Se había cortado, pero lo disimuló perfectamente. Cuando su plazo su plato estaba vacío, lo quitó con cuidado frente a ella. Esteban la observó haciendo una mueca de dolor y se acercó. Alma al sentir cercana su presencia, se puso de pie. Se dió la vuelta, algo la detuvo. El sostuvo la palma de su mano, envolvió con un pañuelo de color blanco de seda. —No sé... qué haces. —No quiero que manches la alfombra —comentó y simplemente desapareció de su vista. Alma, protestó, pero él no la escuchó. —¡Es un bastardo, cínico y molesto! —dijo mientras subía cada peldaño de la escalera. A pesar de eso lo único que quería en ese momento era desaparecer de la vista de ese sujeto, y pensar que tal vez en algún momento de su vida, podría llegar a hacerlo desaparecer. Mientras llegaba a su habit

