⤝SANTIAGO⤞ Un largo y denso silencio se instala entre nosotros. Alicia se recupera de la impresión y sonríe, pero no es capaz de responder a mi pregunta. —Volvamos a la mesa, Santi. No hagamos esperar a tu novia —responde luego de varios minutos, intentando pasar de mí. Atrapo su brazo con suavidad y ella tiembla. —Dímelo, Alicia. Ella levanta la mirada y hay una tristeza tan profunda en ella que casi me congela el alma. —Este no es el lugar, ni el momento, Santiago, por favor. Aprieto los dientes hasta sentir dolor. Mis músculos se tensan tanto que siento un dolor punzante en mi espalda, pero lo ignoro. Es irrelevante. —Es Simón, ¿verdad? —me lanzo directo a su yugular y la voluntad de Alicia se rompe. Su cuerpo se estrella contra el mío y su llanto se vuelve desgarrador. —No

