CAPITULO 2: El monstruo.

2511 Words
El viaje en coche había durado unas cuatro agónicas horas, me habían dado algo de comer y agua, pero ninguna explicación, ninguna palabra de aliento. Por fin llegamos a una inmensa casa, lo que parecía haber sido una mansión en su momento, pero que habían reformado de tal forma que ahora parecía un palacio. Me habían sacado de aquel coche, fuera hacia frio, estábamos en otoño y agradecí aquel abrigo que habían tenido la compasión de darme. El conductor me llevó hacia la parte trasera de la casa y allí entré a una sala pequeña donde me dijo que me sentara y esperara. Enseguida apareció una mujer vestida con un uniforme azul marino, tenia su pelo rubio recogido en una trenza. Debería de tener unos treinta años, tenía unos ojos azules de aspecto bondadoso. -        ¿Cuál es tu nombre? - la mujer me habló con amabilidad, me emocioné al sentir que era la primera persona que me trataba como si fuera algo mas que un trozo de carne. -        Mi nombre es Victoria- lloré incapaz de contenerme, ella me sonrió con dulzura y sacó un pañuelo blanco de su bolsillo y me lo dio. -        Vamos niña, no te preocupes, aquí vas a estar muy bien. Has tenido suerte- la miré sin comprender, pero ella comenzó a andar hacia la misma puerta por la que había entrado y me instó a seguirla. Lo hice incapaz de ir a ninguna otra parte. Avanzamos sin decir nada a través de pasillos y estancias, subimos unas inmensas escaleras. Me quede impresionada con el lujo de alrededor. Todo era tremendamente moderno, de líneas limpias y suaves. Grandes ventanales en todas partes que dejaban ver la exuberante naturaleza que rodeaba aquella mansión. Avanzamos por largos pasillos llenos de puertas, las paredes tenían cuadros hermosos y esculturas. Finalmente llegamos a unas grandes puertas correderas. Yo ya estaba perdida, no sabría salir de aquella casa aunque huyera en aquel momento. La mujer abrió la puerta y me indicó que entrara. -        Permanecerás aquí hoy, mañana el señor decidirá dónde ubicarte. En un rato te traerán algo para comer. - me indicó. -        ¿Qué… qué me va a pasar? - pregunté confusa y asustada. -        Nada mi niña, ya verás como aquí vas a estar muy bien. Kilian es un gran señor. - me empujó hacia dentro con delicadeza- mi nombre es Ágata. Dicho esto, cerró la puerta y pude oír como me encerraba poniendo el cerrojo, aun así, traté de abrirla, desesperada. ¿Qué ocurría? ¿Qué hacia allí? Me desplomé en el suelo, ahora incapaz de contener el terror que sentía. Miré a mi alrededor para encontrar una inmensa habitación. La puerta daba a una especia de recibidor, donde había una estantería y un par de cómodas. Hacia la izquierda, bajando un escalón, se abría una habitación enorme, una cama de un tamaño descomunal coronaba la estancia. Tenía unos postes de madera macizos que se alzaban en cada esquina de la cama un par de metros, las sabanas eran de seda negra como si fuera una espesa bañera de petróleo. El suelo tenia una alfombra de pelo gris que cubría una gran superficie de un hermoso suelo blanco perfectamente pulido. Al fondo había una gran chimenea en la que crepitaba un agradable fuego y un par de sofás acogedores. Aquel lugar era impresionante, ¿aquella seria mi habitación? No entendía nada. Avancé con cuidado sin comprender nada. Miré a través de las enormes ventanas, la noche estaba cayendo. Al fondo, había otra puerta que conducía a un enorme baño con todos los lujos, una bañera gigante se abría en el suelo. Había un vestidor, pero estaba lleno de trajes de hombre, de ropa lujosa y de marca. ¿De quién era aquella habitación? aquella ropa pertenecía a alguien. ¿Y si era de aquel monstruo? El pánico volvió a apoderarse de mí, me abracé a mi misma, presionando aquel abrigo contra mi cuerpo, sintiéndome totalmente desprotegida en aquel lugar. Pero nada paso, pasaron un par de horas mas en completa soledad. Tocaron a la puerta y una chica trajo una bandeja de comida deliciosa para mí y sin decir nada se fue. Comí porque estaba hambrienta. Hacía mucho que no había podido vivir de una manera civilizada y esa sensación de comodidad y cobijo la había olvidado. Cuando los monstruos revelaron su existencia todo cambio para nosotros, el orden mundial se tambaleo y ahora eran ellos los que mandaban sobre todo lo demás. Mi padre había huido con mi hermana y conmigo poco después de que aquello empezara. Cuando los tributos comenzaron a ocurrir. April tenía todas las papeletas por su belleza, asique lo único que había conocido en esos últimos tres años había sido la vida salvaje, sobrevivir en la naturaleza con lo que cazábamos y dormir en el lecho de los bosques o cuevas, sin comodidades. Me senté junto a la cama en el suelo, por alguna razón me sentía incapaz de