CAPITULO 3: el nuevo orden

4449 Words
En mi sueño April lloraba sola en el bosque mientras me llamaba “victoria, victoria…” yo quería llegar hasta ella, pero no podía, no sabía. De repente aquella imagen se esfumó y la voz de April se convirtió en la voz de Ágata. Sus grandes ojos azules me miraban insistentes, mientras me zarandeaba un poco para tratar de despertarme -        Victoria, despierta- me incorporé rápidamente, mareándome al instante, pero sin mostrarlo. Estaba confusa, miré a mi alrededor, las sabanas negras estaban desordenadas. Había dormido en la cama del monstruo. Miré rápidamente a mi cuerpo, a mi ropa, como asegurándome de que aún tenía toda mi ropa puesta. Me relajé al ver que aun estaba vestida. Miré a Ágata que me observaba confundida sin saber qué hacía y porque estaba tan sumamente asustada. -        Vamos, tenemos una larga mañana por delante- la paciencia de aquella mujer parecía estar llegando a su límite, yo asentí aun confusa. Bajé de aquella cama y fui hacia los zapatos que me habían dejado, me los puse y vi mi camisón, o al menos el girón de tela que había sido mi camisón, abandonado en bajo la cama. Me sonrojé sin poder evitarlo y también lo recogí junto con el abrigo, tratando de borrar la vergüenza de la noche pasada y mi comportamiento inexplicable. Ágata comenzó a andar hacia la puerta y yo la seguí en silencio. De día la casa parecía mucho más grande y luminosa. Avanzamos por uno de aquellos infinitos pasillos hacia algún lugar que solo Ágata conocía. -        ¿Dónde vamos? - pregunté temerosa mientras apretaba las prendas contra mi pecho. -        Voy a enseñarte tu habitación, el señor me ha indicado que te asigne una – se podía notar un deje de fastidio en su voz, pero lo trataba de suavizar sin perder la cordialidad- después te indicare tus tareas diarias. Asentí y no dije nada más, asumí que ahora sería una esclava más, en aquella inmensa casa. Una sirvienta para el monstruo, sin libertad ni derechos. Algo se hundió dentro de mí, pensé en April y en lo sola que debía de sentirse. Ágata se paró delante de una puerta y yo me quede tras ella, la abrió con una llave antigua y pasamos dentro. Era una habitación de buen tamaño, mucho mas austera que la habitación de Kilian, pero infinitamente hermosa. Había una bonita cama de matrimonio de aspecto cómodo en el centro, una mesita de noche, un armario antiguo grande con acabados exquisitos y una cómoda con cajones. Estaba muy bien decorada. Me quedé en la entrada mientras Ágata abría las ventanas y aireaba la estancia. -        Esta será ahora tu habitación. Por ahora no la compartirás con nadie, aunque eso puede cambiar- puso una cara extraña al decir aquello, pero siguió- dentro del armario he puesto varios uniformes y algo de ropa casual, el señor me indico que viniste sin maleta y que no tenías nada más que lo puesto. Me miró de arriba abajo con reprobación, me sonrojé sintiéndome mal. No era mi culpa que me hubieran secuestrado, yo no hacia mal a nadie en los bosques. -        Aquella puerta conduce a un baño que es privado para ti- señaló a una puerta a la derecha- Voy a dejarte media hora para que te asees y te vistas. Luego vendré a buscarte. Sacó del armario lo que parecía un uniforme y lo colocó sobre la cama perfectamente doblado. Puso una toalla también y una bolsa de aseo con lo básico y salió de allí. Me quedé sola ante todo aquello. Toqué la ropa, era suave y calentita, en el neceser había un cepillo de dientes, pasta, una crema hidratante y un peine. Cogí todo aquello, junto con una toalla y fui hacia el baño. Era un espacio coqueto, con un gran espejo antiguo y una gran bañera. Dejé sobre el mueble las cosas y fui hacia la bañera. En el borde había productos para el cuerpo y el pelo. Enchufé el agua caliente y comprobé entusiasmada que funcionaba. Cerré la puerta del baño y me desnudé, aun sintiéndome cohibida. Doblé con cuidado la ropa que Kilian me había dado, incapaz de tirarla al suelo como si fuera a recibir un castigo si lo hacía. Me duché sintiéndome mejor que desde hacía muchísimo tiempo. Pude disfrutar de aquel pequeño momento pese a todo. Me enjaboné sintiéndome reconfortada y un poco mas relajada, aunque