No fue espectacular. No hubo declaración ni gesto cinematográfico. Fue casi incómodo. Estaba guardando los libros en la mochila cuando noté su sombra detenerse junto a mi mesa. No levanté la mirada de inmediato. Sentí el pulso subir apenas un grado, pero no dejé que el cuerpo reaccionara antes que la cabeza. —Luna. Mi nombre en su voz sonó distinto. No seguro. No ligero. Más bajo de lo habitual. Alcé la vista. Dante no estaba sonriendo. Eso fue lo primero que me descolocó. No tenía esa expresión fácil que usaba para atravesar cualquier conversación sin quedarse demasiado tiempo. Tenía el gesto serio, como si estuviera ensayando algo que no le salía natural. —¿Tienes un minuto? La pregunta era sencilla. El silencio que la siguió no. Noté algunas miradas alrededor. Nadie interven

