Fruncí el ceño y volví a bajar la mirada. -No es cierto. -Claro que lo es –alzó ambas cejas-. ¿Por qué crees que no es cierto? Me hieres, ______. -Oh, que sensible –moví mi cabeza para salir de su agarre-. Dijiste que esto te recordaba a cuando estábamos en México, cuando no había amor y eran todas peleas. Chasqueó la lengua y se alejó un poco de mí. -¿Lo has creído? Alcé la mirada para verlo del otro lado de la cama, observándome con notorio nerviosismo. -Claro que lo he creído, James. Lo has dicho sin titubear y seriamente. -No era en serio. Negué con la cabeza y acomodé mi cabello detrás de mi espalda. -Pues lo has dicho. Bufó. -Tú has dicho que me detestas. -Y luego has escuchado cuando le dije a Megan que te amo. -¿Por qué yo tengo que creer que tú me amas cuando antes h