cada vez que cerraba los ojos lo único que podía ver eran los penetrantes ojos verdes del monstruo y a mi rindiéndome estúpidamente a él como si mi voluntad no valiera nada. ¿Cómo había podido comportarme así? Deseché todo aquello y me sequé con cuidado. Me vestí con aquel uniforme. Consistía en una camisa blanca y una falda hasta las rodillas, me había dejado también algo de ropa interior, comprobé los sujetadores ya que hacía siglos que no usaba uno. Me había dado un jersey de color azul que me puse ya que hacía algo de frio. Parecía un uniforme de camarera. Me puse los zapatos que eran cómodos y me recogí el pelo. Lo llevaba muy largo pese a que en la fortaleza me lo habían cortado, aun así, resbalaba por mi espalda de forma salvaje. Me miré en el espejo viendo mi imagen reflejada, mi labio seguía algo hinchado, pero estaba mucho mejor que ayer. Tenía un pequeño corte, pero ya no llamaba tanto la atención. Me sentí absurda en aquella ropa, llevaba tanto sin mirarme en un espejo ni verme que no me reconocía, que aquello era irreal, pero respiré hondo y me obligué a ser fuerte. Tenía que sobrevivir, aprender y escapar cuando pudiera. Ágata regresó puntual y me miró, esta vez con aprobación. La seguí de nuevo hacia aquel laberinto de puertas. -        Trabajaras en la cocina por ahora. Marian estará a tu cargo y te indicará lo que tienes que hacer, no te preocupes no serán cosas complicadas - me tranquilizó Ágata, ahora parecía mucho más relajada y amigable. Llegamos por fin a la cocina, era un lugar enorme. Había mucha gente bulliciosa haciendo cosas a mi alrededor, algunos me miraron con curiosidad y otros con fastidio. Yo solo quería que me tragara la tierra. Ágata me llevo frente a una mujer de unos cincuenta años, su pelo era rubio rizado, lo llevaba corto por encima del hombro y un pañuelo sobre él para protegerlo y recogerlo. Era bastante gruesa y de aspecto agradable, tenía unos mofletes hinchados y unos ojos cansados. -        Marian esta es Victoria, la nueva, dile lo que tiene que hacer. Yo debo marcharme ya he dejado mis obligaciones demasiado apartadas - Ágata se despidió con una sonrisa y se marchó. Me quede allí frente a aquella mujer sin saber que hacer. Ella lavó sus manos y las secó con un trapo mientras venia hacia mí y me sonreía -        Mi nombre es Marian, tú tienes que ser victoria ¿verdad? - la mujer tendió su rechoncha mano hacia mí y la estreché tímidamente, ella me dio un enérgico apretón- vas a estar a mi cargo aquí, tranquila que no va a ser duro. Hay muchas bocas que alimentar en esta casa, asique siempre hay trabajo. Empezó a avanzar por la cocina hacia una zona que parecía de fregaza, había un lavavajillas y dos enormes senos de fregadero. Uno de ellos estaba rebosante de cacharros sucios. -        Empieza por ahí, limpia todo eso y cuando termines te asignaré otra tarea. Sobre la una tendremos un descanso para comer y luego seguiremos. ¿Tienes alguna pregunta? - negué con la cabeza y ella asintió feliz. La mañana transcurrió tranquila, me puse a limpiar aquellas sartenes, platos y recipientes sin que nadie me molestara. Éramos unas veinte personas en aquella cocina, todos con uniformes diversos. Alguno de ellos vino y se presentó, otros solo me lanzaban alguna mirada de curiosidad. -        Asique, ¿esta es la de la cosecha? - una voz mezquina me sacó de mis pensamientos, miré hacia atrás para encontrarme a una chica muy guapa mirándome con desprecio, junto con un chico moreno de aspecto tosco- vaya sí que han bajado el listón, no me extraña que haya acabado aquí, mírala. La chica se rio con una risa actuada, mientras exageraba sus gestos. Era rubia con un pelo largo liso y brillante. Su rostro era muy atractivo, tenia unos ojos azules muy llamativos y un lunar muy sugerente sobre sus labios. El chico le acompaño en sus risas. Era alto y desgarbado y tenia un pelo n***o grasiento y desordenado. Los mire sin comprender por qué me atacaban de aquella manera cuando alguien intervino. -        Al menos a ella no la han rechazado por ser insoportable- un chico rubio se colocó frente junto a mí, encarándose con aquella chica que dejo de reír y lo miró con odio- ¿es que no tienes