sentarme en aquel colchón, tenia un mal presentimiento, como si aquella habitación tuviera algo siniestro. Sin darme cuenta me quedé dormida sobre la alfombra y apoyada contra aquel colchón. Desperté sobresaltada sintiendo que algo se movía a mi alrededor. Mi corazón se aceleró y miré desesperada a todos lados. La habitación se había llenado de sombras y la única luz venia desde la chimenea. Aunque no podía ver nada, sabia que algo se movía entre la oscuridad. -        ¿Acaso mi cama no es lo suficientemente cómoda? - una voz suave pero amenazadora me habló desde algún lugar entre las sombras. Miré a mi alrededor desesperada, pero no había nadie, hasta que de repente lo vi, sentado en uno de los sofás junto a la chimenea. Había aparecido de la nada. El monstruo estaba allí, sentado de forma casual mirando al fuego, giró su cabeza hacia mi y pude ver sus ojos verdes penetrándome. Había algo peligroso en ellos que hizo que se me tensara el cuerpo. Kilian se levantó con lentitud y avanzó hacia mi poco a poco. Su cuerpo alto y fuerte imponente, su pelo antes recogido ahora caía sobre sus hombros enmarcando aquella cara tremendamente atractiva. Me sonrió con una maldad intencionada. Sabiendo el temor que me estaba provocando. Llevaba una camisa negra que enmarcaba su ancha espalda y sus fuertes brazos, desabrochó con cuidado el botón que había más cerca de su cuello y luego sus mangas para remangarlas después con intencionada lentitud sin dejar de mirarme. Avanzaba hacia mi como solo lo había visto hacer a los lobos. Yo retrocedí para toparme con la cama. Me moví hacia un lado queriendo huir, pero el llegó a mi cuando apenas había alcanzado uno de los postes. Mi espalda chocó contra la madera y me quede allí atrapada. Aquel monstruo estaba frente a mí, cada vez más cerca, mirándome profundamente. Cogió mi rostro con su mano derecha obligándome a mirarle, olio mi cuello con una lentitud asfixiante. -        No me extraña que Lucian te quisiera, hueles demasiado bien. - sentí su aliento en mi cara, demasiado cerca de mí. Su perfume era atrayente, como si algo en él hiciera que mi estomago se derritiera y a la vez tuviera mas miedo que nunca en mi vida. Se pegó un poco más a mi cuerpo y sin soltar mi cara, comenzó a mover su otra mano hacia los botones de mi abrigo. Mi corazón quería salirse de mi pecho. Pero no me moví, no podía. Aquella mirada me tenía presa, como hipnotizada. Lo desabrochó del todo y tiró de mi abrigo con delicadeza hacia atrás, resbaló por mis brazos y terminó en el suelo. Yo seguía paralizada, como si ejerciera algún poder sobre mí. Quedé expuesta frente a él, con aquel ridículo camisón que dejaba poco a la imaginación. Lo más lógico era huir, pelear, tratar de empujarle lejos, pero me sentía incapaz. Mi cuerpo no me obedecía, solo quería estar allí junto a él. Fue descendiendo con su mano por encima de la tela hasta llegar a mi pecho, rozo con intencionada lentitud mi pezón erecto y sus cejas se arquearon de sorpresa, sonrió complacido. Agarró mi abultado pecho con su mano como sopesándolo y siguió descendiendo por el camisón hasta llegar al final de este. Una corriente de pánico atravesó mi cerebro cuando comenzó a subir por debajo de la tela, tocando mi muslo con su fuerte y enorme mano, quise moverme, pero él me lo impidió, inmovilizándome con su cuerpo. -        Tranquila, no voy a hacerte nada que no quieras- su voz era divertida y algo arrogante. Quería luchar contra él, pero a la vez no. Era como si dentro de mi se librara una batalla infinita. Solo podía sentir su tacto ascender lentamente hasta la piel de mi cadera y como eso despertaba oleadas de placer a través de mi cuerpo, que parecía haberse rendido a su tacto. Rodeó mi pelvis con su mano hasta llegar a mi culo y estrujándolo me apretó más contra él. Pude notar el bulto en sus pantalones contra mí. Estaba aterrada y, sin embargo, notaba como me estaba excitando, como me deshacía en sus manos. Y él pareció notarlo, porque emitió un gemido de satisfacción. Su emoción crecía, metió su otra mano bajo mi camisón agarrando mi cuerpo desnudo. Apretó mis nalgas y con un movimiento rápido me aupó, separándome del suelo y obligándome a rodearle con mis piernas. Conmigo sobre él, se giró y me tiró contra aquella inmensa cama. Caí de espaldas sobre las suaves sabanas y el cayó sobre mí un instante después. Su enorme cuerpo cubría el mío, haciéndome sentir tremendamente pequeña, comenzó a acariciarme y a besar mi cuello, mi respiración se había descontrolado. Sentía cada pequeña parte de mi cuerpo arder en contacto con el suyo. Estaba excitada, notaba como me humedecía sin poder evitarlo. Notaba su olor embriagarme, su rocé cada vez mas fuerte y necesitado y perdí el control, sin reconocerme a mí misma. Se separó