El bosque en la noche era oscuro, y de no ser por la poca luz de luna y la visión nocturna que tenían mientras estaban transformados hubieran perdido el camino hacía mucho. Claudio accedió poco gustoso a subir al lomo de Alexander, ya que era más alto que Moira y le daba más miedo, pero el lobo n***o era más hábil a la hora de esquivar ramas y caer despacio, y el pobre hombre llegó menos maltratado, pero más desaliñado, con el chaleco torcido y la ropa sucia. Después de correr toda la noche el alba anunciaba el inicio de un nueva día cuando llegaron a un pequeño claro frente a una enorme pared de roca de unos cincuenta o sesenta metros de altura. Se vistieron el silencio mientras Luciana los observaba bajo un constante ceño fruncido, pero había algo más que Moira logró identificar, estaba