anda mejor que hacer Íngrid? Ella torció el gesto y se fue después de una larga mirada de desprecio. -        No le hagas caso, Íngrid es una estúpida. Esta enfada porque le han quitado sus privilegios - el chico me sonrío divertido mientras se atusaba el pelo rubio- mi nombre es David. -        Yo soy victoria, encantada- le sonreí agradecida. Aquel chico me ayudó el resto de la mañana. Era muy agradable y simpático. Le conté un poco mi historia y él me hablo de la suya. Era huérfano cuando todo aquello comenzó, alguien le sugirió que buscara trabajo en aquel palacio, asique lo hizo y desde los dieciséis años estaba allí. Me contó además que recibía un sueldo y que tenían tiempo libre y horarios. Que yo también tendría turnos de trabajo. Aquello me sonó tan extraño, no se supone que éramos esclavos. ¿O solo algunos? No entendía nada. A la hora que Marian me había dicho, hicimos una pausa para comer, nos dieron comida en abundancia y hasta me dejaron sentarme a comerla. -        Cuando terminemos tenemos que servirles- dijo David con la boca llena mientras devoraba un trozo de pavo. -        ¿A quién? - le pregunté intrigada. -        A ellos, al señor y su sequito- me contestó mientras tragaba. Me quedé callada pensando en qué comían ellos. Padre nos había hablado de los monstruos, nos había dicho que eran seres poderosos que devoraban humanos, bestias con forma de hombres. -        ¿Comida normal? - pregunte con miedo. David se atragantó y se rió sorprendido por mi pregunta. -        Claro ¿qué quieres que coman? - me miró sin comprender. Me encogí de hombros sintiéndome avergonzada. Padre nos había contado tantas historias que no entendía nada. De repente aquel monstruo me había respetado, me había dado cama y comida y hasta descansos. Empezaba a pensar que todo lo que mi padre nos había dicho, había sido una mentira. Estaba muy nerviosa, Marian me dejó a cargo de David quien me acompaño a un bonito salón que daba directamente a un patio. Había unas grandes cristaleras que dejaban ver las exuberantes plantas del exterior y una mesa en el centro totalmente vestido con copas brillantes, un mantel impecable y cubertería de plata. El suelo era de madera veteada y el techo alto, con una iluminación por zonas. Aquella casa era una obra de arte de la decoración. Había un par de personas terminando de vestir la mesa, David me llevo hacia un mueble que había esquinado lleno de vinos, me explicó un poco que tipo de vinos debía servir con cada plato y me recordó como debía abrir una botella de vino. -        Aquí se sentará el señor- señaló a la silla que presidía la mesa, además de esa, había seis sillas más- tú te colocaras a su derecha, no muy cerca y estarás atenta por si cualquiera de ellos quiera mas vino. Si ves que se te acaba empieza una nueva ¿vale? - asentí- Se silenciosa y no los mires directamente. – me miró un poco cauteloso como midiendo si era capaz de llevar a cabo aquella tarea- no les gusta que les molestemos ¿entiendes?, tú tienes que ser como un mueble, solo servirles ¿crees que podrás? Asentí nerviosa. Iba a estar en aquella habitación rodeada de monstruos. Según David me había explicado, el resto eran como él o algo así. No entendía, pensaba que solo estaban ellos cuatro. Me coloqué en mi posición. El resto de los que estaban conmigo en aquel salón que eran David y un par de personas más también lo hicieron, esperamos en silencio a que ellos llegaran. Estaba muy nerviosa, me temblaban un poco las piernas. Kilian entro primero, sus ojos verdes se fijaron en los míos nada más entrar, pero desvió su mirada con rapidez. Tras él entraron los demás. Todos tenían ese aspecto extraño que hacia que se encogiera el estómago, otra vez esa sensación de estar frente a un lobo disfrazado. Parecían humanos, pero a la vez había algo instintivo que te advertía que corrieras, de que temieras. Kilian paso junto a mí, pude notar su perfume atravesarme y el nerviosismo pareció querer licuarse entre mis piernas. Me maldije a mí misma por sentirme así frente a él. La comida empezó rápidamente, hablaban entre ellos, pero no en un idioma que yo pudiera entender, ni si quiera parecía un idioma que yo hubiera oído