4. Tejiendo alianzas

837 Words
La luz de la mañana se filtraba suavemente a través de las cortinas de la trastienda de la librería, donde Aneliz y Liam habían pasado la noche discutiendo y planeando. Las primeras horas del día traían consigo una brisa fresca, pero también un sentido de urgencia que no podían ignorar. —Necesitamos un plan más concreto —dijo Liam, su voz baja pero cargada de determinación—. No podemos simplemente huir sin pensar en las consecuencias. Aneliz asintió, sintiendo el peso de la responsabilidad sobre sus hombros. Habían decidido que quedarse en el pueblo no era una opción segura. Sabían que los emisarios de la Manada no tardarían en buscar a Liam, y probablemente a ella también, si Steven se enteraba de que estaba ayudándolo. —Conozco a alguien que podría ayudarnos —dijo Aneliz después de un momento de reflexión—. Es un viejo amigo de mis padres. Vive en las montañas al norte, lejos de la influencia directa de la Manada. Podríamos refugiarnos allí mientras pensamos en un plan a largo plazo. Liam asintió, aliviado de tener una dirección a seguir. —Vamos entonces. Cuanto antes salgamos de aquí, mejor. Aneliz y Liam empaquetaron rápidamente algunas provisiones básicas y libros que podrían necesitar. Antes de salir, Aneliz dejó una nota para su abuela, explicándole la situación y asegurándole que estaría a salvo. Sabía que su abuela entendería y apoyaría su decisión, aunque eso significara separarse por un tiempo. Salieron de la librería por la puerta trasera, evitando las miradas curiosas de los pocos transeúntes del pueblo. Se adentraron en el bosque que rodeaba el pueblo, siguiendo un sendero que Aneliz conocía bien. La caminata era ardua, pero ambos se movían con una determinación silenciosa. Después de varias horas, llegaron a una cabaña oculta entre los árboles altos. La construcción de madera parecía resistente y bien cuidada, con un jardín pequeño y un arroyo que corría cerca. Aneliz respiró hondo antes de llamar a la puerta. Un hombre de mediana edad, con barba y ojos brillantes, abrió la puerta. Su expresión de sorpresa se transformó en una sonrisa cálida al reconocer a Aneliz. —¡Aneliz! —exclamó—. ¿Qué te trae por aquí? —Jacob —respondió Aneliz, aliviada—. Necesitamos tu ayuda. No tenemos a dónde más ir. Jacob los invitó a entrar, escuchando atentamente mientras Aneliz le contaba todo lo que había sucedido. Desde el censo de la Manada hasta el encuentro con Steven Stone y la llegada inesperada de Liam. —Esto es serio —dijo Jacob finalmente, su expresión grave—. Pero pueden quedarse aquí el tiempo que necesiten. Nadie los encontrará en este lugar. Pero deben ser cuidadosos. Steven Stone no es alguien que se rinda fácilmente. Aneliz asintió, sintiendo un alivio momentáneo. Sabía que Jacob tenía razón, pero al menos ahora tenían un lugar seguro para planear sus próximos movimientos. *** Los días pasaron rápidamente en la cabaña de Jacob. Aneliz y Liam se adaptaron a la vida en las montañas, ayudando con las tareas diarias y aprovechando el tiempo para entrenar y fortalecerse. Jacob les enseñó técnicas de supervivencia y les habló sobre las leyendas de la Manada y los poderes que algunos Alfas poseían. Una tarde, mientras recogían leña en el bosque, Liam se detuvo y miró a Aneliz con seriedad. —¿Has pensado en cómo enfrentar a Steven? —preguntó—. No podemos seguir huyendo para siempre. Aneliz suspiró, sintiendo la presión de sus palabras. —Lo he pensado, Liam —dijo—. Pero no sé si estoy lista para enfrentarlo directamente. Tiene más poder y recursos de los que podemos imaginar. Liam asintió, comprendiendo su dilema. —Tal vez necesitamos más aliados —sugirió—. Personas que también estén en desacuerdo con el liderazgo de Steven. Si podemos formar una coalición, podríamos tener una oportunidad. La idea resonó en la mente de Aneliz. Sabía que había disidentes dentro de la Manada, aquellos que no estaban de acuerdo con la manera en que Steven gobernaba. Pero reunirlos sería una tarea difícil y peligrosa. —Vale la pena intentarlo —dijo finalmente, su determinación renovada—. No podemos hacerlo solos. *** Esa noche, alrededor de la chimenea en la cabaña de Jacob, discutieron su plan para encontrar y reclutar aliados dentro de la Manada. Sabían que necesitarían ser cautelosos y estratégicos, pero también que no podían esperar más. El tiempo corría en su contra, y cada día que pasaba, el peligro de ser descubiertos aumentaba. —Mañana al amanecer —dijo Aneliz, mirando a sus compañeros—. Partiremos en busca de aliados. Necesitamos a todos los que podamos encontrar si queremos tener una oportunidad contra Steven. Liam y Jacob asintieron, listos para lo que fuera necesario. Sabían que el camino sería arduo y lleno de desafíos, pero estaban decididos a luchar por su libertad y su futuro. La resistencia comenzaba ahora, y no se detendrían hasta haber cambiado el destino que les había sido impuesto.
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