⤝LORENA⤞ Un escalofrío me recorre la columna luego de mi descarada invitación. La intensa mirada de Santiago sobre mis pechos hace que se sientan pesados y mis pezones se convierten en dos pequeñas balas, apuntando hacia él sin ninguna vergüenza. —¿Qué más has hecho? —pregunta. Su tono es bajo y ronco. Retrocedo un paso cuando el avanza hacia mí. Mis piernas chocan contra la cama, los vellos de mi piel se erizan cuando sostiene mis pechos entre sus manos. —Si quieres saber, ya sabes lo que tienes que hacer —le reto. Un fuerte gruñido retumba en su pecho. Sus dedos tiran de las pequeñas argollas, enviando un ramalazo de placer a mi coño. Mis bragas se empapan de inmediato mientras un ronco gemido escapa de mis labios. —Eres una descarada, bonita. —Y tú no eres un santo, profesor Vida