nunca. Era siniestro y extraño, estaba lleno de susurros, silbidos y sonidos guturales, parecían muy concentrados hablando. El primer plato llegó y uno de ellos me indicó que llenara su copa, me miró y rápidamente evite sus ojos para mirar su mano moviendo la copa a modo de petición. Me temblaban las piernas y estaba a punto del colapso, pero tragué saliva y fui. La botella temblaba ligeramente, pero totalmente apreciable, llené su copa ante la atenta mirada de todos ellos, que parecían haber dejado de lado su conversación para centrarse en mi torpeza. Al que le estaba sirviendo, le dijo algo al resto y estos se rieron. No hacía falta entender su idioma para saber que se habían burlado de mi torpeza. Terminé y volví a mi posición, para encontrar que Kilian me hacia una seña para que le sirviera a él también. Él era el que menos hablaba de toda la mesa, me acerqué queriendo que la tierra me tragara en aquel mismo instante, pero me hice fuerte y comencé a servirle. Sin poder evitarlo mi mano comenzó a temblar, mientras el líquido se derramaba en la copa. Entonces Kilian colocó su mano sobre la mía deteniendo aquel temblor y haciendo que casi me diera un sincope. Noté su roce y me quedé totalmente petrificada, el dirigió mi mano con firmeza. La soltó en lo que pareció una eternidad y por fin pude volver a mi puesto, aunque lo que de verdad quería hacer era salir corriendo de allí. ¿Por qué me ponía tan nerviosa en presencia de aquel ser? No podía entender cómo era posible que perdiera el control de aquella manera. La comida se hizo interminable. Por suerte no hubo más incidentes. Finalmente se marcharon. Kilian fue el ultimo en salir y me dedico una sonrisa de lado al salir como si aquello le hubiera divertido mucho. -        Creo que te he dado una tarea muy complicada, lo siento, pensé que así te irías soltando- David se disculpó conmigo después de ver como había hecho el ridículo frente a ellos. El resto del día fue más tranquilo, había muchas cosas que hacer. Al parecer en aquella inmensa casa vivía mucha gente, entre trabajadores y ellos. -        Tienes suerte de tener una habitación propia, aunque supongo que es normal…- lo dijo con un tono extraño. -        ¿A qué te refieres? - le pregunté intrigada. -        Bueno…vienes de cosecha… aunque bueno tampoco tendrías que estar aquí trabajando…- le miré aun sin entender y el continuó un poco cohibido- bueno aquí cada uno tiene su función- se atusó el pelo con vergüenza sin saber si debía continuar- en fin, las que vienen de cosecha no suelen acabar en la cocina trabajando. Ingrid es una excepción, pero es que ella es insoportable. -        ¿Y qué hacen las que vienen de cosecha? - aunque por lo que pasó la noche anterior creía saber la respuesta. -        Bueno… ellas tienen otras funciones, supongo que tu anoche lo comprenderías- se notaba que estaba muy incómodo con aquella conversación y que no quería ofenderme - bueno el resto al menos viven con mas privilegios que nosotros y mucho más cómodas. Me explicó que las chicas que venían de cosecha vivían en otra parte de la casa y que tenían su espacio propio. No tenían que preocuparse de nada mas que estar disponible para el señor, para cuando él quisiera. Me sentí absurda por mi comportamiento de la noche anterior y por cómo me había rechazado, no es que quisiera ser una más de su harem particular, pero por alguna razón me sentí rechazada. El resto del día fue tranquilo, me mandaron ordenar algunas estanterías y limpiar azulejos poco más. No era un trabajo tan horrible después de todo, sobre las ocho me dieron permiso para irme y descansar. Tenía que estar de vuelto al día siguiente a las nueve en la cocina. Marian me indicó que yo no tenia permitido salir de aquella mansión, que tuviera mucho cuidado de no intentar huir, porque todo estaba vigilado y seria muy peligroso para mi si lo intentaba. Sin embargo, podía moverme por los jardines si quería o por alguna de las estancias. De todas formas, estaba cansada mentalmente por toda esa nueva información y por todo lo que no comprendía, asique decidí volver a mi habitación y descansar. Ágata me había dado la llave que llevaba colgada en mi cuello. Me perdí un par de