Disney

1863 Words
El sonido de otra llamada entrante en mi celular me hace soltar un grito ahogado, porque ya era la tercera vez que sonaba y me iba a hacer morir. ¿Quién me llama a estas horas e interrumpe mi sueño.   —¿Sí, qué quieres? —digo al contestar.   —¿Te quedaste dormida, no? —cuando escucho a Patrick me levanto de golpe y trago en seco—. A penas me estoy arreglando, tienes veinte minutos para estar lista.   —Con eso me basta y sobra —murmuro, rascándome un ojo—. Buenos días, por cierto.   Corto la llamada antes de que me conteste y salgo de la cama como si fuera Flash o su hermana o su hija. Me cepillo los dientes, me ducho volando y me pongo a elegir un outfit, cosa en la que siempre me tardo más de la cuenta.   —¿A dónde va usted tan temprano, señorita? —pregunta Julian, entrando mi habitación sin tocar antes y con una bolsa en la mano. Me volteo y ruedo los ojos al verle—. Uh, estás desnuda, que linda imagen.   —Estoy en toalla, payaso, déjame vestirme y hablamos.   —No es nada que no haya visto antes —murmura, tirándose de la cama—. Te traje un regalo para que asombres a tu novio, Mahomes, con tu belleza y fea actitud.   —¿Qué me compraste, Julian Edelman? —pregunto asustada.   Jules saca de la bolsa una camiseta tipo crop top de los Kansas City Chiefs. Suelto un chillido de la emoción y me tiro encima de él para agradecerle. Y yo que pensaba que era lencería o algo de ese estilo.   —Julian f*****g Edelman, you are the best, ¿te lo han dicho antes?   —Un montón de veces. Ahora, póntela con ese jean azul de ahí, el algo. Hace que tu culo inexistente se vea muy bonito —suelta riéndose y cuando voy a golpearlo, sale corriendo de mi habitación.   —Idiota de mierda, te odio —murmuro entre dientes.   Me visto rápido y sólo me maquillo un poco, porque la pereza y el sueño podía conmigo. Cepillo mi cabello que tenía varias ondas y decido ponerme un cintilo n***o para quitarme el cabello de la cara. Lleno un bolso de cosas que voy a necesitar y decido bajar al lobby, antes de que Mahomes llegue.   —¡Kenzie, Kenzie! —escucho los gritos de Tom y suelto una risa al ver su rostro tornarse rojo de la vergüenza, todo el mundo lo estaba viendo.   —Si es cierto que todo lo malo se pega, mírate —murmuro despeinando su cabello—. ¿Se van hoy en la tarde, no?   —Sí, pero podemos esperar por ti, eso vine a decirte —explica sonriente. Recorro su cuerpo con la mirada y veo que aún estaba en pijama, así que suelto una carcajada—. Habla claro, enana, estoy pasando pena aquí por tu culpa.   —¿Nos iríamos mañana entonces? —le pregunto y este asiente—. Está bien, aunque no prometo volver hoy.   —No digas eso que me pongo celoso, Mackenzie —susurra abrazándome—. Que te vaya muy bien, pequeña. Me avisas si te hace algo para partirle la nariz.   Dejo un beso en su mejilla y mi hermano se va corriendo justo por donde vino. Ahí recibo un mensaje de Patrick, diciéndome que estaba afuera. Tomo una bocanada de aire y salgo con una sonrisa en el rostro.   —Buenos días, Par —murmuro subiéndome al Audi en la parte trasera, al lado de Mahomes.   —Linda camiseta, chica —dice con las mejillas coloradas.   —Siéntete afortunado, porque no hay un equipo que ame más que a los Patriots y siento que estoy traicionando a mis colores —balbuceo mirándome las uñas.   —¿Desayunaste algo? —me pregunta y yo niego—. Me lo imaginé, así que te compré unos bagels y un frapuccino de caramelo.   —¿Cómo...   —Google, Mackenzie, hay cosas que salen ahí que tú quizás ni conozcas de ti misma, es de locos eso —replica rodando los ojos—. Pero... creo que no me equivoqué, ¿o sí?   —No, muchas gracias por esto —murmuro aceptando el desayuno.   Desde el hotel y hasta el aeropuerto, Patrick y yo hablamos de un montón de cosas, para así conocernos y no hacer toda esta locura como desconocidos. Los bagels están deliciosos y el frapuccino ayudó a levantarme el ánimo, aunque seguía teniendo mucho sueño.   Cuando llegamos al aeropuerto es que descubro que el vuelo es privado y que literal, nos vamos a bajar del coche y subirnos al avión.   —¿Es tuyo esto? —le pregunto subiendo las escaleras—. Tom quiere comprar uno, pero no se decide todavía.   —Dios, no soy Tom Brady, ni tengo tanto dinero, es alquilado —responde risueño—. Por cierto...   —¿Tú debes ser Mackenzie, no? Bueno, obvio que sé quién eres desde antes, pero hola —un chico, en plena adolescencia, se acerca a mí cuando entro al avión y habla tan rápido que me hace recordar a Erin.   —Kenz, él es mi hermano menor, Jackson Mahomes y ella es Ashley Newman, una amiga de él. Chicos, Mackenzie Brady —me presenta Patrick y saludo a ambos con un beso en la mejilla.   —Amé tu sesión de fotos con Bryant —dice la chica sonriente y le devuelvo la sonrisa—. Bueno, me encantan todas tus sesiones de fotos, pero esa más.   —Muchas gracias, Ash. ¿Te puedo llamar así, no? —la peli negra asiente emocionada y me siento el asiento de la ventana, mientras Pat se sienta a mi lado.   —Prepárate para escucharlos hablar de t****k a cada rato, son famosos en esa cosa y me hacen sangrar los oídos siempre —murmura para que sólo yo lo escuche.   —Bueno, al menos no están en las drogas o algo así —bromeo y Mahomes intenta no reírse, pero no puede no hacerlo.   —¿Siempre dices lo primero que se te venga a la cabeza, verdad? —pregunta con los ojos entrecerrados. Alzo los hombros desinteresadamente y este se ríe—. Me cae muy bien, señorita Brady.   —Y usted a mí, señorito Mahomes.   El viaje es súper corto y parece que todo estaba planeado desde hace muchísimo tiempo, ya que todo se lleva a cabo a la perfección desde el momento en que llegamos. Patrick me explica que hará un desfile y luego podremos ir a recorrer el lugar, pero eso lo dudo sabiendo como son los fans.   —¿Y sales con mi hermano, no? —me pregunta Jackson, mientras vemos pasar el desfile.   —No, de hecho, nos conocimos hace un par de días.   —Mierda, le debes agradar mucho como para traerte con él —murmura grabando un boomerang—. Pat no suele ser confianzudo o amistoso en la primera impresión que te da.   Ashley llama al chico y este me deja sola, mientras veo pasar al quarterback en su carroza, saludando a las personas a nuestro alrededor con una sonrisa gigantesca. Un chico de seguridad nos lleva a este lugar donde conoceremos a Mickey y Minnie y nos sacamos muchísimas fotos con los personajes. Además, Patrick tuvo la oportunidad de sacarse selfies con algunas personas y ahí aproveché y subí una foto mis stories, para que la gente hable con ganas.   —Bueno, señorita Brady, ya se acabó el show —comenta el jugador poniéndose unos lentes y gorra para no ser reconocido—. Ven, vamos a comprarnos algo en la tienda. Ya sabes, souvenirs y eso.   Cuando voy de la mano con el moreno, me pongo a imaginar en que quizás esto lo iba a vivir junto a Marco, pero no, él decidió engañarme. Bueno, no sólo me engañó a mí.Según sus hermanas, que son mi fuente de información, Reus había cambiado y ahora que tiene la custodia compartida de su hija, Emilie, parece que ha puesto los pies en la tierra. Ha intentado conquistar de nuevo a Scarlett, pero la rubia no es tan tonta como para caer de nuevo.   Ahora, si él quisiera volver conmigo, podría darle otra oportunidad, aunque depende del día y como me sienta. Ya sé, es horrible conformarme con el amor de medias del rubio, pero me enamoré tan rápido de él que ahora no sé que hacer, a pesar de que niego todo.   —¿Estás bien, Kenz? Parece que te fuiste de este mundo —me pregunta Patrick, sacándome de mi trance.   —Sí, sí, estoy viva —miro el lugar y descubro que ya estábamos en una de las tiendas—. Mira, que linda camiseta.   Saco el crop top n***o de su lugar y me lo pongo sobre mi cuerpo para ver como me quedaba. Soy fan de Mickey Mouse, la verdad. Decido comprármelo, junto a unas orejitas que le voy a regalar a mis sobrinos preciosos y a Erin.   Voy al vestidor y me quito la camiseta de los Chiefs y me pongo la que voy a comprar para entrar en el mood de Disney. Una vez que salgo, descubro que Patrick había pagado todo por mí y eso me pone de muy mal humor.   —No tenías por qué hacerlo, Patrick —murmuro una vez que salimos de la tienda.   —No te enojes, Kenzie, sólo es un acto de agradecimiento, porque aceptaste venir conmigo.   —Igual, no tenías que hacerlo —replico rodando los ojos e intento cruzarme de brazos, pero Mahomes me lo impide, entrelazando nuestras manos.   —Solo esta vez, ¿sí? —susurra acariciando mi mejilla con su sonrisa—. Dale, Kenz, sonríe.   —No quiero —digo haciendo un puchero—. ¿Dónde están Jackson y Ashley? Ellos me hacen reír.   —¿Ah sí? —cuestiona deteniéndose. Lo miro confundida y este acuna mi rostro en sus manos—. Si después de que te bese no sonríes, te dejo de hablar.   Mahomes une sus labios a los míos y le sigo el beso al instante, porque no podía ni quería resistirme. Siento las miradas de las personas, pero muy poco me importaba en todos momentos. Patrick posa sus manos en mi cintura y las mías hacían círculos en sus mejillas.   —Bueno, bueno —la voz de Jackson nos saca de nuestra burbuja y mis mejillas se tornan rojas por la vergüenza—. Si no están juntos después de ese beso...   —Ya cállate, idiota —Ashley lo golpea y este se queja—. Se ven muy lindos, cásense, por favor.   El trabajador de Disney que estaba acompañando a los adolescentes nos dice que deberíamos empezar a recorrer el lugar y le hacemos caso antes de que empiece a oscurecer.   —Creo que voy a tener que dejarte de hablar —me dice Pat al oído y yo me ahogo de la risa—. O bueno, creo que no.   —Puedes dejar de hablarme, pero, por favor, no dejes de besarme.
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