Capítulo 4: Lo que soy ahora

1041 Words
“Ya ha comenzado. El comienzo de nuestro fin”, fue el único pensamiento de Hanami hasta llegar a la casa de su novio, exhausta. Cuando por fin llego, se encontró con la puerta medio abierta y lograba divisar el cuerpo de los padres de Kibou en el suelo. “Lo he perdido todo”, “Los he perdido a todos”. Hanami ahora no quería entrar a la casa de Kibou. No quería encontrarse con la verdad, ahora posiblemente estaba sola. -          Eres un maldito demonio... ¡Eres un maldito demonio!, ¡Eres una abominación!, lo siento, lo siento… sus ojos estaban empañados por las lágrimas, y estas caían en los pómulos de Kibou. -          No te tendré rencor si me matas. Las honestas palabras de Kibou dejaron en estado de shock al joven encapuchado que lloraba desconsoladamente. -          Yo le prometí que la salvarí, que los salvaría a todos. Kibou notaba el dolor y la desesperación en sus palabras. -          Pero mira en lo que me he convertido… Se hizo un largo silencio en la habitación hasta que Kibou hablo. -          No entiendo tu dolor, pero sé que debes de estar sufriendo mucho. – Miro a los ojos azules del muchacho con profunda empatía como diciéndole: no te conozco, pero tampoco quiero que sufras. Las dagas cayeron sobre el pecho de Kibou, el chico que lo trataba de asesinar había quedado petrificado por sus palabras. En su mente divagaban sus recuerdos, aquellos que lo atormentaban día tras día. -          ¿Cómo un vampiro puede tener estos sentimientos?, ¿por qué no me has atacado todavía?, y más ahora que me encuentro indefenso… dímelo… ¿por qué no me has atacado aún? -grito con todas las fuerzas el muchacho cuya identidad aún desconocía Kibou. -          ¡Amor! Estas palabras resonaron en la habitación mientras la puerta se abría bruscamente. Era Hanami quien entraba en el cuarto de Kibou y antes de poder asimilar la situación, el joven encapuchado salto hacia ella, ahora con las dagas en mano, con la intención de intimidarla. Kibou en un reflejo rápido, gracias a sus clases de karate, logro interponerse entre el chico de las dagas y su novia. -          Dije que te perdonaría la vida, solo si me matabas a mí –hablo Kibou con severidad -Pero si te atreves a tocar a mi novia o mi familia, no te lo perdonare. Con los ojos abriéndose de par en par, el joven misterioso freno en seco al ver que kibou se interponía entre ellos y más todavía, sobre la severidad de sus palabras. Su tono y su expresión habían cambiado de un momento a otro; ahora era mucho más frío. -          ¡¿Cómo un vampiro puede defender a un humano?! - en sus palabras se escuchaba gran confusión - ¿cómo puedes estar cerca de ella tan tranquilamente? -          … ¿un vampiro, dices? - Hanami y Kibou dijeron estas palabras al unísono mientras quedaban impactados ante tal declaración. -          ¡¿acaso no lo sabías?! - exclamó el joven mientras miraba a Kibou a los ojos - ahora eres un vampiro. No te puede dar la luz del sol, no puedes comer la comida de nosotros, ¿eso no te dice algo? -          Pero… ¿en qué momento? – cuestionó Hanami. -          Más que eso, la verdadera pregunta es: ¿por qué él aún no te ha devorado?, ha pasado semanas sin comer y aun así puede mantenerse a tu lado sin sentir la necesidad de devorarte… Reino un silencio absoluto en la habitación. Tanto Kibou y Hanami, como el chico misterioso, habían quedado impactados. -          Lo cierto es…. – finalmente hablo Kibou en un tono apagado - que no siento ninguna necesidad por devorarla, aunque no comprendo lo que soy. Desde hace semanas que todo mi mundo ha cambiado, sin embargo, sería incapaz de devorar a alguien que amo. Una viva imagen se reflejó en las memorias del chico misterio; era una chica, le estaba sonriendo, estaba. El joven cuya identidad desconocían Kibou y Hanami se puso tan tenso, que ambos lo notaron en seguida. -          No voy a matarte, dijo el chico casi sin aliento - te voy a explicar lo que eres ahora. – el chico misterioso por fin bajaba su capucha, revelando su identidad. Era de cabello corto, no le llegaba ni a los ojos, a comparación de Kibou que tenía su cabello hasta los hombros. Sus ojos eran de color azul oscuro, más profundos y tristes que la noche más solitaria. -          Ahora eres un vampiro – dijo al fin y al cabo de unos segundos. Kibou y Hanami escuchaban atentos - Necesitas de sangre para poder sobrevivir, pero por lo que veo, tú no lo necesita – su voz sonaba un poco trastornada y confusa, pero más, por la viva imagen que evocaban en sus recuerdos de aquella chica tan alegre. -          ¿Cómo me llegue a transformar? -          La transformación se realiza a la edad de 19 años. ¿Cuándo fue tu cumpleaños? -          El primero de abril. -          Ya ha pasado un mes desde tu cumpleaños y otro mes y medio desde tu transformación -confirmo el chico algo confuso -          Pero, ¿por qué se ha transformado? - esta vez quien preguntaba era Hanami. -          El chico hizo un ademan llevándose la mano hasta la barbilla, pensando - Probablemente en tu familia, algún antepasado haya sido un vampiro y los genes se han ido pasando de generación en generación hasta llegar a ti. -          ¡Pero en la familia de Kibou todos son humanos! -grito Hanami con desesperación – nunca se ha visto algo raro en su familia… -sus palabras ahora eran débiles, apagadas, estaba a punto de romper en llanto. Kibou se percataba de las emociones de Hanami y decide abrazarla. Ella se aferra a él con todas sus fuerzas. -          No necesariamente tendría que ser reciente… siglos, incluso milenios, o incluso si fue uno de los primeros vampiros en aparecer frente a la humanidad- – Las palabras del chico eran serias – No importa si solo fue una vez, pero si sucedió, tu descendencia queda marcada con estos genes. 
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