veces antes de dar con el pasillo de mi habitación. Entré y me desplomé sobre aquella cama. Todo había cambiado tan rápido de la noche a la mañana que no podía asimilarlo. Me di una ducha y me puse uno de los pijamas que me había dejado Ágata en el armario. Me estaba grande, pero era cómodo y me cubría por completo, cosa que agradecí. Pensé en que no era lo suficientemente atractiva como para ser una más del harem del monstruo, desde luego no tenia nada de especial, no era como April que resplandecía con su belleza allí donde iba, incluso en medio del bosque cansada y despeinada. Padre siempre me lo recordaba. Había que protegerla, ella era la importarte y yo tenia que cuidarla. Pero tal vez se equivocó. Si, era una sirvienta y no podía salir de allí, pero tenía cama, cobijo y comida. Incluso descansos y tiempo libre, pensé en aquellos tres años atravesando bosques, rios, montañas, robando aquí y halla lo que podíamos. Pasábamos hambre algunas veces y frio. ¿Y todo para qué? Aquello no era vida, esto tampoco, pero era infinitamente mas cómodo. O al menos eso parecía.  Me acosté temprano y me quedé dormida rápidamente. Tenia un sueño pesado y extraño cuando un ruido me despertó en mitad de la noche. La oscuridad cubría la habitación y apenas unos débiles rayos de luz lunar se colaban por las ventanas, despertando sombras. Me pareció ver una sombra moverse y eso me puso alerta, me incorporé en la cama mirando alrededor. Oí unos golpecitos a mi derecha y cuando miré algo pareció moverse hacia el otro lado. Mi corazón latía a mil por hora. Sin dejar de mirar hacia todos lados, tanteé con la mano en busca del interruptor de la luz, cuando la piel de mi mano rozó otra piel, fui a retirarla rápidamente, pero algo la agarró. Di un pequeño grito y entonces, quien había cogido mi mano, se abalanzó sobre mí y tapó mi boca. -        Vas a despertar a todo el mundo- su mano en mi boca y su rostro frente a mí, notaba sus ojos oscuros clavados en los míos y su cuerpo demasiado cerca de mí. Después de uno largos segundo y cuando se aseguró que ya no gritaba, se separó un poco de mí. Pude distinguir el imponente cuerpo de Kilian sentado sobre mi cama, dibujado en aquella oscuridad, tenebroso y siniestro. -        No quise despertarte- lo vi sonreír mientras hablaba en un susurro peligroso. ¿Qué hacia en mi habitación? Me abracé a la manta sintiéndome desprotegida, pero tenía su olor en mi mente, que volvía a traicionarme. -        ¿Qué quieres? - pregunté tratando de parecer, pero fallando estrepitosamente. -        No podía dormir, tal vez tu podrías ayudarme a relajarme- su voz era incitante, tentadora incluso. ¿Qué pretendía? Que me rindiera a él sin más. -        Tienes muchas chicas para eso- le dije observando sus ojos que parecían destellar en aquella oscuridad y su piel cubierta por la luz plateada de la luna haciendo que pareciera un fantasma. -        Tal vez quiera probar algo nuevo. - se movió de nuevo hacia mí, se colocó sobre mí y agarró mis manos haciendo que soltara la sabana. Otra vez lo tenía demasiado cerca y mi cuerpo quería traicionarme, notaba mis pezones erguirse y mi corazón acelerarse no solo de miedo. - ¿qué me dices? Alzó una ceja mientras rozaba mi cuello con sus labios haciendo que me estremeciera, noté un pequeño mordisco y un gemido se escapó de mis labios sin poder contenerme. Él me miro divertido y rozó mis labios con los suyo. Yo estaba perdiendo el control otra vez. -        No parece que servir vino sea lo tuyo, tal vez deba de asignarte otra tarea - hablaba en un susurro tentador mientras sus labios recorrían mi cuello y mi mandíbula, con lentitud intencionada. Haciendo acopio de todas mis fuerzas lo empujé y me aparté rápidamente. Encendí la luz saliendo por fin de su presa y de aquella cama. Él me miro sorprendido aun en su posición. Se movió lentamente hasta ponerse de pie. Llevaba un pantalón de chándal y una camiseta blanca que se ajustaba a su fuerte torso, su pelo estaba suelto salvaje alrededor de su cara. Se quedo a unos pasos de mí, mirándome fijamente. Me miró de arriba abajo y podía notar como me desnudaba con su mirada. -        Creo que prefiero el camisón de la otra noche - volvió a avanzar hacia mí. -        ¿Qué quieres de mí? - le dije nerviosa, intentando alejarme de él lentamente, pero él me seguía, cubriendo la distancia siempre, jugando conmigo, eso es lo que estaba haciendo. Intenté dirigirme hacia la puerta, aunque tampoco sabía que haría entonces, ¿salir corriendo? Allí era una prisionera y él era el señor como todos le llamaban, no tendría escapatoria, pero sabía que, si me tocaba, no podría luchar contra el poder que parecía tener sobre mi voluntad, no podía confiar en mí misma para apartarlo. El seguía moviéndose hacia mi así que traté de huir. Comencé a correr y entonces, varias cosas a la vez pasaron muy rápido. De repente el desapareció, las luces se apagaron, en la confusión tropecé y di contra la cómoda. Me golpee el pie y el costado, iba a caer al suelo, pero unas manos fuertes lo impidieron y me sostuvieron antes de golpearme. El había hecho todo aquello en apenas una fracción de segundo. Ahora volvía a estar entre sus brazos, otra vez su olor atravesándome, la confusión, el miedo, la excitación. ¿Por qué perdía el control así cuando me tocaba? -        Vas a hacerte daño- volvió a oler mi cuello mientras un pequeño gruñido se escapaba de su garganta- hueles realmente bien, tal vez deba probarte- agarró mi cuello con su mano, mientras con su pulgar acariciaba la piel que cubría mi garganta, volví a notar sus labios rozar mi cuello, su imponente cuerpo tensarse sobre el mío. Su respiración se agitaba, sabia que algo iba a ocurrir, podía notar la emoción recorrer su cuerpo Me apretó más contra él y de repente lo sentí, sus dientes clavándose en mi cuello, notaba como bebía de mi con lentitud, como su imponente cuerpo cubría el mío impidiéndome moverme ni resistirme. Pero yo no lo hubiera hecho, me sentía como paralizada, notando como bebía mi sangre. Se detuvo apenas unos segundos después, separó sus labios de mi y lamió con su lengua la marca de sus dientes, luego me miró de una forma intensa.  Sus ojos resplandecían, de un color que podía intuirse carmesí. Su expresión había cambiado, me miraba muy fijamente, muy serio, con su respiración agitada. Parecía que se debatía consigo mismo, su cuerpo tenso apretando el mío. -        Te follaría aquí mismo. No sabes las ganas que tengo- su voz salió entrecortada como si le costara mucho hablar, notaba su erección contra mi cuerpo a través de su pantalón. Y yo me deshacía, estaba como ida, absorbida por él, por aquella magia extraña que me impedía contenerme. -        No lo hagas…- es cuanto pude decir, mientras le miraba y una solitaria lagrima caía por mi mejilla. Aquello no estaba bien, no quería sentirme así, perder el control de aquella manera. Ser suya sin oponer ninguna resistencia, traicionada por mí misma. Una suave risa se escapó de sus labios y noté como se relajaba y soltaba un poco su agarre sobre mí. Limpió la lágrima con su mano, con delicadeza. -        No lo voy a hacer, no hasta que tu me lo pidas- sonreía mientras decía aquello sin apartar su mirada de mis ojos para descender a mis labios- y me lo pedirás- Miré su rostro en aquella oscuridad, mientras se alejaba poco a poco de mi- será mejor que descanses. Dicho esto, desapareció, se esfumó entre las sombras de la habitación. Yo estaba muy asustada, mi corazón latiendo a mil por hora. Llevé mis manos hacia mi cuello con rapidez, para notar un par de marcar pequeñas. Fui a tientas hacia el interruptor y encendí la luz, luego fui hacia le espejo. Tenia dos pequeñas marcas de colmillos en mi cuello. Me había mordido. El pánico se extendía por mi cuerpo cuando asimilé aquello. Me limpié con la toalla como intentando que aquellas marcas desaparecieran, pero no iban a hacerlo. ¿Dónde me había metido? ¿Iba a ocurrir aquello hasta que por fin sucumbiera? ¿Era eso lo que debía de hacer? Él aparecía y desaparecía como una ensoñación, como si solo fuera fruto de mi imaginación, de alguna especie de sueño o pesadilla. Solo tenia aquellas marcas para demostrarme que era verdad. Solo sabía que allí no estaba a salvo. Tendría que centrarme en buscar una manera de huir de allí y tratar de reencontrarme con April.
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