un momento de mi y con un movimiento rápido se quitó la camisa para mostrarme un torso perfecto y fuerte. Aquello estaba pasando muy rápido y no podía pensar en nada. Solo había confusión en mi cabeza. Yo nunca había estado con un hombre, nunca de aquella manera y menos con un ser como aquel, imponente y tremendamente atractivo. Colocó mis manos por encima de mi cabeza contra el colchón. Inmovilizándome con una de sus manos, descendió con la otra hacia la tela de aquel camisón y con una facilidad pasmosa, la rompió de un solo movimiento, como si estuviera hecha de papel. Un pequeño grito se escapó de mi garganta. Ahora estaba completamente desnuda frente a él. El camisón se había convertido en un girón de tela inservible. No podía cubrirme con mis brazos ya que él me lo impedía. Me observó complacido, sus ojos destellaron de emoción mirando mi desnudez. Descendió con sus labios desde mi cuello hasta mi pecho, creando un camino que hacia arder mi piel. Llegó a mi pezón y lo mordió con suavidad haciendo que una oleada de placer se extendiera por mi cuerpo. ¿Qué me estaba pasando?, aquella chica no era yo. Era como si no pudiera contralar lo que él me hacía sentir. Chupó mi pezón haciendo que me excitara aún más. Gemí de placer sin poder evitarlo. Soltó mis manos y agarró mi cuello con fuerza sin llegar a ahogarme mientras succionaba mi pecho haciendo que me volviera loca. Una parte lejana en mi cabeza me pedía que me resistiera, pero era incapaz, estaba perdida en sus brazos, totalmente rendida a su voluntad. Entonces sin dejar de jugar con mi pecho sentí como una de sus manos descendía hacia su pantalón y escuché como desabrochaba su bragueta y se hacia un hueco entre mis piernas. Iba a penetrarme, entonces aquello rompió esa especie de hechizo y el pánico se apodero de mí. Me revolví entre sus brazos ante la idea de que pudiera meterse dentro de mí. El trató de impedir que me moviera confuso por mi brusco cambio. Empecé a llorar sin poder evitarlo y él se detuvo y me miró con confusión. -        ¿Qué te ocurre? - me preguntó confundido y algo molesto. Yo lo miré aterrada sin comprender nada de lo que estaba pasado. Sintiéndome totalmente indefensa en sus brazos. Las lágrimas caían de mis ojos sin control. Él se separó de mi sin comprender, tratando de que me calmara. -        Yo nunca, yo no he…- las palabras salieron atropelladas de mis labios entre sollozos. Me separé un poco de él y me cubrí como pude con mis manos. -        ¿Eres virgen? - me preguntó mientras se levantaba de la cama y volvió a abrochar su pantalón. Me miró expectante, asentí, avergonzada por cómo me había comportado hacía unos momentos. Él se echó el pelo hacia atrás frustrado y fue hacia mi abrigo, lo recogió del suelo y me lo lanzó para que me lo pusiera. -        Cúbrete, no voy a hacerte nada. Deja de llorar. - había enfado en su voz, aunque trataba de ocultarlo. Me puse el abrigo sintiéndome horrible, mientras él terminaba de vestirse. Ignorándome y visiblemente enfadado. Lo miré sin saber que hacer, sin comprender. Se dirigió hacia su vestidor y regresó con algo de ropa deportiva en su mano. La dejó sobre la cama, en el borde, me miró de nuevo con aquellos ojos verdes hipnotizantes, ahora un poco más calmado. -        Ponte esta ropa, estarás más cómoda. Mañana haré que te asignen un puesto en la casa y haré que te compren algo de ropa. Puedes dormir aquí hoy, no voy a volver a molestarte. - trataba de ser amable pero su voz era severa y se le notaba enfadado. Después de decir aquello, sin más, abandonó la habitación. Me quedé allí incapaz de moverme. ¿Qué acababa de pasar? Aquel monstruo había cedido a mí, no me había forzado ni nada, pese a ser mas fuerte que yo y tenerme indefensa. Mi corazón latía desbocado por la adrenalina del momento y con manos temblorosas alcancé la ropa que me había dejado, era una sudadera gris de un tejido suave y abrigado y un pantalón de chándal n***o. Me vestí sin quitarme aquel abrigo, aun cubriéndome como si alguien estuviera observándome. Me venia grande, ajusté el pantalón lo mejor que pude, pero me sentí reconfortada con aquella ropa, sin exponer mi cuerpo. Olía a él, ese olor cautivador que había hecho que perdiera el control de mi misma. ¿pero como había sido posible? Era como si mi cuerpo no hubiera querido responderme, como si hubiera estado en alguna especie de trance, había estado a punto de entregarme a él sin pelear, sin más. Simplemente presa de su tacto y de su presencia. Cubrí mi cara con mis manos, sintiéndome de mil maneras horribles a la vez. Humillada, avergonzada, aterrada… me aovillé en aquella cama ahora revuelta, como una huella de mi vergüenza y mi debilidad y lloré hasta dormirme.    
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