No estaba espiando. Iba tarde a clase y atajé por el pasillo de las taquillas, el que casi nadie usa entre horas. Caminaba rápido, pensando en cualquier cosa, cuando escuché risas al doblar la esquina. Me frené sin querer. —Te juro que no pensaba que llegaría tan lejos —dijo una voz que no reconocí del todo. —Ya… —respondió otra—. Pero al final siempre pasa lo mismo. No dije nada. No me moví. No porque quisiera escuchar, sino porque algo en el tono me dejó clavada en el sitio. —Es que fue una locura desde el principio —añadió la primera—. Nadie pensó que… Las palabras se perdieron cuando alguien pasó corriendo por el pasillo principal. Las voces bajaron. Yo avancé un paso más, sin hacer ruido. —…y ahora mírala —continuó la segunda, en voz más baja—. Pobrecilla. Sentí un vuelco. ¿

