Me río de una manera exagerada a la vez que niego con la cabeza. —No estoy embarazada, estúpido. Suspira aliviado y sus hombros se relajan. —Entonces, ¿qué es lo qué ocurre? Ruedo los ojos y me muerdo el interior de la mejilla. Me remuevo entre sus brazos para levantar mi mano y mostrarle mi muñeca. Frunce el ceño y se queda observando la piel de mi muñeca, luego se acomoda y me toma la muñeca entre su mano y acaricia la piel. —¿Qué hiciste, ______? —Alza la vista hasta mis ojos. Le sonrío levemente y como puedo, me encojo de hombros. —Se quita, James —explico. Meneo las pestañas. El se muerde el labio inferior y ríe—. No es permanente. En mi muñeca está tatuado el nombre de mi esposo, James, en tinta turca negra. —¿Por qué te lo hiciste? —Quería saber cómo quedaba porque he esta

