, amor -Dijo con una gran sonrisa y deposito un beso largo sobre su novio. Él sonrió.
A pesar de seguir en verano, el día estaba bastante grisáceo. Iba a llover pronto, o era la impresión que daba el día; un ambiente pesado, lúgubre, lleno de tristeza. “Será mejor que me apresure si no quiero que me coja la lluvia a mitad de camino”, fueron los pensamientos de Hanami cuando acelero su marcha hacia la biblioteca.
Ya era medio día y Kibou se encontraba recostado en su cama con la mirada en el infinito, absorto completamente en sus pensamientos, cuando de repente, la ventana que queda al lado de su cama por la cual antes solía ver el sol, estalla en miles de pedazos.
Kibou en un reflejo instantáneo salta de la cama, sin embargo, es atrapado por el personaje encapuchado que lo estuvo acechando días atrás.
- Llego tu hora de morir, maldito demonio –pronuncio el personaje encapuchado. Unas palabras que estaban llenas de odio, de rencor, de tristeza, de frustración, era una mezcla de sentimientos.
- ¿ya llegó mi hora de morir? –replicó Kibou de manera suave, cerrando los ojos. – Supongo que tú eres quien le va a poner fin a todo mi sufrimiento. – Después de terminar su frase, Kibou vio a los ojos de su atacante.
Eran unos ojos azul oscuros. Unos ojos azul oscuros inyectados en la profunda tristeza… quizás por eso se habían vuelto tan oscuros, quizás… en sus tiempos en los que vivía alegremente, tenía unos hermosos ojos azul claro, tan claro como el cielo. Kibou solo pudo dedicarle una sonrisa mientras esperaba que fuera asesinado. “No podré despedirme de Hanami”
El personaje misterioso desenfundo dos dagas. A simple vista se podían ver lo afiladas que se encontraban, era claro que estaba preparado para este momento.
Mientras el personaje encapuchado se tomaba su tiempo para descender sus dagas sobre Kibou, en su casa se estaba llevando otro asesinato. Una joven, con sus dos katanas perfectamente afiladas buscaba tristemente a los padres de Kibou.
Iba cruzando el pasillo que conectaba la cocina con la sala, cuando escucha unas voces… voces de preocupación, voces rotas, tristes.
- ¿Qué vamos hacer querido?, nuestro hijo se nos está muriendo por culpa de la leucemia.
Era la voz de una mujer, probablemente la de su madre. Esta frase rompió el corazón de la chica. Su trabajo no era fácil, no lo era, pero tenía que hacerlo.
“Prometo que esto no les dolerá”, pensó mientras apretaba fuertemente sus katanas, acto seguido salto sobre ellos. Sin dolor y con un corte limpio, sus cabezas cayeron rodando por el suelo, formando un lago de sangre por toda la sala.
- Perdón. Créanme que no lo quería hacer, pero fue por su bien y el de toda la humanidad. Espero puedan perdonarme.
La chica se arrodillaba ante los c*******s de los padres de Kibou, dejando caer las katanas, agachaba su cabeza, para pedirles perdón.
Mientras ocurría esto, Hanami iba llegando a su casa. La puerta estaba a medio cerrar, lo que alarmo a Hanami inmediatamente. Alguien ha entrado a la casa. Entro corriendo, sin titubear ni pensar del peligro que correría.
Busco por toda la primera planta de la casa sin encontrar rastro de sus padres. Cuando se dirigía a las escaleras, vio sangre correr por entre ellas. Hanami se asustó aún más y estaba pensando lo peor. Cuando corre hacía las escaleras, lo que se había imaginado, se hizo realidad. Sus padres estaban muertos. Los habían asesinado. Tenían cortes por todo el cuerpo. En las paredes también los había, sus padres batallaron hasta el último segundo para no perder la vida.
Hanami iba a detenerse a llorar, sufría bastante con todo lo que estaba sucediéndole a su novio, ahora esto, la perdida de sus padres…. Sin embargo, no pudo llorar la muerte de sus padres, justo sintió la presencia de dos personas. Dos personas que estaban armadas. Seguramente quienes asesinaron a sus padres.
Hanami se echó a correr hacia la casa de Kibou, horrorizada por lo que acababa de presenciar, estaba exhausta, no entendía nada de lo que estaba sucediendo, pero no podía llorar ahora. Tenía que llegar donde su novio.