⤝LORENA⤞ Las suaves caricias sobre mi columna vertebral y los húmedos besos sobre mi hombro desnudo me arrancan de los brazos de Morfeo. —¿Qué haces, Santi? —pregunto, riendo cuando su boca me hace cosquillas en el cuello. —Dándote los buenos días, preciosa —responde, mordiendo el lóbulo de mi oreja. Muerdo mi labio con fuerza para tragarme el gemido que sube por mi garganta. Si dejo que lo escuche, estaré perdida. —Guarda tu espada, caballero que la vaina está llena —susurro entre dientes. Una carcajada escapa de sus labios. —¿Te has quedado dolorida? —se burla. Luego de nuestro ardiente encuentro de anoche, por supuesto que me siento dolorida, satisfecha y queriendo un poco más, pero Santiago no tiene por qué saberlo. —Creo que ya me estoy acostumbrando —respondo, apartando las s

