Dante me alcanzó en el pasillo cuando ya estaba guardando los libros en la mochila. —Luna. Me giré con una sonrisa automática. Últimamente me salía sola. —¿Sí? Caminó a mi lado hacia la salida, con ese paso suyo seguro, como si siempre supiera a dónde iba, incluso cuando no era verdad. —¿Has visto hoy a Ares? —preguntó, fingiendo ligereza. No me sorprendió la pregunta. Me sorprendió que no me molestara. —Sí —respondí—. Un momento, esta mañana. —Ah. Asintió despacio, como si estuviera encajando una pieza. No parecía enfadado. Parecía… pensativo. —Es normal —añadí—. Tenemos el trabajo. —Claro —dijo—. El trabajo. Sonrió. Y esta vez sí llegó a los ojos, aunque había algo tenso detrás, algo que no terminaba de relajarse. Salimos al patio y el ruido del instituto nos envolvió. Dant

